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Nº 865 - 25 de enero de 2010

Lara y Vasile se tragan las cadenas progres

Desactivan las ‘teles de ZP’

La pluralidad en el panorama audiovisual español tiene los días contados. Los matrimonios entre Telecinco y Prisa, por un lado, y el previsible de Antena 3 y La Sexta, por otro, van a crear prácticamente un duopolio sobre los contenidos de las teles con dos cabezas visibles: Paolo Vasile, consejero delegado de la cadena de Mediaset, y José Manuel Lara, presidente de Planeta y dueño de Antena 3. El mapa de las teles se escora inevitablemente hacia la derecha, borrando de un plumazo el statu quo creado por el Gobierno tras concederles las licencias de emisión a Cuatro y La Sexta. La primera muestra de este giro en los contenidos ya ha llegado. Iñaki Gabilondo, muy crítico con el que ahora es su jefe, Silvio Berlusconi, ha salido de Cuatro para buscar refugio en CNN+.

Por Manuel Capilla

Desde Cuatro se ha negado por activa y por pasiva que la salida de Iñaki Gabilondo haya tenido que ver con la fusión con Telecinco. Es cierto que, desde hace tiempo, las cabezas pensantes de Prisa querían reflotar la segunda edición de los informativos de la cadena. Gabilondo no terminaba de dar con la tecla y La Sexta les superaba en audiencia, por eso se decidió fichar a Juan Pedro Valentín como director de informativos de Cuatro y CNN+, para darles un nuevo aire. El paso de Iñaki Gabilondo de un canal a otro es su primera gran decisión en esta línea, pero parece difícil negar que la fusión haya actuado como desencadenante.

Telecinco todavía no tiene poder de decisión sobre los contenidos de Cuatro, pero lo tendrá dentro de unos meses, previsiblemente a partir del verano. La operación todavía se encuentra en fase de ‘due diligence’, es decir, de estudio de la situación financiera de las compañías, condición sine qua non para que el acuerdo suscrito se ejecute. Cuando concluya este proceso, en unos seis meses, ya se podrá decir que Telecinco es la dueña de Cuatro, y es harto improbable que un grupo desee tener entre sus trabajadores a alguien muy crítico con el dueño del grupo, como ha sucedido con las críticas que Gabilondo ha vertido sobre Silvio Berlusconi. Y CNN+ queda fuera de la influencia de Telecinco. Hasta que no finalice este proceso de ‘due dilligence’ no se decidirá qué se hace con la cadena temática de información. Habrá que esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en los próximos meses, pero si la operación se consuma, como se prevé, será Paolo Vasile, consejero delegado y responsable de los contenidos de Telecinco, quien decidirá qué se emite en Cuatro.

Otro tanto puede suceder si llegan a buen puerto las avanzadas conversaciones entre Antena 3 y La Sexta para crear un holding audiovisual con mayoría para José Manuel Lara a través de Planeta, la dueña de Antena 3, según apuntan algunas informaciones. Desde La Sexta, se asegura que “en febrero se sabrá si se cierra un acuerdo o no” y que todavía está por ver la forma que adopta la compañía resultante. Eso sí, niegan que el principal escollo en las negociaciones sean los derechos deportivos que tiene adquiridos Mediapro. Según han publicado algunos medios, Antena 3 quiere que esos derechos entren en el acuerdo, pero desde La Sexta se niega esa posibilidad, subrayando que “los contratos están vendidos”.

En este caso será más difícil que Antena 3 tenga capacidad de decisión directa sobre los contenidos de La Sexta, pero, en cualquier caso, estas dos operaciones ponen patas arriba el mapa mediático diseñado por Zapatero al año siguiente de llegar a la Moncloa. El plan, diseñado por el entonces secretario de Estado de Telecomunicaciones, Miguel Barroso, consistía en equilibrar el escenario dominado por canales de grupos conservadores concediendo licencias de emisión a Cuatro y La Sexta (ver apoyo 'Las teles pequeñas, también en manos de la derecha'). En aquel entonces, el argumento que utilizaba Moncloa para justificar esta estrategia era la defensa de la pluralidad, y más en un contexto en que TVE iba a quedar lo más despolitizada posible después de los desmanes de Alfredo Urdaci bajo el gobierno de José María Aznar.

Ahora, Zapatero y sus estrategas mediáticos se han topado con que todo se les ha venido abajo y con que, por si fuera poco, TVE todavía tiene que despejar la incógnita de su nuevo modelo de financiación, forjado personalmente por María Teresa Fernández de la Vega y puesto ahora en cuarentena por la Comisión Europea. El Gobierno decidió suprimir la publicidad de la televisión pública y sustituir la cuantía de esta partida por un nuevo impuesto que gravará los ingresos de las cadenas privadas con un tipo del 3 por ciento, los de las plataformas de pago con un 1,5 por ciento y los de los operadores de telecomunicaciones con un 0,9 por ciento.

La comisaria de Competencia, Neelie Kroes, duda de que estos impuestos se ajuesten a la normativa comunitaria, ya que podrían suponer una desventaja competitiva para las empresas españolas afectadas con respecto a sus homólogas europeas. Por ello, ha abierto un plazo hasta el próximo 14 de febrero para que todas las partes interesadas presenten sus respectivas alegaciones. Según la publicación oficial de la Comisión Europea, el Ejecutivo comunitario remitió una carta al Gobierno español a principios de diciembre comunicándole estas dudas y, por tanto, pidiéndole que no asignase a RTVE ninguna financiación procedente de esos impuestos hasta que tomase una decisión sobre su compatibilidad con las leyes europeas.

Así las cosas, a la espera de lo que decida Bruselas, existe el riesgo de que TVE pierda recursos y competitividad y, por tanto, su audiencia sea cada vez más minoritaria. El mismo riesgo que corren las teles ‘progres’. La Sexta, por ejemplo, si mantiene su línea una vez consumadas las negociaciones abiertas, tiene muchas papeletas para convertirse en un canal minoritario, un reducto dirigido a un segmento de población muy concreto, urbano y joven.

En el caso de Cuatro, será interesante ver cómo evoluciona el reencuentro de Paolo Vasile con Juan Pedro Valentín, quien fue nombrado director de los servicios informativos de Telecinco en 2000, algunos meses después de que Vasile accediera al cargo de consejero delegado de la cadena. Con el paso del tiempo, la audiencia de los informativos comenzó a caer y Vasile comenzó a preocuparse. A finales de 2005, Valentín pasó a presentar la edición nocturna por expreso deseo de su jefe, pero la suerte estaba echada. Unos meses más tarde, Vasile decidía sustituir a Valentín por Pedro Piqueras que ha dado un giro radical al formato, introduciendo más información de sucesos en detrimento de la política.

Al margen de los informativos, un repaso a la programación de Telecinco durante los últimos años puede dar una idea de los planes que puede tener Vasile en la cabeza para Cuatro. El ‘modelo Vasile’ ha dado a Telecinco el liderazgo de audiencia durante cinco años consecutivos, entre 2004 y 2008, con unos formatos basados en la telerrealidad, con Gran Hermano al frente. Se enterró una etapa en la que Telecinco había jugado un papel importante en la renovación de la televisión en España -con programas como ‘Caiga quien caiga’ o o series como ‘Médico de Familia’-, para dar paso a todo tipo de concursos de telerrealidad -’Hotel Glam’, ‘Supervivientes’ u ‘Operación Triunfo’- que, además, alimentaban a otros programas de la cadena en los que se debatían lo que sucedía en aquellos y en los que, incluso, participaban ex concursantes. Telecinco comenzó a recibir numerosas críticas que la señalaban como abanderada una nueva manera de hacer televisión: la ‘telebasura’. Programas como ‘Crónicas marcianas’, ‘TNT’, ‘Salsa Rosa’ o ‘Aquí hay tomate’, paradigmas de este estilo de hacer televisión, han llegado a recibir algunas condenas judiciales por intromisión en el derecho al honor y la intimidad.

Probablemente, José Manuel Lara no tendrá sobre La Sexta la capacidad de decisión que Paolo Vasile tendrá sobre Cuatro, pero las conversaciones entre Antena 3 y la cadena participada por Mediapro abren unas incógnitas poco halagüeñas para el Gobierno. El PSOE necesita la capacidad de crear opinión que le ofrecen sus cadenas ‘progres’. Y, con Cuatro descafeinada, el hecho de que el acuerdo entre Antena 3 y La Sexta entre en vigor casi en periodo preelectoral, con las elecciones municipales y autonómicas programadas para el año que viene, deja en el aire la estrategia fraguada por Miguel Barroso hace casi cinco años.

Lara es un hombre pragmático, bien relacionado con el PSC, pero ideológicamente cercano al PP. De hecho, accedió al ruedo mediático con la adquisición de La Razón, echándole un cable de paso al por entonces presidente del Gobierno, José María Aznar. En principio, pareció extraño que Lara desembarcase en La Razón, pero cuando Planeta tomó el control de Antena 3 no mucho tiempo después todo encajó. Antena 3 había pasado a estar bajo el control de Telefónica cuando Aznar diseñó desde la Moncloa la creación de un grupo mediático que pudiera hacer sombra a Prisa. Cuando la estrategia fracasó, y hubo que sacar al mercado la cadena, allí estaba Lara para poner los millones, en este caso unos 360 millones por el 25 por ciento del capital.

Lo más curioso de todo es que el hombre que apadrinó las teles progres, Miguel Barroso, y una de las personas que ha contribuido a enterrarlo, José Manuel Lara, tienen buenas relaciones. Ambos se conocieron cuando el marido de la ministra de Defensa trabajaba en Barcelona como directivo de la FNAC y desde entonces se ha creado una afinidad que ha dado algunos frutos. Por ejemplo, en 2007, cuando Barroso ya había dejado la Moncloa y era el responsable de la Casa de América firmó un acuerdo con Lara para la creación del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de América.

Así pues, cinco años después de que Zapatero tratase de equilibrar a su favor el panorama audiovisual con teles afines, la situación ha vuelto casi al punto de partida, con dos grandes operadores inclinados a la derecha. Precisamente cuando los socialistas van por detrás en las encuestas y más los necesitan.

Las teles pequeñas, también en manos de la derecha

Al margen de los grandes canales de ámbito nacional que ya emitían en analógico, los que están protagonizando los procesos de fusión, al amplio abanico de nuevos canales que trae la TDT no va a suponer un aumento de la pluralidad, sino todo lo contrario. En la programación que se podrá ver a partir del próximo 3 de abril en toda España las emisiones propiedad de grupos mediáticos de tendencia progresista son inexistentes no sólo en el ámbito nacional, también a nivel autonómico y local.

Este predominio de la derecha en la televisión española se debe a Veo TV y Net TV, las plataformas generalistas que emiten a través de TDT con licencia para todo el territorio nacional, al igual que Antena 3, Telecinco, Cuatro y La Sexta. Veo TV es propiedad de Unidad Editorial, el grupo mediático impulsado por Pedro J. Ramírez y controlado por los italianos de RCS Media Group, dueño de El Mundo, Expansión y Marca, entre otros medios escritos. Por su parte, Net TV ha estado controlada por Vocento desde su nacimiento en 2000, aunque hace dos años, a principios de 2008, encontraba un nuevo socio en el Grupo Intereconomía, que adquiría el 25 por ciento del capital. Tras este cambio en el accionariado, Net TV dejó de emitir como tal y fue sustituida por Intereconomía TV.

Este panorama audiovisual quedó dibujado durante el verano de 2005, gracias a un pacto entre el Gobierno y los grandes grupos mediáticos con intereses en el sector. El artífice del pacto fue Miguel Barroso, por entonces secretario de Estado de Comunicación y encargado de templar los ánimos cuando en el sector se conoció que Zapatero pensaba otorgar dos nuevas licencias de televisión en abierto, una para Prisa, la futura Cuatro, y otra para un grupo de empresarios capitaneados por Jaume Roures, La Sexta. Nadie quedó contento con este reparto. Telecinco y Antena 3 porque aparecían dos nuevos competidores por los ingresos publicitarios. Veo TV y Net TV porque se aplazaba indefinidamente el apagón analógico y se les dejaba con un solo canal cuando eso ocurriera, a diferencia del resto que tenían cuatro. Y Prisa porque consideraba que el Gobierno no premiaba su apoyo al ponerle, sin previo aviso, un potencial competidor en su segmento de audiencia.

La rebelión mediática capitaneada por Pedro J. desde las páginas de El Mundo, forzó al Ejecutivo a llegar a un acuerdo en el que todos perdiesen y todos ganasen, y que dio lugar a lo que hoy conocemos: cada operador tendría cuatro canales de TDT a su disposición y el apagón quedaba fijado para abril de 2010.

Aunque si el predominio de grupos mediáticos más o menos cercanos a la derecha es claro en el panorama audiovisual a nivel nacional, en el ámbito autonómico y local ese predominio es abrumador, con Vocento y Popular TV, el canal de la Conferencia Episcopal, como las dos grandes potencias. El panorama habría quedado más equilibrado si la situación financiera de Prisa le hubiera permitido conservar las licencias que tenía adjudicadas, pero no fue así. A lo largo del año pasado, el grupo gobernado por Juan Luis Cebrián renunció a las licencias de ámbito regional en Andalucía, Asturias y Extremadura, junto con algunas concesiones locales en otras comunidades como Cataluña y Aragón.

Así, Vocento cuenta con canales regionales en Madrid –Ondaseis TV–, La Rioja, Comunidad Valenciana, Andalucía y Murcia. Además, en el ámbito local cuenta con una decena de licencias locales, entre las que destacan las de Barcelona –Urbe TV-, las tres capitales vascas, Cádiz u Oviedo. Por su parte, Popular TV emite en la Comunidad Valenciana, Galicia, Murcia, Canarias, Navarra y Melilla. Entre los canales locales, la licencia estrella de la televisión de la Conferencia Episcopal es la de Madrid capital, seguida de alguna otra como la de Zaragoza.

La ciudad de Madrid es el mayor ejemplo de este predominio mediático de la derecha, ya que, aparte de la licencia de la que goza Popular TV, también emiten Ver-T, perteneciente al Grupo Antena 3, Libertad Digital TV, desde la que Federico Jiménez Losantos continúa lanzando sus diatribas acompañado en la parrilla por César Vidal y Luis Herrero, e Intereconomía Business, el ‘segundo’ canal de Intereconomía

La izquierda mediática, incapaz de entenderse por Enric Sopena


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