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Nº 866 - 1/2/2010

El Desayuno de Oración une a los dos líderes en su peor momento de popularidad

OBAMA Y ZAPATERO ENCIENDEN LA MISMA VELA

Los dos, que han aireado sus coincidencias programáticas, y que se demuestran público afecto, atraviesan el peor momento en sus respectivos mandatos. Las encuestas los sitúan en el punto más bajo de su popularidad desde que llegaron al poder. Barack Obama invitaba a José Luis Rodríguez Zapatero a participar, el próximo 4 de febrero, en el Desayuno de Oración, una tradición anual impulsada por un lobby
conservador norteamericano. El inquilino de La Moncloa ya ha recibido críticas —algunas desde el seno de su partido—
por prestarse a asistir a este evento, y también por la selección de empresarios invitados. Es posible que el cristiano Obama
y el laico Zapatero 'recen' juntos para recuperar el favor popular perdido.

Por P A. N.

Hace dos semanas se conocía que el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, había aceptado la oferta cursada por su homólogo estadounidense, Barack Obama, para asistir como el invitado especial de este año al National Breakfast Prayer (Desayuno de Oración Nacional), un encuentro anual convocado por un lobby cristiano conservador conocido como The Fellowship (La Confraternidad), que comenzó en los años 40, y que desde 1953 cuenta en cada una de sus ediciones con la presencia del presidente estadounidense de turno que, a su vez, tiene la potestad de invitar al acto a una personalidad de relevancia mundial. En cada ocasión, sólo el presidente de La Confraternidad, el de Estados Unidos y su invitado tienen derecho a intervenir ante un auditorio que congrega a unas 3.000 personas.

Será la tercera ocasión en que Obama y Zapatero mantengan un encuentro privado desde que el primero resultase elegido en noviembre de 2008. La primera ocurría en Praga, el 4 de abril de 2009, y la segunda, con motivo de la visita oficial a Washington de Zapatero, el 13 de octubre pasado. Ya entonces comenzó a prepararse este nuevo encuentro, que volverá a producirse en el mes de mayo, con ocasión de la cumbre UE-EE UU, bajo presidencia española.

Parece que ambos trataran de hacer muy visible su conexión, su coincidencia en los diagnósticos sobre la crisis y en sus recetas. Esta proximidad entre ambos líderes ya la ponía en evidencia el diario The Washington Post al poco de ser elegido Obama. Su redactor Jim Hoagland, además de recordar que ambos nacían un 4 de agosto, y otras anécdotas personales como su pasión por el baloncesto, o el hecho de que ambos tengan dos hijas, también hacía hincapié en la coincidencia programática, y veía en el mandatario español la mejor posibilidad para que Europa abriera sus puertas al nuevo inquilino de la Casa Blanca: "Si Obama necesita a un europeo como compañero de viaje, como Tony Blair lo fue de Bill Clinton o George Bush, Zapatero puede ser el elegido".

La simpatía mutua parece muy evidente, así como un concepto progresista de la política que ambos pretenden defender, pero en estos momentos comparten del mismo modo el peor momento de sus respectivas carreras políticas. El jefe de la Administración en Washington recibía el varapalo de la derrota de su partido en el Estado de Massachussets –bastión demócrata desde 1972–, donde los republicanos obtenían un senador hace dos semanas (la elección se celebraba para cubrir la vacantecreada por el fallecimiento de Ted Kennedy), con lo que el Partido Demócrata perdía su súper mayoría en la Cámara Alta –61 frente a 39, lo que evitaba la posibilidad de veto de los republicanos–. El nuevo senador, Scott Brown, un conservador de la vieja escuela, ya ha advertido de sus intenciones de oponerse a la anunciada reforma sanitaria, uno de los pilares de la política de Obama durante esta legislatura, con lo que la presidencia ha quedado tocada en su línea de flotación.

Las últimas encuestas, apenas un año después de su toma de posesión, reflejan una bajada de 14 puntos de la popularidad del primer presidente mulato de Estados Unidos. De un 64 por ciento de aceptación, se ha pasado a un 50 en tan sólo 12 meses. Según los estudios demoscópicos, el papel de EE UU en Iraq y Afganistán, el aumento del paro, las consecuencias de la crisis económica o el cierre inconcluso de la prisión ilegal de Guantánamo, son elementos que figuran en el debe de Obama, a criterio de los electores estadounidenses.

Consciente de este mal momento, el presidente norteamericano ha iniciado una ofensiva contra el estamento más impopular en su país –y, probablemente en muchos otros–: la banca. El pasado 21 de enero, Barack Obama anunciaba una serie de medidas para limitar el tamaño y las actividades financieras de los bancos, en especial, de aquellos que invierten su propio dinero. La pretensión es que ningún banco o institución financiera pueda poseer, invertir o suscribir ningún fondo de riesgo o de capital privado en beneficio propio. Esto se añadía a la decisión de aplicar un impuesto del 0,15 por ciento a la banca –a lo que la UE y el FMI están dispuestos a sumarse–, especialmente, tras conocerse que estas entidades declaraban grandes beneficios y repartían, de nuevo, grandes primas a sus directivos. Obama aseguraba que "nunca más un contribuyente americano será rehén de un banco que es demasiado grande para caer. (...) Si quieren guerra, la van a tener". El elevado tono de estas declaraciones, además de servir de seria advertencia a unas estructuras que fueron reforzadas con cerca de 500.000 millones de euros por parte de las arcas del Estado, pretendía recuperar parte del favor popular perdido.

En una situación delicada se encuentra igualmente el presidente del Gobierno español. Los efectos de la crisis económica, especialmente las elevadas cotas de desempleo –que ya supera el 18 por ciento, y que a lo largo de 2010 podría llegar a la fatídica proporción del 20 por ciento–, el anuncio de que la economía española será la única que no experimente mejoría en 2010 de entre todas las de los países desarrollados (pagando el problema estructural de un modelo de crecimiento basado en la construcción), la incertidumbre acerca de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso presentado por el PP contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña, y la política de acoso y derribo frente a cualquier iniciativa gubernamental por parte de la oposición de la derecha –a lo que hay que sumar las recientes campañas contra la inmigración y a favor de la cadena perpetua–, han colocado a Zapatero en su momento de popularidad más bajo desde su llegada a La Moncloa en 2004.

Las últimas encuestas llegan a dar una ventaja de cinco puntos a los populares y vaticinan también que podrían ganar en Andalucía por primera vez en su historia, así como un retroceso socialista en sus feudos de Castilla-La Mancha, Aragón, Asturia y Cataluña. Pese a ello, el presidente continúa por encima del jefe de la oposición en cuanto a valoración en todos los estudios demoscópicos, pero con puntuaciones por debajo del aprobado (5).

Ahora, los dos líderes cuya coincidencia en el poder, según la secretaria de Organización socialista, Leire Pajín, significaría un "acontecimiento planetario", parecen dispuestos a encender la misma vela para pedir por la recuperación de sus mejores momentos.

Tal vez, esta puesta en escena con Obama no produzca los réditos deseados por el presidente español. Su asistencia a un acto de carácter religioso-cristiano-conservador, aunque sea en compañía del jefe de la Administración de Washington, ya ha recibido numerosas críticas, algunas de ellas desde su propio partido, como ha sido el caso del ex ministro Jordi Sevilla, que en su blog personal le pedía que no aceptara la invitación, con el fin de "no mantener la confusión" entre Estado y religión, algo que en España "se está intentando separar".

Tampoco se ha entendido muy bien la selección de su comitiva (siete personalidades, además de su delegación oficial), en la que figuraba, al cierre de esta edición y sin todavía confirmación oficial, el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, desde cuyas páginas ha atacado sistemáticamente la labor de su Gobierno desde que triunfase en las elecciones generales de 2004, o el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, además del más institucional de todos los invitados, el portavoz de CiU y presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores en el Congreso de los Diputados, Josep Antoni Duran i Lleida. •


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