Cristina Narbona, embajadora de España en la OCDE
"CON UN 20 POR CIENTO
DE PARO,
NO PODEMOS
ESTAR ORGULLOSOS"
Salió del Ministerio de Medio Ambiente para mudarse a París en la primavera de
2008 y ser la embajadora de España en la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE), con sede en la capital francesa. Desde entonces,
Cristina Narbona (Madrid, 1951) trabaja para una institución que produce 300
informes al año y en los que la economía española no siempre sale bien parada.
Sin embargo, considera, frente a las críticas que ha recibido la flamante
presidencia española de la Unión Europea por los malos indicadores del paro en
España, que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sí puede dar lecciones en
el Viejo Continente, especialmente en ámbitos como el diálogo social, europeísmo,
energías renovables, protección social, sanidad, regulación bancaria o en reducción
de desigualdades sociales.
Por Salvador Martínez (París)
En no pocos informes de la OCDE se señalan los malos índices económicos de España. ¿Se le ha contagiado a usted el pesimismo
que se destila de esos estudios?
—Mi visión de la crisis no es pesimista. Estamos inmersos en una crisis general, que desde luego no es española. Va a haber una generación de gente joven que va a estar sufriendo, y que ya está sufriendo, un problema de desempleo altísimo en España, pero también es verdad que en una situación como ésta, en un país que ha abierto sus fronteras al mundo, se permite a muchos de nuestros jóvenes cosas inimaginables hace años. España puede recuperar una situación de creación de empleo y bienestar aunque no a cortísimo plazo. Es bueno ser realistas, tener los datos encima de la mesa. Con un 20 por ciento de paro, una cifra récord dentro de la OCDE, no podemos estar orgullosos.
—¿Es difícil representar a España en una organización internacional en la que no siempre se señalan las virtudes de la economía española?
—Lo que hay que hacer aquí es explicar. Y si hay diferencias entre las estimaciones del Gobierno español y las de la OCDE, hay que saber que las diferencias de una décima para arriba o para abajo del crecimiento del PIB, son relativas. Nunca estamos hablando de diferencias enormes, porque la economía no es una ciencia exacta y lo ha demostrado en los últimos tiempos. Ahora estamos en un momento de reflexión económica de largo plazo, a nivel europeo y español. Por eso interesa reorientar el modelo productivo con una ley de economía sostenible.
—Los resultados de esa ley llegarán a largo plazo, ¿La crisis ha hecho trascender a los líderes españoles y toman ahora medidas independientemente de los intereses electorales?
—Esta crisis ha abierto los ojos a muchos, porque había razones para pensar que, en términos económicos, en España, no estábamos dando con lo correcto. En la OCDE nos ocupamos precisamente de muchas cuestiones relacionadas con políticas a largo plazo y esto hace sentirme muy satisfecha aquí.
—¿Venir a París fue un exilio tras dejar lacartera de Medio Ambiente o una promoción?
—España forma parte de la OCDE y, en este sentido, tenemos mucho recorrido y mucho que sacar de nuestra presencia en ella. Aquí, me siento totalmente vinculada al Gobierno, al PSOE, porque sigo siendo miembro del Comité Federal, y ahora estoy en el patronato de la Fundación Ideas, con Jesús Caldera. Es decir, que estoy muy vinculada al proyecto político que tiene a Zapatero a la cabeza y con el que me identifico. Ahora estoy en la OCDE y creo que desde aquí también soy útil, y me siento con capacidad para hacer cosas positivas para la sociedad española.
—¿La Presidencia española de la Unión Europea será capaz de aportar soluciones y sacar de la crisis a Europa?
—Cuando hablamos de nuestros socios europeos, hay que tener en cuenta su diversidad. Hay gobiernos de distinto signo político. Nuestras propuestas van a conectar con la opinión favorable de algunos y, a lo mejor, no de otros. Pero esto último no es un impedimento para seamos activos desde la posición europeísta que es la de Zapatero, y que consiste en generar un interés general de la Unión Europea representado por las nuevas instituciones surgidas del Tratado de Lisboa.
—¿Va a haber una buena convivencia entre José Luis Rodríguez Zapatero y el nuevo presidente de la Unión Europea, el belga Herman Van Rompuy ?
—Por supuesto, hay buena sintonía con él aunque no se le conociera más allá de por ser líder político en Bélgica, un país muy complejo administrativamente. Pero este factor le ha dado fama de ser un buen constructor de consensos.
—¿Qué aportará España en esta presidencia europea?
—Aportamos nuestra experiencia, que ahora tenemos datos negativos en el empleo es indudable pero a un país no sólo se le juzga por el dato del desempleo. España es uno de los países que mejor ha aprovechado la pertenencia a la UE. España es una referencia en muchas cosas, no en materia de desempleo, pero sí en liderazgo empresarial en sectores de futuro, como las energías renovables, en el tema bancario, por la supervisión y regulación de los bancos en nuestro país. También en el último informe de sanidad de la OCDE salimos bien parados. Ocurre lo mismo con las desigualdades sociales. España es uno de los pocos países de la OCDE en el que las diferencias sociales se han reducido.
—En materia de política exterior, ¿Qué tiene que ofrecer España a Europa?
—La política exterior es el otro eje prioritario del Gobierno, que es Europa como actor global. Después del papel poco relevante que ha jugado Europa en la Cumbre de Copenhague, es un buen momento para reforzar el papel internacional de la Unión. El Gobierno español, por su carácter muy europeísta, está muy capacitado para tener ese discurso. Otros países, más recelosos con la gobernanza europea, serían menos creíbles en esta materia.
—Como ex ministra de Medio Ambiente, ¿Cómo valora los resultados de la cumbre de Copenhague?
—Una cosa es que no se hayan dado todos los pasos que se han de dar y otra es descalificar la cumbre, como esos que dicen que fue "marketing político". Con una
visión más estratégica, hay que valorar muy
positivamente que, por primera vez, Estados Unidos asume un liderazgo, no sólo pensando en su país, sino también en el resto de la comunidad internacional, con la idea de que el cambio climático es un problema al que hay que enfrentarse. Hasta antes de ayer, Estados Unidos negaba el problema y ocultaba los informes de la NASA sobre la cuestión.
—Volviendo a la economía española, los analistas más tremendistas hablan de que España se pueda venir abajo si el paro supera el 20 por ciento.
—En una coyuntura en la que hay que atender las necesidades económicas de la gente, el paro tiene un coste para el Gobierno. Pero según las estadísticas, ahora mismo hay el mismo número de personas paradas sin prestación de desempleo que las que había en 2002 o 2003 bajo el Gobierno de José María Aznar, cuando había menos parados. La protección social del desempleo en España ha aumentado muchísimo y estamos por encima del 70% de cobertura. En este aspecto, la OCDE nos pone muy buena nota.
—Cierto sector de la prensa internacional se apoya en la dualidad del mercado de trabajo español para lanzar dardos contra Zapatero. ¿Qué le parecen esas opiniones? —Usted se refiere a la prensa liberal más conservadora. Hay que manejar bien la información de cómo funciona el mercado laboral en otros países europeos. Por ejemplo, hay países en los que el despido es muy barato pero en el que los impuestos son más altos para las empresas, para permitir así la indemnización del desempleo. Esta es una forma de arreglar el problema, pero significaría que los empresarios tengan que pagar más impuestos en España, y eso no lo quieren nuestros empresarios. Hay que buscar combinaciones. Es fundamental que el Gobierno mantenga la idea de que la parte débil del mercado de trabajo son los trabajadores. El capital tiene otras posibilidades, como se está viendo. Me refiero a esas empresas que están teniendo altos niveles de beneficios y están despidiendo a gente.
—¿Que le parece que, en Francia, José Luis Rodríguez Zapatero aparezca descrito por la prensa como un "social liberal"?
—Cuando Zapatero no era todavía jefe de Gobierno, ya hablaba del "socialismo de los ciudadanos". Esa expresión siempre me ha gustado, porque tiene que ver con cómo deberíamos profundizar la democracia para que los ciudadanos sean más activos, en el campo de la economía y en general. En Francia, por ejemplo, no hay diálogo social. No hay nada parecido a lo que tenemos en España. Uno de los elementos que la OCDE ha valorado positivamente es que en estos años el Gobierno de España ha favorecido que haya avances en la gestión de la economía junto a sindicatos y empresarios. Desde aquí, muchos compañeros me han dicho: "¿Como con un 20 por ciento de paro no hay una revolución en España?". Pues bien, la respuesta es que los sindicatos tienen confianza en el Gobierno y eso es algo muy valioso. •
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