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Nº 865 - 25/1/2010

Carmen Alborch, portavoz socialista del Ayuntamiento de Valencia

"LA APISONADORA DEL PP NO VA A FUNCIONAR

CON EL CABANYAL"

Carmen Alborch (Castelló de Rugat, Valencia, 1947) vive la coincidencia entre la salida a la luz de su último libro, La ciudad y la vida, a un tiempo homenaje a Valencia, autobiografía y reflexión política, y la devolución de la esperanza a los movimientos vecinales y la izquierda valenciana de que la destrucción del barrio del Cabanyal prevista por el ayuntamiento popular para prolongar la avenida de Blasco Ibáñez no se lleve a cabo. Una orden del Ministerio de Cultura ha paralizado el derribo de edificios al tiempo que los mandatarios del PP pretenden continuar modificando la legislación. La portavoz socialista en el Ayuntamiento de Valencia y ex ministra de Cultura se muestra confiada en que vecinos y partidos de izquierda ganarán la batalla al PP.

Por Manuel Muñoz (Valencia)

La conversación se desarrolla en un restaurante del histórico barrio del Carmen de Valencia. La concejala y escritora encierra la pasión de sus palabras en su habitual tono sereno y manifiesta su sorpresa por el acaloramiento con que la alcaldesa, Rita Barberá, y sus compañeros del PP se han tomado la decisión del ministerio. Carmen Alborch, ojos negros y melena rojiza, viste traje de chaqueta y pantalón de color gris marengo sobre un suéter de punto negro y lleva al cuello un pañuelo de seda en tonos negros y grises. Un único pendiente con una piedra blanca engarzada en plata pende de su oreja izquierda.

—La protagonista de su libro es Valencia.
—Sí, pero, aunque la protagonista es la ciudad, vivimos en un mundo globalizado, en el que lo local y lo global se entrecruzan. Además nosotros somos ciudadanos cosmopolitas. Aparte de que nuestra ciudad siempre ha sido un ámbito abierto, donde ha habido diversas culturas, y nosotros somos viajeros. Aunque el libro esté ubicado en Valencia, es un paisaje en el que aparecen muchas personas de muchos tiempos. Digo en el prólogo que es un libro impresionista y también una especie de coIlage porque en él están muy mezcladas las opiniones propias con citas de libros, con músicas, con películas y sobre todo con muchas voces.

—No hay nada peor que el localismo cerrado, y en Valencia ha sido nefasto.
—Si fuera así no sería mi libro. En un capítulo que se llama Totum revolutum, que son ritos y paisajes, hablo de la albufera, porque me parece que el valor del paisaje es enorme. Si hablas de los ritos del fuego, están las fallas o las hogueras de San Juan, al mismo tiempo que en Dinamarca hacen los ritos del fuego y también en muchos otros lugares del Mediterráneo. El libro lo que es es un viaje exterior e interior. No hay cronología, está todo bastante mezclado, y está en torno a cinco ejes vitales, el primero de los cuales se llama El saber ocupa lugar, a propósito del cual hablo de la Universidad, de lo que supuso el campus de Blasco Ibáñez en la lucha contra el franquismo, desde que fue estudiante hasta que fui decana (de la Facultad de Derecho, 1984-87). Y luego hay muchos recuerdos no sólo valencianos. Si hablo de la amistad no sólo hablo de mis amistades en Valencia...

—Ha vivido también usted mucho en Madrid...
—Claro, pero si hablo de la amistad hablo de Epicuro y de Carlos Lledó y Castilla del Pino, por poner un ejemplo. Y hay otro concepto en el libro, que es que las ciudades y las personas somos el resultado de nuestros aciertos, de nuestros errores, de nuestros esfuerzos, de nuestros logros, de nuestro propio entorno y del ámbito en el que hemos nacido, tanto las ciudades como las personas. Las personas y las ciudades tendríamos que poder ser lo que queremos. Lerner, el que fue alcalde de Curitiba, en Brasil, decía que las ciudades tienen que decidir lo que quieren ser. Eso liga mucho con mi percepción de lo que debe ser la dudad. Hubo un momento en que había tina mayor sintonía, una mejor idea de lo que la ciudad quería ser. Por ejemplo, cuando se decidió que El Saler era para el pueblo y, sobre todo, lo de que "El /lit és nostre i el volem verd" ("El cauce [del Turia) es nuestro y lo queremos verde"). Son esos momentos históricos en que hay una coincidencia y además los gobernantes hacen caso a la voz de la ciudadanía. Pero además todo eso se somete a debate, cosa que ahora no existe. Pero a mí me interesa decir que esto se ha hecho aquí y ha sido posible, y ha sido en los mejores momentos de la ciudad. Porque lo que yo creo es que el PP lo que vende es falsa modernidad.

—Eso nos lleva a la revitalización del conflicto del Cabanyal, a propósito de la orden del Ministerio de Cultura que paraliza los derribos. Ha devuelto unas esperanzas que parecían perdidas.
—Y ha roto el fatalismo. Para nosotros ha sido muy importante y hemos trabajado mucho, bien y de una manera coordinada, porque no sólo hemos planeado mociones en el ayuntamiento; hemos estado en contacto con la plataforma Salvem el Cabanyal y con los vecinos, pero también hicimos el Taller del Cabanyal con las universidades valencianas, que fue el que hizo una concentración de masa crítica sobre lo que ha sido, lo que es y lo que puede ser el Cabanyal, despejando esa idea de que el progreso va unido a la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. Esa solución es agresiva y no comporta beneficios.
—En realidad es una solución de principios del siglo XX.
—Claro. Para nosotros el Cabanyal es un símbolo. Es un modelo de ciudad, y eso también es importante. En el libro también hablo del Cabanyal, pero es que te pones en la cale de la Reina y te imaginas lo que podía ser aquello. No es un ejercicio de nostalgia, no es lo que fue, ni lo que pudo haber sido y no fue, sino lo que fue y sobre todo lo que puede llegar a ser, porque es un lugar privilegiado que está al lado del mar y de parte de las dos universidades valencianas. Por eso nosotros decimos una cosa que ha sentado fatal al PP: ya los clásicos decían que sólo los bárbaros identifican la destrucción con el progreso. Además el movimiento Salvem el Cabanyal es un movimiento participativo pero también creativo. Han hecho las jornadas de puertas abiertas, han utilizado la vía judicial pero al mismo tiempo han implicado a artistas, a la opinión pública... y siempre con ese afán de que permaneciera una riqueza, la defensa de un patrimonio, de unas formas de vida, de un determinado trazado. Porque la trama urbana es importantísima. Primero había barracas, luego se transformaron en esas viviendas modernistas...

—El modernismo popular.
—Sí. Uno de los informes que han dado lugar a la orden del Ministerio de Cultura es del director del Museo Nacional de Cerámica, porque la cerámica ahí tiene un valor incalculable. Eso es preservar nuestro patrimonio y romper con esa idea fatalista de que aquí el PP siempre gana. El PP es la apisonadora y dices: Pues no, es rehabilitación sin destrucción. Y otra cosa muy importante: el deterioro del Cabanyal se está produciendo no porque Salvem quiera salvar sino por un empecinamiento. Si tú estás empeñado en abrir una avenida, compras casas y dejas que entren grupos marginales, haces que todoeso cree una situación de deterioro. El ayuntamiento les ha vendido la idea de que eso sólo se va acabar con la apertura de Blasco Ibáñez, y ésa es la gran falacia.

—Que vuelve a haber batalla es evidente pero, ¿creen ustedes que la van a ganar?
—Sí. Estoy convencida porque en la última asamblea que hubo de Salvem el Cabanyal, a la que nos invitaron y fuimos, se decía que lo moderno ahora no es hacer una avenida, sino rehabilitar, revitalizar, mantener tus señas de identidad. Eso es la modernidad.

—El PP se lo ha tomado muy a pecho, como una gran ofensa.
—Creo que hay un grado enorme de autoritarismo y lo han tomado como un arma de confrontación y una vez más de pulso con el Gobierno central. Yo creo que el PP aquí no ha podido soportar que ganáramos las elecciones generales. Eso les ha desencadenado todos sus fantasmas: el victimismo, el "Zapatero no nos quiere". El PP lo ha querido simbolizar como un ataque a nuestra autonomía, cuando no lo es. Se rompe el círculo vicioso de que simpre gana el PP. Esta vez no gana y la apisonadora no le va a funcionar. •


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