Tras el cierre en falso de la crisis, Del Rivero y Brufau
reagrupan fuerzas
LA CAMA, CLAVE PARA
EL CONSENSO EN REPSOL
Apenas estrenado el semestre español de presidencia europea, el Gobierno ha
tenido que afrontar su primera crisis empresarial seria. La batalla por la
presidencia de Repsol entre su actual presidente, Antoni Brufau, y el presidente de
Sacyr, Luis del Rivero, ha sido recibida como un jarro de agua fría en Industria. Su
titular, Miguel Sebastián, busca a la desesperada una solución de consenso, que
satisfaga a todos, evite el escarnio público de los vencidos y no perjudique los
intereses —tanto financieros como de imagen— de la principal petrolera del país.
Por ahora, y hasta el consejo de este miércoles, las espadas siguen en alto, tras el
cierre en falso que ha supuesto la ratificación de Brufau ante la explícita ausencia
de los consejeros de Sacyr.
Por E. Moreno
Si nos piden mediación, siempre estamos dispuestos. Lo que nos preocupa es si hay algún daño a alguna empresa o compañía estratégica". No dijo mucho más el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, en torno a la crisis desatada desde hace
días por la dirección de Repsol. Ni falta que
hacía. A buen entendedor pocas palabras bastan y con las pronunciadas por el ministro
quedaban claras dos cosas: la primera, que el Gobierno, en principio, no intervendrá en un asunto estrictamente empresarial, y la segunda, que tampoco permitirá que se desencadene una guerra abierta perjudicial para los intereses de la principal petrolera española.
A partir de ahí, todos son matices. Mientras que varias fuentes apuntan a que desde el Ministerio de Economía el planteamiento es el de mantenerse absolutamente el margen de la batalla, otras confirman que el titular de Industria ya se habría puesto a la labor de hablar –discretamente, eso sí– con unos y otros, con el fin de propiciar una solución de consenso que cierre de una vez por todas la crisis. No en vano, Sebastián no cae de nuevas en este conflicto, ya que hace cinco años intervino de forma más o menos activa en el proceso de nombramiento de Brufau, procedente de La Caixa –convertida en accionista mayoritario para evitar la entrada de capital extranjero–, como presidente de Repsol.
En todo caso, ahí sí coinciden todas las fuentes, lo que está claro es que cualquier solución que se ponga en marcha deberá contar no sólo con el visto bueno sino incluso con el apoyo activo de La Caixa, que con su participación del 14 por ciento en Repsol se ha convertido en la bisagra sin la cual no es posible una dirección estable en la petrolera. Y por esta misma razón, los hombres de Isidro Fainé, presidente de la entidad y miembro del Consejo de Repsol, junto con Juan María Nin, director general de La Caixa, han mantenido en todo este conflicto una posición exquisitamente prudente y discreta. En este sentido, Nin se ha limitado a señalar que La Caixa "mantiene la estabilidad en Repsol". No en vano, su interés máximo es "cuidar" su inversión en Gas Natural, en la que Repsol tiene un 30 por ciento.
Un conflicto al que, por otra parte, los analistas, sin llegar a restarle importancia, tienden a otorgarle menos gravedad de la que parecería desprenderse a tenor de la abundante información publicada en prensa. "No es que no tenga su importancia –aclara un analista de una destacada sociedad gestora de bolsa– , no se puede obviar que Repsol copa más de la mitad del mercado español de derivados del petróleo. Pero también es verdad que se trata de un conflicto casi personal en torno a dos conceptos diferentes de gestión empresarial. Y esto explica por qué el asunto no ha castigado demasiado a ambas empresas en Bolsa".
Pero por lo pronto, y después de los acontecimientos de la pasada semana, los adversarios en liza han replegado provisionalmente posiciones, como corresponde a la partida de ajedrez empresarial en la que están embarcados. Por un lado, Antoni Brufau, presidente de Repsol, cuenta con una inestable mayoría en el Consejo de Administración, gracias a la cual el pasado 15 de
enero logró, con los votos de los dos consejeros de La Caixa, el de la petrolera mejicana Pemex y los tres independientes, ver ratificadas, de una sola tacada, su cargo y su gestión como impulsor del Plan Estratégico, el catalizador de la crisis. Por el otro lado, Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, intenta hacer valer su mayoría –con el 20 por ciento de las acciones desde octubre de 2006 y tres representantes en el Consejo de Repsol– en el consejo de la petrolera para cambiar la dirección de la empresa y colocar a un equipo más en sintonía con su forma de concebir la estrategia de Repsol en estos momentos.
¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? Las partes en conflicto se preparan para el próximo asalto, previsto para el miércoles de esta semana, con una nueva reunión del Consejo de Administración, esta vez ordinario. Es probable que Sacyr, de nuevo, opte por no acudir, con lo que gana tiempohasta la Junta General de Accionistas prevista para el mes de abril o mayo. Antes de esa fecha, señalan varias fuentes, la crisis
deberá haberse cerrado definitivamente, en un sentido o en otro. El planteamiento de La Caixa, oficiosamente, es el de permitir que el accionista mayoritario, en este caso Sacyr, tenga una dirección en Repsol acorde con sus planteamientos. En todo caso, está más que descartado que, en el caso de que se haga finalmente efectivo el relevo de Brufau, Del Rivero le sustituya. Para el puesto suena en medios empresariales el nombre de Demetrio Carceller, cercano a Brufau, consejero y accionista de Sacyr, presidente de la cervecera Damm y de Disa, una empresa competidora de Repsol, por lo que la operación debería superar esta evidente incompatibilidad. Sin embargo, estos mismos medios tampoco descartan otros nombres, siempre y cuando cuenten con el respaldo de La Caixa, aunque lo ideal sería "encontrar una alternativa que deje contentos a todos, incluido Brufau". Algo difícil, pero, al parecer, no imposible. •
Divorcio por
Incompatibilidad de
caracteres
Desde hace unos meses, la falta de entendimiento entre Brufau y Del Rivero fue en aumento. Sin embargo, el asunto estalló a finales del año pasado, cuando el Consejo de la petrolera aprobó una reducción del 19 por ciento del dividendo previsto a cuenta de 2009. Esta decisión no gustó en absoluto a Del Rivero, quien, en varias entrevistas concedidas a medios de comunicación, subrayó el peligro que, en su opinión, suponía reducir dividendos en estos momentos. En concreto, llegó a señalar al diario Cinco Días en diciembre pasado que "queremos que Repsol siga la política que están practicando el resto de compañías del sector" que "elevan la remuneración al accionista una media del 7 por ciento, pese a una caída generalizada del beneficio del 50 por ciento".
Por el contrario, la idea de Brufau es que, a pesar de la crisis, no conviene truncar los planes a largo plazo, apostando por mantener intacto el ambicioso programa de inversiones de 33.000 millones de euros previsto en el Plan Estratégico 2008-2012, aprobado en febrero de 2008, antes del estallido de la crisis. Todo ello, sin contemplar grandes desinversiones.
Para Del Rivero, al margen de asunto puntual del recorte de dividendos, es necesario que este Plan Estratégico, del que Brufau ha hecho su caballo de batalla, se retoque, con el fin de adaptarse a los malos tiempos que vive el sector. "La estrategia puede y debe variar", ha afirmado Del Rivero. Para él, la solución pasa por desinvertir en áreas como Brasil o Argentina, a través de YPF, así como, posiblemente, revisar inversiones como la de la refinería de Cartagena o Petronor. Una estrategia empresarial conservadora y prudente, comprensible proviniendo de una empresa que, como Sacyr, tiene deuda de 11.500 millones deeuros, de los cuales 5.000 tienen su origen en la propia compra de su 20 por ciento en Repsol. Este hecho no ha sido desaprovechado por Brufau, quien ha señalado en Río de Janeiro, hablando de su oposición a desinvertir, que "nosotros no tenemos un problema financiero".
En cualquier caso, esta divergencia de opiniones pasó a mayores a principios de este año, cuando se desataron los rumores en torno a una hipotética intención de Sacyr de promover el relevo de Brufau. Éste, en una jugada táctica calificada como hábil por muchos expertos, decidió convocar por sorpresa y con 48 horas de antelación un consejo extraordinario, dedicado a tres puntos: ratificar su gestión del Plan Estratégico tan criticado por Del Rivero, confirmar supuesto de presidente, y, por último, analizar el comportamiento corporativo de otros consejeros. Una clara alusión, incluso velada amenaza, a Del Rivero y sus recientes declaraciones a la prensa.
A ese consejo extraordinario del 15 de enero los tres consejeros de Sacyr —el propio Del Rivero, Juan Abelló (poseedor de un 10 por ciento de Sacyr), y José Manuel Loureda— decidieron no acudir, gracias en gran medida a la intervención de Abelló, quien mantiene buenas relaciones tanto con Brufau como con Del Rivero.
Una hábil respuesta la de Sacyr, ya que de esta forma evitaron entrar en una confrontación directa demasiado pronto. "Los dos presidentes han sido muy inteligentes, cada uno a su manera", explica la citada fuente. "Brufau, al precipitar la crisis para abortarla, ya que aún no hay un candidato de consenso para el relevo entre Sacyr y La Caixa. Y Del Rivero, evitando entrar en la pelea directa, con lo que accede a los deseos de La Caixa, que no quiere bronca"
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