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Internacional
Nº 866
1/2/2010
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La carrera política del ex 'premier', empañada por su papel en la invasión de Iraq

TRISTE FINAL PARA BLAIR

El pasado 29 de enero, el ex primer ministro británico, el laborista Tony Blair, estaba llamado a declarar ante la Comisión de Investigación sobre la Guerra de Iraq, pero mucho antes, él ya había confesado que cuando tomó la decisión de acompañar a los estadounidenses en esta triste aventura bélica, su Gobierno ya tenía constancia de que Sadam Hussein no poseía armas de destrucción masiva. Esa fue la excusa esgrimida ante la opinión pública para justificar su participación en la invasión. Ahora, según las más recientes encuestas, un 52 por ciento de la
población de las islas considera que Blair engañó a la opinión pública, y un 23 por ciento cree que debería ser procesado como criminal de guerra.

Por Antonio Sarrión

Va a tener usted la humildad de reconocer que cometieron un error al invadir Iraq? Porque si lo hace, le votaría de nuevo". —"Lo siento, no puedo hacerlo. Si lo que quiere usted que le diga es que me arrepiento de haber invadido Iraq, le diré que no puedo hacerlo. Creo sinceramente que fue lo correcto". La conversación anterior está extraída de un pequeño diálogo entre una mujer y el entonces primer ministro británico, Tony Blair, durante el transcurso de un programa de televisión, en directo, en marzo de 2005. El 'especial' se emitía en la cadena pública BBC, y consistía, a grandes rasgos, en un encuentro entre el premier británico y un grupo de mujeres que habían votado por él en las elecciones anteriores, pero que habían manifestado su intención de no volver a hacerlo, especialmente, por el papel que había jugado el Gobierno de Londres en la invasión del Estado mesopotámico.

La Guerra de Iraq va a perseguir a Anthony Blair hasta el final de sus días. Su concurso en el tristemente célebre 'Cuarteto de las Azores' (George W. Bush, entonces presidente de EEUU; José María Aznar, a la sazón presidente del Gobierno español; José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea en su primer mandato; y el propio Blair), constituía un obstáculo insalvable para que el anterior inquilino de Downing Street fuera designado como primer presidente estable de la Unión Europea, tras la aprobación definitiva del Tratado de Lisboa.

El que todavía es el enviado especial del Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea y Naciones Unidas) en Oriente Medio –del que el ex primer ministro israelí, Ehud Olmert, había dicho que "es un gran amigo del Estado de Israel"– se enfrenta a un abrupto y duro final de su carrera política cuando la Comisión de Investigación impulsada por el Parlamento británico, que lleva funcionando desde el pasado 24 de noviembre de 2009, deje claro que los argumentos empleados desde su Gabinete para explicar su participación en la invasión de Iraq eran completamente falsos.

En realidad, la comisión ya no necesita buscar ninguna clase de pruebas cuando la confesión del propio Blair ya ha resultado suficientemente elocuente. El ex premier ya planteaba abiertamente cuál sería la línea de sus declaraciones ante los investigadores. El 12 de diciembre de 2009, en otro programa de la BBC, el ex mandatario aseguraba que habría ordenado la invasión, incluso si hubiera tenido conocimiento de que el régimen iraquí no poseía las tan cacareadas armas de destrucción masiva. Admitía, eso sí, que hubiera sido necesario haber argumentado un motivo distinto para hacer lo que de todos modos llevó a cabo: "Obviamente, tendría que haber utilizado argumentos diferentes acerca de la naturaleza de la amenaza".

Pero, ¿cuáles fueron los 'argumentos' que sí se presentaron en realidad ante la opinión pública y el Parlamento británicos? Ante la Cámara de los Comunes se llevaba un informe de los servicios de Inteligencia en el que en su prólogo se aseguraba la existencia de un programa iraquí de armas de destrucción masiva "más allá de toda duda". "El informe concluye que Iraq tiene armas químicas y biológicas, que Sadam las ha seguido produciendo, que tiene en la actualidad planes militares activos para utilizar armas químicas y biológicas que pueden ser activadas en 45 minutos, incluso contra su propia población chií, y que está activamente tratando de adquirir capacidades de armamento nuclear", explicaba en esas fechas Tony Blair a los parlamentarios británicos.

Pero los testimonios de sus muy cercanos en 2003 ante la comisión de Investigación están yendo un paso más allá de lo que el mismo ex premier está reconociendo. Las declaraciones de otros ex altos cargos vinculados al Gobierno que decidía participar en la invasión de Iraq, permiten concluir que Anthony Blair ya estaba dispuesto a dar su pleno apoyo militar a Washington frente a Bagdad, ya desde 2001. Robin Cook, el que fuera ministro de Asuntos Exteriores, y que dimitía en protesta por la invasión, aseguraba que en "marzo de 2003 quedó muy claro en una conversación que mantuvimos, que (Blair) ya no creía (que el régimen de Bagdad poseyera ese tipo de armamento)".

El pasado 12 de enero, la comparecencia de Alastair Campbell, portavoz del Gobierno en esas fechas, dejaba todavía más claro que la 'decisión' del ataque ya estaba tomada muy de antemano. Relataba acerca del intercambio epistolar permanente entre Blair y el entonces presidente estadounidense, George W. Bush, durante 2002, en las que el ex premier ya comprometía su apoyo a un inminente ataque: "Si eso (el 'desarme' de Iraq) no puede conseguirse con medios diplomáticos, tendrá que hacerse militarmente, y Reino Unido estará con usted. Ese era el sentido de las cartas al presidente", sentenciaba Campbell ante la Comisión.

A raíz de estas revelaciones, Sir Menzies Campbell (sin parentesco con el anterior), portavoz de Asuntos Exteriores del Partido de los Liberales-Demócratas, exigía que esas cartas privadas de Blair a Bush se hicieran públicas.

Otra de las declaraciones más esperadas era la del ministro de Justicia en esos días, y más tarde sustituto de Robin Cook al frente de Exteriores, Jack Straw, que comparecía ante la Comisión el pasado 21 de enero. Su argumentación se basó en creer que Blair le comunicaba la verdad; "el objetivo del cambio de régimen hubiera sido inapropiado y, evidentemente, ilegal. No tenía posibilidades de ser aceptado en Reino Unido y, desde luego, no habría tenido mi apoyo". El respaldo de Straw resultó determinante para conseguir el apoyo de la mayoría de los diputados laboristas –aunque un buen número, finalmente se resistieron–. Straw revelaba igualmente que la información que proporcionaba los servicios de Inteligencia acerca de las supuestas armas de destrucción masiva era "desigual y esporádica". Sin embargo, esta 'creencia' en las razones de Blair por parte de Straw se desvanecía cuando el pasado el pasado 17 de enero, el periódico The Sunday Times publicaba una carta 'secreta y personal' que el propio Straw enviaba a Blair diez días antes de que éste se reuniera con Bush en su rancho de Texas, en abril de 2002.

En ella advertía al entonces primer ministro de que el fundamento legal para la guerra le planteaba dudas, tanto a él como a muchos otros miembros del Gobierno.

La Comisión también ha sido 'visitada' por John Sawers, actual jefe del Ml6 (servicios de espionaje exterior) y entonces consejero diplomático de Blair, quien declaraba que ya en 2001 se estudiaban "acciones" para cambiar el régimen iraquí. Otros ex altos cargos que ya han pasado por la 'tortura' de las preguntas han sido el entonces presidente del Comité Conjunto de Inteligencia del Parlamento, Peter Ricketts, el responsable para Oriente Próximo en el Foreign Office, William Pattey, o el entonces ministro de Defensa, Geoff Hoon. En breve lo harán otros muchos, incluido el actual primer ministro, Gordon Brown, en aquellos momentos ministro de Economía, y a quien Hoon ha acusado de 'cerrar el grifo' para proveer a sus tropas de una dotación más adecuada, y de ser uno de los 'más consultados' por Blair en aquellos días. En principio, su comparecencia no estaba prevista para antes de las elecciones –según la Comisión, para evitar que tuviera un efecto electoral–, sin embargo, se ha acordado que Brown testificará probablemente este mes de febrero.

"No somos un tribunal y nadie está sometido a un proceso: no podemos determinar culpabilidades o inocencias", aseguraba el presidente de la Comisión de Investigación, Sir John Chilcot. A pesar de tan corta aspiración, el resumen de sus conclusiones se hará el próximo agosto, y el informe definitivo llegará a finales de 2010. con todo, dado que, efectivamente, la comisión no es un tribunal de justicia, lo más interesante será el 'juicio' al que serán sometidos los participantes en una de las mayores mentiras –de terribles consecuencias-de la historia reciente, por parte de la opinión pública. •

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