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Nº 866 - 1 de febrero de 2010

El pacto Chaves-Griñán, roto; los zapateristas, al ataque, y el aparato, desconcertado

Revolución andaluza

Ni presidencia europea, ni pacto Chaves-Griñán, ni prioridad para la crisis. La sucesión en el liderazgo del PSOE andaluz ha estallado sin respetar los plazos ni los acuerdos comprometidos. El último y más importante relevo pendiente del socialismo español se zanjará en un congreso extraordinario convocado casi a la carrera.  Manuel Chaves entregará antes de lo que quería, el próximo marzo, la secretaría general de la federación más potente del PSOE a su amigo y actual presidente de la Junta, José Antonio Griñán. Para sorpresa de muchos, el veterano Griñán ha revolucionado la hoja de ruta prevista y será quien lidere la renovación pendiente. No lo decidió solo. En esta inesperada historia de ruptura y desconcierto han participado dirigentes de Andalucía y Madrid, y del partido y el Gobierno.

Por Inmaculada Sánchez

Los de alrededor son los que lo han estropeado”. La búsqueda de culpables de la imagen de confusión y enfrentamiento que ofrece estos días el PSOE andaluz salva a sus dos principales líderes, José Antonio Griñán, presidente de la Junta, y Manuel Chaves, secretario general del partido en la región y vicepresidente del Gobierno, además de presidente del PSOE.

Curiosamente, los dos bandos en los que parece haberse dividido la principal federación de los socialistas españoles coinciden en señalar que los dos artífices del pacto de sucesión andaluz han sido víctimas de las maniobras de otros dirigentes. Aunque “lo que no se puede es dejar las transiciones inacabadas”, explica un alto cargo que ya preveía imposible de cumplir el prolongado plazo que se habían dado Chaves y Griñán para el traspaso de poderes.

Esta misma semana será convocado  el congreso extraordinario que pretende poner fin al desconcierto y que erigirá a Griñán como secretario general del PSOE andaluz y único líder socialista en la región. Previsiblemente será en la última semana de marzo, aunque al cierre de esta edición se estaba a la espera del visto bueno de la agenda de Zapatero, cuya presencia en el cónclave se considera vital para la imagen de unidad que quiere proyectarse después de las convulsas semanas vividas.

Aunque el PSOE de Andalucía llevaba más de un año soportando una soterrada tensión entre sus principales dirigentes con la vista puesta en la sucesión de Manuel Chaves, líder indiscutido desde hace veinte años, nadie esperaba que el diseño de su retirada saltara por los aires a los pocos meses. Cómo y quiénes han movido los hilos de la historia ha marcado un antes y un después entre los dirigentes que habrán de protagonizar el futuro del partido en Andalucía.

Antes de que Zapatero sorprendiera a todos reclamando a Chaves para formar parte de su último Gobierno, el entonces presidente de la Junta tramaba, según conocían muy pocos de sus cercanos, pasar el testigo a su vicepresidente y amigo, José Antonio Griñán, en 2011, poco después de las elecciones municipales. Quedaría un año para las autonómicas, lo peor de la crisis debería haber pasado y la sucesión estaría controlada. La marcha de Chaves a la vicepresidencia tercera, sin embargo, obligó a un cambio de planes.

El líder andaluz pactó, entonces, con Griñán cederle la presidencia de la Junta pero,  dejar para 2012 su aterrizaje como secretario general del partido, “intentando protegerle de los líos del aparato y garantizándole tranquilidad, ya que Chaves maneja muy bien los equilibrios internos”, argumenta un diputado afín al hoy ministro y vicepresidente. El problema surje cuando ese “pacífico” partido empieza a ponerle chinas en el zapato al flamante sucesor.

“La bicefalia que no ha funcionado no es la de Griñán-Chaves, que siguen entendiéndose, sino la de Griñán-Pizarro”, añade explícito un alto cargo andaluz refiriéndose al hasta ahora todopoderoso vicesecretario general del partido, Luis Pizarro. Paradógicamente, tanto los partidarios de la tranquila hoja de ruta del ex presidente Chaves como los impacientes que apuestan por acelerar la renovación señalan a los movimientos del conocido Pizarro como principales desencadenantes de la crisis. “Al ver a su eterno rival, Gaspar Zarrías -ex consejero de Presidencia andaluz y actual número dos del Ministerio de Política Territorial-, marchar hacia Madrid con Chaves, Luis ha pretendido ejercer de número uno, sin tener en cuenta que había que dejar hueco a Griñán”, añade un dirigente que conoce bien a los tres.

Y pronto se dio cuenta el nuevo presidente de que no le dejaban ese hueco prometido por Chaves. Sus intenciones  de reestructurar el Gobierno de la Junta y su red de delegaciones provinciales y alguna de sus primeras leyes, con efecto en las arcas municipales, hizo reaccionar como un resorte a la defensiva a veteranos alcaldes y al potente aparato del PSOE andaluz. En este momento es cuando entra en escena un actor principal para el desarrollo de los acontecimientos, según informaciones solventes de cómo sucedieron: José Blanco, ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE.

“Pepe (Griñán) mira entonces a su alrededor y se ve solo. ¿Y a quién acude?”, explica gráficamente un entusiasta del presidente de la Junta, “pues a quien había perdido el anterior congreso frente a Pizarro y a quien desde Madrid podía ayudarle”. Quienes conocen la intrahistoria de la ruptura del pacto sucesorio no pueden por menos que sonreirse cuando relatan este curioso cambio de papeles tan propio de la política orgánica y de aparato: “Gaspar Zarrías, secretario provincial de Jaén, fue el único de los ocho de la federación que se oponía a que Griñán fuese el sucesor, ya que él había apostado en su día por Mar Moreno (actual consejera de Educación y reconocida zapaterista), pero ha sido él, y Pepe Blanco, quienes han dado oxígeno ahora a Griñán para que pise el acelerador y no se deje arrollar”, añaden las citadas fuentes.

Así las cosas, y a pesar del desgaste que el estallido de la crisis podía suponer para el partido y para el propio Manuel Chaves, todavía secretario general regional, Griñán ha reivindicado el poder prometido, ha levantado la bandera de la renovación, con el discreto apoyo de Blanco, y a su grupa se han ido subiendo no pocos dirigentes descontentos con el actual status quo del socialismo andaluz.

”Tiene mucha gracia. Resulta que ahora, los que animan a Griñán a que reclame todo el poder en el partido son los que no le querían ver ni en pintura como sucesor de Chaves”, afirma un parlamentario que desconfía de la revolución de cargos que puede desencadenar el congreso extraordinario. Y es que este “temido” movimiento de dirigentes podría tener mucho mayor alcance que el de un simple recambio de cargos entre congresos.

“Griñán va a ser el instrumento del cambio, pero él no es el cambio”, señala, con visión de futuro, otro dirigente de los que apoyan al actual presidente de la Junta. Quienes saben cómo se encuentran repartidas ahora las fidelidades, además del mapa territorial de ambas (Ver recuadro “Cuatro a cuatro; de momento, empate por provincias”), alertan de sus perfiles políticos.

De acuerdo con este dibujo, el hasta ahora minoritario zapaterismo andaluz, entendiendo por éste no al que reconoce como líder a Zapatero, que ese paso ya le dió el PSOE andaluz al completo hace tiempo, sino el que aboga por el recambio generacional y por una forma aparentemente más “moderna” de transmitir el mensaje socialista, ha salido, por fin, del armario para el asalto definitivo al último “Palacio de Invierno” del antiguo PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra. Lo curioso del caso es que ha sido un ex ministro de González y que no se lleva ni un año en edad con Chaves (Griñán tiene 63 años) quien les ha abierto la puerta y les ha dado las armas.

Es en esta clave en la que una mayoría de dirigentes entienden el discreto apoyo que viene dando José Blanco a Griñán. Como ya adelantó esta revista el pasado noviembre (Ver n 854: “Blanco se crece. Su poderío choca ya con Chaves y con Leire”), el ministro de Fomento optó pronto  por la “prisas” de Griñán y, aunque dejó que fueran el presidente de la Junta y su antecesor quienes pactaran la fecha exacta, ya apoyaba antes de acabar el año que el congreso del relevo se  produjera antes del fin de 2010.

La fecha acordada fue entonces julio de este año, según confirman fuentes conocedoras del “segundo” pacto Chaves-Griñán, para no enturbiar el “sagrado” semestre de la Presidencia española de la Unión Europea, tal como ha pedido Zapatero.

Sin embargo, una solvente encuesta del Instituto de Estudios Sociales de Andalucía, el equivalente al CIS en la región, encendía la luz roja de la alarma hace un par de semanas y el pasado domingo se reunían de urgencia los citados Chaves y Griñán para rubricar su “tercer” pacto: el congreso no podía esperar más y será antes de que acabe marzo. El sondeo daba, por primera vez en la historia de la autonomía andaluza, la posibilidad de victoria al PP que dirige Javier Arenas. Hasta Zapatero dio su visto bueno a la celebración del cónclave antes de que concluya su mandato como presidente europeo.

El objetivo de la asamblea será investir a José Antonio Griñán como secretario general del PSOE de Andalucía, terminar con la   perniciosa bicefalia y transmitir una imagen de unidad al descontento electorado. “Ahora estamos todos a una. Pepe (Griñan) es el candidato de todos y tiene que ganar las próximas elecciones. Luego, ya veremos”, explica un zapaterista andaluz, preocupado por las expectativas electorales pero encantado porque el partido vaya a cambiar.

En ese cambio con el que sueñan algunos de los hasta ahora excluídos de los puestos de mando del PSOE andaluz se citan algunos nombres. El más repetido, sin duda, es el de Mar Moreno, actual consejera de Educación de la Junta.

Moreno, por edad y sintonía con Zapatero,  lleva años siendo señalada como la virtual sucesora de Chaves, pero hasta el momento no ha conseguido más que ir cambiando de cargos, entre Sevilla y Madrid, en una especie de partida entre Chaves y el presidente del Gobierno, en la que ella ha sido la principal perjudicada. Presidenta del Parlamento andaluz, consejera con Chaves, luego reclamada por Zapatero para la ejecutiva de Ferraz, y finalmente “rescatada” de nuevo para la política andaluza por Griñán, quienes llevan tiempo apostando por ella afirman que ahora sí que los vientos corren a su favor, aunque haya que esperar a 2016.

La inminente llegada a su puesto en la ejecutiva federal de Gaspar Zarrías como secretario de Política Autonómica podría favorecerla, según las cábalas que se hacen estos días en los circuitos socialistas.

La “resurrección” del maquiavélico Zarrías de la mano de Blanco, con quien podría formar un eficaz tandem de poder de cara a las próximas municipales y autonómicas en detrimento de Leire Pajín, que no termina de afianzar su autoridad en los territorios según muy distintas fuentes, se interpreta como una baza para Moreno, ya que el también secretario general del PSOE de Jaén volvería a acogerla como “su” apuesta de futuro para el liderazgo del partido a nivel regional.

Los decepcionados con la situación a que ha acodado la sucesión, por su parte, alertan de los peligros de revolver unos equilibrios trabajosamente tejidos en una federación tan grande y compleja como la andaluza. “Que no se equivoquen los que ahora van con Griñán. Todo lo que no sea basarse en la actual mayoría que controla el partido será un error.”, explican, aun después de aceptar que habrá cambio de personas en los cargos más importantes.

El baile de nombres y el alcance de los recambios mantiene en tensión a todo el PSOE andaluz. En el tercer pacto sucesorio recién suscrito,se le ha concedido a Griñán manos libres para elegir a su ejecutiva y al Gobierno de la Junta que, previsiblemente, remodelará tras el congreso. A su cintura apelan unos. A su valentía, otros. Lo cierto es que en sus manos está, más que nunca, el futuro del socialismo andaluz.

Cuatro a cuatro: de momento, empate por provincias

La potente federación andaluza del PSOE está representada en todas y cada una de las provincias de la autonomía y el mapa que reparte a los partidarios de la renovación que abandera Griñán frente a los de la sucesión tranquila que propone Chaves presenta en estos momentos un curioso empate.

Según fuentes contrastadas de ambos “bandos”, las provincias que, en el momento de anunciarse la convocatoria del congreso, apoyan las tesis de Griñán y votarían sin fisuras sus propuestas de cargos son Jaén, Málaga, Granada y Córdoba. Con Chaves y su opción de no poner patas arriba el partido antes de tiempo están Sevilla, Cádiz, Huelva y Almería. Cuatro a cuatro. Al menos hasta ahora.

Cada dirigente tiene, obviamente, a su respectiva provincia detrás. Griñán a Córdoba, en la que también cuenta con el apoyo de algún dirigente deseoso del cambio como la ex ministra de Cultura, Carmen Calvo, y Chaves a Cádiz, de donde procede también el vicesecretario general del PSOE-A, Luis Pizarro, y  la actual ministra de Igualdad, Bibiana Aído.

Jaén tiene a su secretario general, Gaspar Zarrías, en cabeza del “bando” de Griñán, además de a la actual consejera de Educación, Mar Moreno. Y Málaga se presenta, desde el anterior congreso provincial, como el “islote  zapaterista”  de Andalucía, desde que se hiciera con el poder el conocido como “lobby del boquerón”, encabezado por Miguel Ángel Heredia, su secretario general, el Secretario general de Presidencia, Bernardino León y el diputado José Andrés Torres Mora, ambos muy próximos a Zapatero (la ex ministra Mágdalena Álvarez, hoy eurodiputada, aún no se ha pronunciado).

Por el “aparato” destaca, junto a la citada Cádiz, Sevilla, la provincia que tiene el mayor peso específico de la región. Para quien quiera hacer números, las provincias “de Chaves” suman en esta legislatura 19 diputados en el Congreso y las “de Griñán”, 17.

Aído, buscando la suma

La ministra de Igualdad,  Bibiana Aído, tiene una difícil papeleta de cara al espinoso congreso extraordinario de su partido en Andalucía. Por edad (33 años, la ministra más joven de la democracia), sus intereses deberían estar con quienes apuestan por el recambio y la renovación en el PSOE andaluz. Sus orígenes políticos y personales, sin embargo, la colocan junto a quienes llevan dirigiendo el partido varias décadas (el propio Manuel Chaves “apadrinó” su entrada en política), y por los que siempre manifiesta un profundo respeto.

Aunque aún no se ha manifestado públicamente sobre la crisis, quienes conocen la sensibilidad política de la ministra señalan que está trabajando, dada, precisamente, esa doble condición suya de “joven” y “bien relacionada con el actual aparato” para que ambos grupos consigan entenderse. “No es la única”, explican fuentes de su entorno. “En esta crisis no sólo hay los de Griñán y los de Chaves, los de la renovación y los del aparato, también hay quien quiere unir, y son, además, los que van a ganar el congreso”, añaden optimistas.

Los experimentos, con gaseosa por Enric Sopena


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