Enrique Barón, presidente de la Fundación Europea
para la Sociedad de la Información
"ANTE LA CRISIS,
PODRÍAMOS SER MÁS
IMAGINATIVOS"
Asociaciones europeas y españolas del sector de las Tecnologías de la Información y
las Comunicaciones (TIC) acaban de presentar un informe que, elaborado a petición de
la presidencia española de la UE, detalla su estrategia para la consecución de un nuevo
modelo de crecimiento económico. Su coordinador, el presidente de la Fundación
Europea para la Sociedad de la Información, Enrique Barón, está convencido de las
posibilidades de una industria que, con la complicidad de los poderes públicos, puede
jugar un papel fundamental en la salida de la crisis. Quien también fuera presidente del
Parlamento Europeo considera necesario transformar el actual modelo capitalista y dice
de Zapatero, a propósito de su presidencia de turno de la Unión, que comparte "la
cultura europeísta directamente ligada a la Transición democrática".
Por Virginia Miranda
EI sector de las TIC aboga en su reciente informe por la creación del
Mercado Único Digital en Europa.
A este respecto, piden mayor transparencia a las sociedades de gestión colectiva de derechos. ¿Entran así en la batalla sobre las descargas en internet y la propiedad intelectual?
—La primera batalla es la de ganar el futuro, conseguir una transformación de la economía en el momento en el que se está revisando la Estrategia de Lisboa y ver cómo planteamos el horizonte 2020 para el conjunto de un sector absolutamente clave para la UE. Europa ha sido capaz de dar grandes pasos con el sistema GSM, pero hay que reconocer que, en este momento, respeto a la penetración en banda ancha, estamos muy por detrás de Corea y de Japón, India está muy fuerte en todo lo relativo al software y China se está poniendo a fabricar. Y todo porque en estos países siguen una política pública muy intensa de apoyo al sector. Se trata por tanto de ver cómo podemos sobrevivir, y esa es la tarea que yo he coordinado. Competidoresencarnecidos se han puesto de acuerdo para plantear el desarrollo de un mercado interior. En este momento, el 40 por ciento del crecimiento de la productividad se debe a las TIC, que emplean a seis millones de personas de forma directa y puede emplear a corto plazo a otro millón. Además engloba otras cuestiones como la sostenibilidad o la reducción de barreras administrativas. Gracias al Plan E, todos los Ayuntamientos españoles tuvieron que presentar su documentación por internet. Luego está la capacidad creativa, donde hay dos dimensiones. Una de ellas, prioridad de la presidencia española, es la adaptación de la defensa de la propiedad intelectual a una realidad de mercado interior en la que hay que adaptar también la legítima pretensión de los creadores. Porque todo el mundo necesita vivir de su trabajo y la propiedad intelectual es un gran avance. La legislación en Europa se desarrolla en estos términos, sin olvidarse de favorecer el acceso a los usuarios. Aunque el informe no entra en su desarrollo, otro de los asuntos importantes plantados por la presidencia española es la carta de derechos del usuario. Se trata del derecho de todos los ciudadanos y ciudadanas al acceso a la banda ancha. Ya está reconocido por países comunitarios como Finlandia, Estonia o España, y plantea la cuestión no ya desde la perspectiva industrial o económica, sino política. Porque el acceso a la banda ancha con fibra óptima y capacidad suficiente no se plantea en las ciudades y zonas industriales, se plantea en las zonas rurales. El derecho ciudadano de acceso a la banda ancha es una revolución absoluta que también a los poderes públicos, sean autonómicos, nacionales o europeos, les plantea la necesidad de hacer políticas que ya no son las clásicas de desarrollo de infraestructuras físicas de transporte como 'sistema circulatorio'. Diría que es la articulación del 'sistema nervioso' a nivel europeo. Este es un tema muy sugestivo del que derivan muchísimas cuestiones que nos afectan a todos.
—Entonces se plantea otro reto, la alfabetización digital.
—Sí. Está planteado en el informe. Presido una pequeña fundación llamada Sociedad Europa para la Sociedad de la Información. Tenemos más ideas que medios, pero estamos trabajando con muchas Administraciones en España y otros países para reducir la brecha digital. Hay una parte importante de la población o que no está alfabetizada o no tiene acceso directo a internet. Y hay que hacerla participar de este proceso. A través de la instalación de terminales que llamamos oficinas inteligentes en Ayuntamientos, autonomías y lugares públicos, ayudamos a la gente de zonas rurales. Por otra parte, esto también tiene que ser parte de la educación, por eso es tan importante que haya ordenadores en las escuelas.
—¿Qué nota le da a los países de la UE relativa a la implantación de las tecnologías de la comunicación en la Administración?
—Los que están en cabeza son los nórdicos, pero aquí hay avances importantes. Con el Plan Avanza, nuestro país está dando un salto espectacular. La OCDE asegura que el caso de España es digno de estudio. Y somos pioneros en algunos terrenos. Por ejemplo, informatizando las relaciones con todos los Ayuntamientos hemos dado un gran paso. Pero hay que mantener el esfuerzo. Y en conjunto, hablando de la media de la UE, todavía nos sobrepasan los Estados Unidos y los países de Extremo Oriente, particularmente Japón y Corea del Sur.
—¿Cuál es el mapa de la banda ancha?
—El problema es la cobertura de todo el territorio. No es Madrid-Barcelona, es llegar a un pueblo de los Pirineos o de las Alpujarras. Y no pueden resolverlo los operadores industriales. Tienen que ser los poderes públicos, los gobiernos, la Comisión europea... Si se reconoce que todo el mundo tiene derecho de acceso a la banda ancha tiene que haber una respuesta política que yo creo que sí es posible. Ya la hemos dado en el terreno de la conectividad física de las infraestructuras del transporte. Nosotros somos un ejemplo paradigmático. Y resulta que los taludes del ferrocarril es el sitio ideal para poner la banda ancha. Esto puede entrar también dentro de la política de cohesión.
—La inversión en banda ancha, ¿qué impacto económico se prevé que tendrá en Europa?
—La banda ancha crea empleo cuando se está instalando. Sobre todo, el cableado de fibra óptica y las infraestructuras que permiten su desarrollo. Pero los efectos económicos van mucho más allá. Por ejemplo, la utilización de tecnologías informáticas en la regulación del tráfico. O el ahorro de energía en las casas. Ya no se trata de la creación de empleo directo, sino de puestos de trabajo para instaladores o especialistas en ahorro. En cualquier caso, hay dos datos fehacientes. Uno, que alrededor del 40 por ciento del crecimiento de la productividad en Europa, fundamental para que seamos competitivos, procede de las aplicaciones del sector. Y si se vinculan por ejemplo a la construcción, el turismo o los procesos industriales, el desarrollo es espectacular. Luego, que la facturación de las TIC era el año pasado de 718 millardos de euros, y se calcula que esta cifra pueda duplicarse en 2015. En cuanto a I+D+i, la cifra se estima en 35 millardos de euros. Éste es de los sectores en los que lo que tú inviertas e innoves tiene resultados directos de creación de empleo e indirectos de transformación de la economía de manera espectacular.
—Usted ha pasado casi 25 años en el Parlamento europeo donde ha sido casi de todo, hasta su presidente. ¿Cómo se presenta la presidencia española de la UE, enfrentada a un reto del calibre de la crisis?
—A España se nos reconoce que Europa nos la tomamos en serio. De hecho, todas nuestras presidencias han estado marcadas por aportaciones constructivas. La presidencia española en este momento se encuentra en una situación muy privilegiada, más para plantear cosas que para cosechar. Hay que recordar que se trata de la presidencia de una institución, de modo que tiene un papel de director de orquesta más que ejecutivo. Pero diría que tiene también que escribir parte de la partitura. Porque acaba de entrar en vigor el Tratado de Lisboa, que supone una reorganización profunda de la casa en línea de una mayor democracia y eficacia, y porque en este momento estamos reflexionando de cara al horizonte 2020 para ver cómo orientamos la evolución de nuestras sociedades y nuestra economía y cómo salimos de la crisis. De la crisis no se sale por medio de ningún milagro, de la crisis se sale con esfuerzo. Y eso supone que mantengamos y reforcemos el euro, que es nuestro gran activo, y que mejoremos y nos tomemos en serio la supervisión financiera. Para salir de la crisis también hay que saber encontrar sectores de futuro, y ahí las TIC cumplen un papel importante.
—Antes de empezar, Zapatero ha sido objeto de algunas críticas, dentro y fuera de España...
—Porque cuando Financial Times escribe algo parece que fuera L'Osservatore Romano o la Pravda en tiempos. Hombre, ha recibido críticas, algunas justificadas porque la prensa libre es un elemento fundamental de la democracia. Y ha recibido también apoyos en esos mismos periódicos. Lo que pasa es que aquí se destacan siempre las críticas.
—Y usted, ¿confía en que Zapatero sea un buen director de la orquesta europea?
—Le he visto en el debate en Estrasburgo y creo que ha conseguido buen ambiente y armonía. Hombre, reconocido en España tiene el que ha sabido dirigir la orquesta. Y creo que comparte la cultura común europeísta directamente ligada a la Transición democrática. Nosotros somos quizá el país en el que el apoyo a Europa del Parlamento, de las fuerzas políticas y de las fuerzas sociales ha sido prácticamente el más unánime de los Veintisiete.
—¿Cuál cree usted que es el mayor lastre para la economía española?
—La burbuja inmobiliaria. No sólo del ladrillo, también de la especulación sobre el suelo. Y no es un problema español. A Japón le costó mucho tiempo salir de la burbuja inmobiliaria de los 80, a Estados Unidos también. Y Gran Bretaña e Irlanda también la han tenido. Otro lastre es que no tengamos la suficiente capacidad para reorientarnos hacia actividades más sostenibles y creativas. En cuanto a las indemnizaciones, aunque sólo sea por razones de ética pública, comparto la consideración de que no puede continuarse con la línea del capitalismo imperante en los últimos años. Que consiste no en retribuir un esfuerzo y mayor capacidad, sino en especular con las empresas y embolsarse lo que se pueda en plan salteador de Sierra Morena. Eso no puede ser. Por eso creo que el de los bonos y retribuciones es un tema de significación social, no tiene justificación.
—Y sobre el baile de fechas sobre cuándo comenzará a crearse empleo en España, ¿usted es de los optimistas o de los pesimistas?
—En primer lugar hay cosas que no alcanzo a comprender. En una situación en la que el Gobierno ha tenidp que fijar una renta que va más allá del final del desempleo, que esté tenido poco éxito demuestra que todavía la economía sumergida sigue siendo importante. Es decir, creo que la situación no es como se pinta, teniendo en cuenta que está siendo muy dramática para muchas personas y familias. Por otra parte, es importante hacer políticas activas, dirigidas sobre todo a la incorporación de la gente joven al mercado laboral. Y podríamos ser más imaginativos y copiar bien a los que hacen las cosas bien. Vuelvo a los nórdicos. Me asombra que en España no haya un debate sobre la tasa carbón o la eco-tasa, que ayuda no sólo a ahorrar energía, también permite reconvertir más rápidamente la economía como han demostrado los suecos, los daneses y otros. Incluso los costarricenses. Costa Rica es un país absolutamente modélico en el desarrollo de una economía verde. En este sentido, podemos hacer muchas cosas. Saliendo del debate clásico, que es muy necesario, en torno al despido o las indemnizaciones. Pero tendría que haber más imaginación por parte de todos. •
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