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Nº
866 - 1 de febrero de 2010 |
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De lo sucedido en Vic, hace años llamada “capital de la Cataluña catalana” Los periodistas y comentaristas catalanes próximos a las tesis nacionalistas o soberanistas han salido en defensa, apenas sin fisuras, del Ayuntamiento de Vic. Hubo un tiempo no tan lejano, cuando Jordi Pujol estaba en su plenitud, que la ciudad de Vic fue denominada de hecho, oficiosamente y no sin algún que otro escándalo y bastante polémica, “capital de la Cataluña catalana”. La comarca de Osona, de la que sí Vic es capital, viene a ser en términos electorales un importante granero para las formaciones con anhelos independentistas. En las consultas que se han hecho durante unos meses, a modo de referendos, más bien de estar por casa, para estimular así el secesionismo y tomarle el pulso a un fenómeno que se encuentra en fase de in crescendo, los mejores resultados en favor del “¡adiós, España!” se obtuvieron en la citada Osona. Es cierto también, sin embargo, que el número de inmigrantes es muy superior a la media tanto en Cataluña como en el resto de España. Y asimismo hay que decir que no ha habido protestas, salvo algunos episodios aislados, ni acoso a los foráneos ni malos rollos de carácter xenófobo. Al contrario, en estos últimos años de notable crecimiento de inmigrantes, Vic ha tenido, por lo general, un comportamiento ejemplar, casi modélico. Pero en Vic y sus alrededores, de forma paralela al auge registrado de inmigrantes, surgió un tumor maligno, muy habitual por desgracia en muchos países europeos, cual es un partido llamado Plataforma per Catalunya, que ha cumplido ya diez años. El nombre puede llevar a más de uno a una conclusión falsa. Pues bien, no se trata de una iniciativa separatista en relación a España. En este caso, estamos ante una fuerza política cuyo principal objetivo es combatir la inmigración en base a postulados tan repugnantes como el siguiente: “Los moros son los enemigos de Cataluña, España y Occidente”. El líder de este partido, por ahora más o menos limitado territorialmente a la comarca de Osona y a Vic, es Josep Anglada. El periodista Miguel Noguer, en el diario El País del domingo 24 de enero, narraba con sumo detalle el perfil de Anglada y de lo que procura representar. En la actualidad, es el jefe de la oposición municipal. El Ayuntamiento está en manos de Unió Democràtica (CiU), aliada a ERC y PSC. Lo explica muy bien Noguer: “Anglada (…) ha conseguido que el alcalde de Convergència i Unió le coja prestado parte de su ideario y haya intentado, sin éxito, dejar de empadronar a los inmigrantes en situación irregular. Y eso que, a comienzos de la legislatura, el primer edil, Josep Maria Vila d´Abadal, había asegurado que no se dejaría arrastrar: “A Anglada ni agua”. He aquí una clave importante del fondo del problema que los aludidos periodistas y comentaristas catalanes en la órbita nacionalista han pretendido eludir. Vila d´Abadal ha llevado a cabo lo que, con frecuencia, la derecha democrática y hasta la izquierda pusilánime han experimentado frente al siempre complicado asunto de la inmigración. Consiste en desarmar al adversario en base a transformar en doctrina propia, aunque menos rudimentaria y explosiva, la doctrina de la ultraderecha. Sucedió en Francia con Nicolás Sarkozy, quien procuró apropiarse del lepenismo, lo que logró en buena medida; de modo que arrebató cientos de miles de votos a la candidatura del Frente Nacional. Y así está ahora la situación. Vila d´Abadal no ha dado ni agua a Anglada, pero sí quería quedarse con la fuente de la que manaba el agua propiedad del líder xenófobo. El actual alcalde tiene miedo de que Anglada, que procede de Fuerza Nueva y de Alianza Popular, acabe arrebatándole el sillón. Lo cierto es que el jefe de la extrema derecha “se ha autoerigido como el defensor de los perjudicados por tanta inmigración. Donde hay un conflicto, ya sea una escalera con problemas de convivencia o un colegio con exceso de matrículas, allí está Anglada para “poner orden”. Y la culpa, claro está, siempre recae en los extranjeros, que amenazan la prosperidad de esta pequeña ciudad de interior (38.000 habitantes), bendecida repetidamente por la lotería y por su boyante industria alimentaria”. “Con Franco se vivía mejor”, decía a menudo Anglada en los años ochenta del siglo pasado. Es el mismo que quiere “ser alcalde de Vic y ha anunciado que se presentará a las elecciones catalanas con idéntico discurso: basta de inmigración. La creciente desafección hacia la política, la crisis y la debilidad de los partidos tradicionales dirán si este populista disfrazado de demócrata logra sobrepasar la difícil barrera del 3 por ciento de los votos”. Ha habido entre los valedores periodísticos del Ayuntamiento de Vic quienes han esgrimido que el descrédito de la medida adoptada por Vila d´Abadal sobre el empadronamiento de nuevos inmigrantes, que fue rectificada días después, era consecuencia de que Vic es una localidad ubicada en Cataluña. Desde Madrid sobre todo habría habido, según la versión de los soberanistas, un huracán anticatalán para cargar contra los gobernantes de Vic, maniobra reforzada por el presidente del Gobierno, Zapatero, cuando dijo lo que dijo para defender los derechos de los inmigrantes. Lamentable actitud que, en ocasiones, sólo sirve para empequeñecer a la Cataluña que algunos dicen defender. |
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