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Internacional
Nº 866
1/2/2010
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65 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau con un homenaje a las víctimas del nazismo


MEMORIAS DEL HORROR

Polonia celebró el 27 de enero la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau por el Ejército Rojo soviético. Dirigentes europeos e israelíes, políticos, ministros y parlamentarios de la UE, supervivientes de los campos de la muerte nazis, veteranos de la fuerzas armadas de la URSS, colectivos judíos y grupos diversos asistieron a las emotivas ceremonias que se llevaron a cabo en la ciudad de Auschwitz (Oswiecim, en polaco), situada a unos 60 kilómetros al oeste de Cracovia, en el sur de Polonia. En el marco del Día Internacional del Recuerdo de las Víctimas del Holocausto por decisión de la ONU, los participantes pusieron de manifiesto la necesidad de no olvidar la barbarie que significó el nazismo y de transmitir a las nuevas generaciones la importancia de mantener viva la memoria.

Por Paco Soto (Auschwitz)

August Kowalcyk es polaco de confesión judía y tiene 85 años. Pasó una parte de su adolescencia preso en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. En ese lugar de muerte y desolación en el que fueron exterminados un millón y medio de personas por los nazis, la mayoría judíos, Kowalcyk pudo sobrevivir. Venció a los bárbaros uniformados de las SS, porque, según comentó, "vivir era un desafío, era demostrar a los nazis que no eran invencibles. Era casi un deber moral. Muy pocos lo conseguimos". August Kowalcyk, que es el presidente de la Fundación del Hospicio de Auschwitz, pronunció estas palabras durante un concierto que tuvo lugar en la Iglesia de San José Obrero con motivo del 65 aniversario de la liberación del campo de extermino. Ante un nutrido grupo de supervivientes de la barbarie nazi y ciudadanos polacos y de otras nacionalidades, Kowalcyk habló de muerte, de dolor y de sufrimiento, y de la solución final que a través del Holocausto impulsó la Alemania de Hitler para acabar con los judíos y, de paso, eliminar a los gitanos, los homosexuales, los prisioneros de guerra, los comunistas y los intelectuales. Este ex deportado dijo al público: "No tenemos que olvidar a nuestros muertos, a todos los muertos, tenemos que recordarlos día a día y transmitir este recuerdo a las nuevas generaciones. El olvido sería un crimen". Fuera de la Iglesia hacía un frío tremendo, las calles de Auschwitz estaban llenas de nieve; olía a carbón por todas partes, porque es el combustible que se utiliza en esta región minera de Polonia para calentar las casas. En los últimos días llegaron a Auschwitz miles de personas de toda Europa y de Israel para honrar a las víctimas del nazismo. Se veían coches y autobuses con matrículas de todas las regiones de Polonia, de Alemania, Francia, Ucrania... Y banderas polacas por todas partes. Este pequeño municipio gris y destartalado se llenó de dirigentes políticos y personalidades de medio mundo que acompañaron a unos 150 supervivientes del Holocausto, todos ellos muy mayores y cansados, además de jóvenes estudiantes de enseñanza media, ONGs y medios de comunicación. Miszuk Pietr Biezorowicz es un ucraniano de 84 años. A los 15 fue deportado a Auschwitz-Birkenau. Pasó por otros 12 campos. "Fue muy duro, pero conseguí resistir y estoy aquí para demostrar que la dignidad y la libertad tienen más fuerza que la violencia, el odio racial y el fanatismo ideológico", contó a EL SIGLO Biezorowicz, que viajó a Polonia con su esposa e iba vestido con el traje a rayas de los prisioneros de los campos de concentración, porque, "para mí es un símbolo de la maldad del nazismo y no quiero que se olvide".

Auschwitz-Birkenau fue el escenario de numerosas ceremonias: encuentro de los ministros de Educación y un foro internacional sobre el Holocausto; una misa en la Iglesia de la Misericordia Divina en Auschwitz; una exposición sobre la dramática jornada de la liberación del campo, el 27 de enero de 1945; una marcha con velas y discursos de dirigentes israelíes y europeos: Benjamin Netanyahu; el jefe del Estado polaco, Lech Kaczynski; el presidente del Parlamento europeo, Jerzy Buzek... También se trasmitieron mensajes a través de vídeos-conferencias de líderes mundiales como el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien llamó a "resistir contra el antisemitismo y la ignorancia". La jornada finalizó con una oración delante de un monumento que recordará para siempre a las víctimas. Los supervivientes fueron los protagonistas de la jornada. "Dentro de poco tiempo ya no podremos hablar mirándoles los ojos a los testigos vivos del Holocausto. Hoy en día tienen más de 80 años. Por desgracia, cuando nos dejen los últimos testigos de la barbarie nazi, sólo quedarán los muros, las ruinas, que hablarán por ellos. Por ello es una necesidad urgente preservar lo que queda del pasado, desde el punto de vista humano", señaló a este semanario el director del Museo de Auschwitz-Birkenau, Piotr Cywinski. Las instalaciones del campo de exterminio, en pleno invierno polaco, estremecen el alma. A la memoria de este periodista vienen las imágenes de los cuerpos esqueléticos de los prisioneros que aún quedaban en AuschwitzBirkenau cuando los liberó el Ejército Rojo. Hombres y mujeres en su mayoría enfermos y moribundos. En Auschwitz-Birkenau, las ruinas de las cámaras de gas y los hornos crematorios, que los nazis dinamitaron antes de la liberación, y de los 300 barracones que se extienden a pérdida de vista en una superficie de unas 200 hectáreas, encogen el corazón. Muchos visitantes tienen la sensación de estar oyendo los gritos, amenazas e insultos de las SS, los ladridos de los perros, el sonido de los latigazos de los capos contra los cuerpos escuálidos de los prisioneros. 65 años después no ha desaparecido del todo la cara siniestra del hambre, la miseria, las enfermedades y el miedo, y la muerte en forma de esvástica está en cada rincón de este campo, que en 2009 fue visitado por 1,3 millones de personas.

"No los olvidemos". Alexei es un anciano de 88 años originario de Moscú. Ex combatiente del Ejército Rojo, el 27 de enero de 1945, tuvo el "triste privilegio", según sus propias palabras, de participar en la liberación de Auschwitz-Birkenau. Alexei, que no quiso que le hicieran fotos, porque no le gusta "el protagonismo", explicó que "era un simple soldado, un muchacho humilde, y me encontré combatiendo en diferentes frentes durante la Segunda Guerra Mundial. La liberación de
Auschwitz fue un hecho tremendo para mí, no he podido olvidar las imágenes de aquellos cadáveres andantes que nos apretaban las manos, intentaban sonreírnos y nos pedían comida". "No los olvidemos, no olvidemos jamás a estas víctimas ni tampoco a los criminales nazis", pidió Alexei. En el Centro Judío de Auschwitz, un grupo de jóvenes estudiantes de enseñanza media alemanes visitó sus instalaciones. Admiraron la sinagoga y los objetos de arte expuestos en el museo, leyeron con interés los carteles con las fotos, nombres y datos biográficos de algunos supervivientes del Holocausto: Towa Berlinski, Jan Liliental, Viktor Borger, Sabina Rosembach... Estos jóvenes no son culpables de lo que hiceron hace muchos años otros alemanes en nombre del III Reich. Bruno Dietrich, que tiene 17 años, manifestó a EL SIGLO que su abuelo fue "un antifascista del que me siento orgullloso". Este joven berlinés señaló que "los alemanes todavía siguen sufriendo y avergonzándose por lo que hicieron los nazis en Europa". Consideró que "este dolor colectivo es necesario". Y agregó: "Yo no soy creyente, pero si lo fuera, rezaría cada día por los judíos y todas las víctimas del nazismo, y pido perdón a los polacos y a todos los pueblos que sufrieron por culpa de Alemania".

Auschwitz-Birkenau fue un complejo formado por diversos campos de exterminio enmayo de 1940. En Auschwitz hubo tres campos principales y 39 instalaciones de menor entidad. Auschwitz-I era el campo original, que servía de centro administrativo para todo el complejo. En este lugar murieron unos 70.000 intelectuales polacos y prisioneros de guerra soviéticos. Auschwitz-II (Birkenau) era un campo de exterminio donde fueron exterminados un millón de judíos y unos 190.000 gitanos. Muchos fueron asesinados en las cámaras de gas y después sus cuerpos fueron incinerados en los crematorios. También murieron muchos homosexuales, prisioneros políticos y comunes. Auschwitz-III (Buna-Monowitz) era un campo de trabajo esclavo para la empresa alemana IG Farben. En la puerta de entrada a uno de los diversos campos que componían el complejo Auschwitz I se puede leer todavía el lema en alemán 'Arbeit macht Frei' (El trabajo os hará libres) con el que eran recibidos los deportados por los miembros de las SS. El 27 de enero de 1945, el campo fue liberado por tropas soviéticas.

El campo fue dirigido con mano de hierro por Heinrich Himmler, un siniestro personaje que se rodeó de otros jerarcas nazis como Rudolf Höb, Arthur Liebehenschel, Richard Baer y María Mendel, jefa de vigilancia del campo femenino. Höb, que fue capturado por los aliados al acabar la Segunda Guerra Mundial, dio testimonio en el Proceso de Núremberg del horror de Auschwitz, antes de ser condenado a muerte y ahorcado en 1947. Baer consiguió escaparse y pudo vivir tranquilamente bajo una falsa identidad en Baviera, hasta que fue reconocido y detenido, falleciendo poco después de haber sido condenado por crímenes contra la humanidad, en 1960. En 1940, Witold Pilecki, un soldado de Armia Krajowa (organización de resistencia polaca a la ocupación nazi) se presentó voluntario para ser detenido y trasladado como prisionero a Auschwitz, donde pudo obtener mucha información sobre el campo, que fue enviada a Varsovia y Londres. Los aliados tenían información aérea detallada de los campos desde mayo de 1944. El 17 de enero de 1945, los nazis llevaron a cabo la evacuación de los prisioneros de Auschwitz hacia el oeste de Polonia. Muchos, los más débiles y enfermos, murieron durante el traslado. Diez días después, los militares soviéticos sólo pudieron liberar a unos 7.000 prisioneros. •

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