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Internacional
Nº 865
25/1/2010
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Los presupuestos militares se disparan en el sur de América

ARMA LATINA

Los gastos de Defensa en el subcontinente americano se han lanzado a una escalada sin precedentes en los últimos años. El control estratégico de la región por parte de Estados Unidos, la reafirmación como potencia de Brasil, las tensiones entre Colombia y Venezuela o las viejas disputas territoriales entre Perú y Chile podrían estar entre las causas de este espectacular incremento de inversiones en armamento en una zona del mundo en la que, además de más de 200 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza, existen muchas tensiones
sociales y un pasado cercano donde los ejércitos han desempeñado un papel preponderante, pero no por su participación en conflictos allende sus fronteras, sino en la represión de sus propios pueblos.

Por Antonio Sarrión

Según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el total del gasto militar en los países de América del Sur ascendió a 34.000 millones dólares en 2008 –últimos datos globales disponibles–, lo que implica un incremento del 50 por ciento en la última década.

Estas cifras se incrementan si se tiene en cuenta a toda América Latina y el Caribe. Así, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), radicado en Londres, el desembolso de estos Estados en armamento se incrementó un 91 por ciento entre 2003 y 2008. A tenor de los datos recogidos en el Informe Balance Militar 2009 de esta institución, se pasó de una inversión de 24.700 millones de dólares en 2003, a 47.200 millones en 2008.

A la cabeza del ranking de 'los más armados' se sitúa Brasil. El SIPRI cifra su dispendio en 27.540 millones de dólares en 2008, lo que significa el 55 por ciento de todo el gasto militar de Sudamérica. El gigante latino se ha convertido en el 12° país del mundo con mayor reforzamiento bélico.

El segundo lugar lo ocupa Colombia, que destinó a este fin en 2008 la cantidad de 6.746 millones de dólares, seguido de cerca por Chile, con una inversión de 5.395 mi-llones. La 'cuarta plaza' es para Venezuela, que se gastaba en armas 3.321 millones de dólares.

En el polo opuesto se sitúa Argentina, que figura como la nación que menor porcentaje de su PIB invierte en su ejército. En esta clasificación de la proporción de la riqueza dedicada a 'sacar músculo', el primer puesto lo ocupa Colombia, que invierte un cuatro por ciento de su PIB en armas. Le secunda Chile, con un 3,4 por ciento, mientras que Ecuador emplea un 2,9 por ciento. El ejército boliviano se lleva un 1,7 por ciento de los ingresos del país; Brasil dedica un 1,5 por ciento de su presupuesto; Venezuela, el 1,3 por ciento; Uruguay, el 1,3; Perú, el 1,2. Cierran la lista Paraguay y Argentina, que usan un 0,8 de su Producto Interior Bruto en el sostenimiento de sus fuerzas armadas.

El principal vendedor es Estados Unidos, que abastece a la práctica totalidad de los ejércitos del subcontinente, pero con la llegada de gobiernos de izquierdas a la región, los proveedores originales han dejado de garantizar la puesta al día y la transferencia de la tecnología necesaria a estas naciones, por lo que, en los últimos años se está produciendo un cambio de tendencia. De este modo, el principal inversor en armamento, Brasil, ha decidido 'salir de compras' a otras 'tiendas'. Lula firmaba un acuerdo de cooperación y transferencia tecnológica militar con Francia por importe de 12.500 millones de dólares, que incluye la compra de cinco submarinos, uno de ellos, nuclear –el primero en poder de un país de América Latina-, 50 helicópteros de transporte y 36 aviones de caza.

Venezuela ha preferido diversificar sus proveedores. Entre 2004 y 2008 se gastaba 4.400 millones dólares en Rusia adquiriendo 110.000 fusiles de asalto Kalashnikov y 24 aviones Sukoi SU. La cifra asciende a 7.000 millones si incorporamos las armas adquiridas en Bielorrusia, China y España. También Bolivia firmaba una acuerdo de compra con Rusia más modesto, por importe de 100 millones de dólares.

Los analistas tratan de dar una explicación a esta carrera armamentista en un continente sin apenas historia de conflictos entre Estados. Para unos, especialmente en el caso de Brasil, se hacía necesaria la modernización de unos equipos que llevaban mucho tiempo siendo obsoletos, pero para la mayoría, la causa fundamental radica en el cambio de signo político del subcontinente, que en pocos años ha pasado de ser dominado por las oligarquías y sometido por unas fuerzas armadas desleales a su pueblo y entrenadas en Estados Unidos para ello, a contar con una mayoría de gobiernos de izquierda que, en algunos casos –Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua– están abiertamente enfrentados con los intereses estadounidenses en la zona.

La región está bajo un completo control estratégico y operacional de las fuerzas militares de EEUU, mediante el denominado Comando Sur y la Cuarta Flota. Por otro lado, el principal aliado estratégico de Washington en la zona, Colombia, ha incrementado la tensión con Venezuela y con Ecuador –país en cuyo territorio realizó un ataque militar para asesinar al jefe de las FARC, Raúl Reyes-, lo que ha incrementado notablemente la tensión en toda el área.

A esto hay que añadir que tanto Brasil como Venezuela perciben como una amenaza directa a su seguridad la implantación de siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano, como resultado del polémico Acuerdo de Cooperación de Defensa (DAS), entre Colombia y EEUU, el pasado 30 de octubre, y que complementa la masiva ayuda militar que Bogotá ya venía recibiendo de Washington en los últimos años a través del denominado 'Plan Colombia' –que convertía a este país en el tercer, tras Israel y Egipto, perceptor de ayuda militar norteamericana–.

Pese a que las explicaciones ofrecidas por los firmantes del DAS tratan de tranquilizar a sus vecinos, asegurando que las bases se utilizarán exclusivamente como refuerzo operativo en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, y sólo en territorio colombiano, el conocimiento de la propuesta realizada ante el Congreso estadounidense (el pasado mes de mayo) para solicitar la aprobación de un presupuesto de 46 millones de dólares destinado a las nuevas bases en territorio colombiano, revelado por el semanario bogotano 'Semana', ha venido a cargar de razón las sospechas manifestadas por Hugo Chávez y Lula.

El texto remitido al Congreso de Estados Unidos presenta el uso de estas siete bases (Apíay, Cartagena, Larandia, Málaga, Malmbo, Palanquero –la principal- y Tolemaida) como una "oportunidad para realizar operaciones de amplio espectro en toda Sudamérica", que permitirán la fuerza aérea estadounidense "el acceso a todo el continente" y "aprovechar la infraestructura existente en la medida de lo posible, mejorar la capacidad de Estados Unidos para responder rápidamente a las crisis y asegurar el acceso y la presencia regional a un costo mínimo".

En la solicitud al Congreso, el texto remitido también considera imprescindibles las bases colombianas para "aumentar la capacidad de llevara a cabo la inteligencia, vigilancia y reconocimiento de la fuerza Aérea de EEUU". Las bases podrían ser utilizadas para operaciones de combate continentales y "neutralizar a gobiernos regionales considerados anti-estadounidenses".

Venezuela rompía sus relaciones diplomáticas y comerciales con Colombia el pasado 5 de noviembre, al tiempo que denunciaba acciones de espionaje colombianas en territorio de su país durante la Cumbre de Naciones del Sur (U NASUR), y ordenaba abatir los aviones no tripulados que se adentraban en territorio venezolano. •

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