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Internacional
Nº 866
1/2/2010
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La pelea de la presidenta con el Banco Central tensa el clima del país


LA CRISPACION SE INSTALA EN ARGENTINA

La noticia de la intervención del Gobierno en el Banco Central volvió a poner de manifiesto el clima beligerante que impera en el segundo país más grande de Sudamérica. En la oposición todos miran hacia las elecciones presidenciales de 2011, trabando cualquier iniciativa gubernamental, y desde la Casa Rosada acusan de instigar condiciones casi destituyentes.

Por Felipe Ramírez (Buenos Aires)

Cuando el pasado 14 de diciembre la Presidenta Cristina Fernández anunció la creación del llamado Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad, nadie esperaba la tormenta que sus derivaciones desatarían un par de semanas después.

No era la primera vez que el Gobierno hubiera usado parte de las reservas del banco central para pagar sus obligaciones internacionales. Cuando en 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner anunció el pago de la deuda total con el FMI para no condicionar la política económica a las directrices de la institución multilateral –acusada de provocar la debacle de 2001 con sus políticas de ajuste–, la movida no sólo fue aceptada sino también aplaudida por gran parte de la sociedad. En ese momento fueron casi 10.000 millones de dólares.

Poco más de cuatro años después, su esposa y actual ,andataria anuncia la creación de un fondo que asegure a los prestamistas internacionales el pago de futuros vencimientos. La misión autoimpuesta por Fernández y su ministro de Economía, Amado Boudou, es que Argentina vuelva a los mercados internacionales de capital en pos de financiamiento más barato que el obtenido de parte de su actual único prestamista, Venezuela, que durante los últimos años ha prestado a Argentina sus petrodólares a una tasa de interés promedio del 12%. Aunque en este momento las arcas fiscales argentinas cuentan con el dinero necesario para enfrentar los vencimientos de la deuda para todo este 2010 –el primero es en agosto–, la jugada de la presidenta apunta a anunciar a los mercados que el país no tendrá problema alguno para hacer frente a los compromisos futuros que se propone contraer. A partir de esto, los funcionarios de Gobierno abrirían una nueva ronda de canje por los bonos del Tesoro que aún se encuentran en suspensión de pagos desde 2001 –y cuyos tenedores se abstuvieron de entrar al acuerdo de 2005– para luego salir a pedir prestado a tasas más bajas que las actuales. El dinero del Fondo del Bicentenario está constituido por el llamado "excedente de las reservas", es decir, el margen de dinero en las cuentas del central que supera el necesario para cubrir el circulante del país, y que en este momento –con reservas totales del orden de los 48.000 millones de dólares– ascendería a los 6.600 millones de dólares (unos 4.600 millones de euros).

Aún cuando al anunciarse algunos economistas opositores mencionaron las posibles trabas legales que podría implicar el uso de reservas del central, los pocos que lo hicieron se manifestaron de forma tibia, más apuntando a la forma que al fondo de la cuestión. Es que la mayoría de los economistas de la ortodoxia liberal hace tiempo reclama los préstamos provenientes de Venezuela, y demandando que Argentina vuelva a los mercados internacionales. Parecía que todo iba por el curso anunciado, sin mayores sobresaltos. Pero cuando a las tres semanas del anuncio el Banco Central aún no liberaba el dinero, pasó lo que pasó.

El dinero no salía, y el Gobierno actuó, aunque no deje de sorprender, como siempre. La mañana del jueves 7 de enero la presidenta pidió la renuncia del presidente del Banco Central, Martín Redrado, a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia, saltándose la correspondiente consulta al Congreso. El hombre se negó y se atrincheró en su oficina. La oposición puso el grito en el cielo en defensa de la carta orgánica de la entidad presidida por Redrado –que demanda la aprobación del Congreso para destituir al jefe del Central–, y un par de diputados presentó un recurso de amparo a su favor. Al día siguiente el recurso fue acogido y Redrado volvió a su cargo, y comenzó la escalada de descalificaciones.

Más allá de quién tenga o no la razón respecto de los procedimientos formales para destituir a Redrado; de quién está legalmente capacitado para manejar las reservas del banco; de si se debería llamar a los miembros del Congreso a sesiones extraordinarias (se encuentra en receso por el verano austral); de si la Justicia está actuando en la dirección correcta o no; de si los Tribunales están actuando en connivencia con el oficialismo o con la oposición (la jueza a cargo ha sido acusada de ambas cosas); o de los muchos otros puntos formales que han aflorado para ser discusión, el affaire en torno al Banco Central ha vuelto a poner sobre la mesa la forma en que se ha venido manejando Argentina durante los últimos años. Como escribe el analista político José Natanson, "¿Por qué este tipo de episodios derivan en una escalada absurda, como si cualquier decisión equivaliera al asesinato del archiduque de Austria?". Sí, es fácil culpar al estilo intransigente y filoautoritario de los Kirchner, pero por otro lado la oposición se ha enfrascado en una actitud de negación absoluta a cualquier jugada que venga desde Casa Rosada, muchas veces generando tormentas en vasos de agua.

En Argentina todo se hace con la mirada puesta en octubre de 2011, fecha de las próximas elecciones presidenciales, lo que dificulta sobremanera al Gobierno para enfrentar la gestión diaria del país. La presencia en su costilla de un vicepresidente, Julio Cobos, que es la principal carta presidencial de la oposición es una paradoja inaudita, algo que sería difícil de manejar para cualquier administración. Cobos, ex gobernador de la provincia de Mendoza, fue uno de los llamados "radicales K". Éstos eran militantes del opositor Partido Radical que se sumaron al Proyecto K versión 2.0 en una búsqueda del Gobierno por transversalidad de cara a las elecciones de 2007 que ungieron a Fernández como presidenta. En Argentina el vicepresidente es también presidente del Senado, sin derecho a voto a menos que haya un empate. La única vez que este empate se produjo fue para zanjar la disputa en torno a los impuestos a las exportaciones agropecuarias que generaron un conflicto de casi cuatro meses en 2008, con Fernández recién llegada al poder. En esa ocasión, Cobos dijo "no" a las retenciones promovidas por su propio Gobierno, generando una ruptura que se ha hecho cada vez más grande. Ahora Cobos, sin renunciar a su cargo, se ha transformado en la principal carta presidencial de su ex partido, generando constantes roces dentro del aparato administrativo oficialista.

Por su parte, hasta ahora Redrado era fuertemente criticado por la oposición por actuar en connivencia con el Gobierno respecto de la estabilidad cambiaria (la llamada "flotación administrada", que mantiene estable el precio del dólar a punta de intervenciones en el mercado local de pases, con grandes compras y ventas de la moneda verde dependiendo de la tendencia que se busque revertir). Pero ahora se ha convertido en adalid y héroe por la defensa de la independencia de la entidad (otro debate que ha quedado pendiente, embarrado en medio de la disputa). Desde el Gobierno ha sido incluso vinculado con el vicepresidente-opositor como parte de una trama para desestabilizar a la administración no sólo de cara a 2011, sino pensando en un plan destituyente ahora ya. Justamente la clase de especulaciones que alimentan el clima de beligerancia interna.

Aún así, y más allá de la situación actual, el Gobierno debe encontrar la forma de llevar adelante el anunciado canje de deuda. Para mirar el futuro con esperanza, el Gobierno necesita que de aquí a los comicios de 2011 se reactive el crecimiento y aumente el consumo interno, y para eso es esencial conseguir recursos frescos que sean invertidos en infraestructura y obra pública. Las arcas fiscales tienen dinero, pero está siendo ocupado en subsidios al transporte y los servicios públicos; y el anuncio de un bono universal para la infancia requiere cuentas ordenadas que permitan cumplir con un compromiso que quedará para la administración que venga luego. Pero en la Argentina actual cuesta enfrentar las cosas con altura de miras. •

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