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Nº 865

25/1/2010

Perspectivas 2010: Terrorismo y seguridad

Por Juan Antonio Barrio

EI intento de atentado en el vuelo Ámsterdam-Detroit ha vuelto a poner de actualidad –aunque siempre, no lo olvidemos, esta ahí el terrorismo ligado a Al Qaeda a escala de debate global. Digo esto último porque en España se sigue muy de cerca la situación de los tres secuestrados por la organización de Al Qaeda en el Magreb o alguna franquicia próxima. A mi juicio, lo peor que podríamos hacer es enfocar el debate en una cuestión colateral (los famosos escáneres de cuerpo entero) sin ir a la cuestión más global: la fuerza del terrorismo en determinadas zonas, sus causas, y, si vamos a la cuestión de la lucha contra él el clamoroso fallo de coordinación entre las distintas agencias de seguridad que implica la subida al avión de la persona que iba a ejecutar el atentado del vuelo referido. Lo de menos es la cuestión técnica de si los nuevos controles en cuestión hubieran detectado o no el explosivo (que, además, parece que no lo hubieran detectado) sino por qué esa descoordinación permitió que un individuo del que su propio padre había alertado, pudiera subir a ese avión. Y, para continuar, habría que hablar del increíble fallo que permitió que un probable agente doble se haya hecho estallar en el interior de una base estadounidense con siete de las más cualificados agentes de la CIA.

Pero, ciertamente, no son éstos los únicos fallos en la lucha contra el terrorismo. La nueva estrategia de Obama en Afganistán, que será secundada por los aliados en la conferencia de Londres de finales de enero, tiene, desde luego, aspectos positivos. El nuevo enfoque de mínimos es uno de ellos. La afganización de la cuestión de la seguridad es muy importante. Y también la fijación de una fecha de comienzo de reducción de tropas (2011). Pero las dudas no se despejan, ni mucho menos. ¿Cómo se evaluará la eficacia de la nueva estrategia? ¿No se caerá en la tentación de enviar más tropas todavía si no se han alcanzado los objetivos esperados? Y, mientras tanto, parece obligado extremar las precauciones en cuanto a las víctimas civiles. La experiencia dice que varios incidentes de este tipo suelen hacer más en contra que lo que se pueda hacer a favor con tareas de reconstrucción y desarrollo como las llevadas a cabo por las tropas españolas. En cualquier caso, no cabe sino apoyar las afirmaciones del Jemad, Julio Rodríguez: "Cuanto antes podamos marcharnos, mejor".

Otro aspecto de la cuestión es el hecho, parece que demostrado, de la implicación de la rama de Al Qaeda en la península Arábiga, y en concreto en Yemen, en la preparación del intento de atentado que estamos comentando. Pues bien, Yemen puede ser un buen banco de pruebas para demostrar que la nueva estrategia se puede aplicar, que la lucha contra el terrorismo no requiere invadir países sino operaciones selectivas, servicios secretos eficientes, apoyo a gobiernos no corruptos y, sobre todo, y a medio y largo plazo, luchar contra la miseria que sigue siendo el caldo de cultivo en que se mueve.
Sin embargo, sabemos que ya en el año pasado Yemen recibió de EE UU más ayuda militar que Pakistán, a pesar de lo cual Al Qaeda ha tenido éxitos considerables en su política de alianzas con grupos tribales y secesionistas.

Se habla mucho de la procedencia elitista y multimillonaria de Bin Laden y otros dirigentes y militares de Al Qaeda (por ejemplo, el propio autor del atentado del vuelo Ámsterdam-Detroit, hijo de un banquero nigeriano) también se ha hablado de la radicalización de musulmanes de segunda generación ante el choque de una no integración en el mundo occidental y de una reafirmación identitaria en clave de rechazo absoluto de ese mundo. Todo ello es importante y debe ser tenido en cuenta. Pero se habla menos de un elemento mucho más clásico: casi todos los sitios en donde arraiga Al Qaeda y el terrorismo o la piratería con fuerza, y no sólo como manifestaciones aisladas, pertenecen a la lista de países más pobres de la tierra, de Mali Somalia o el propio Yemen. Si nos referimos a este último país, casi el 50 por ciento de la población vive en la pobreza absoluta, el paro ronda el 40 por ciento y se ceba en los jóvenes; teniendo en cuenta que más de la mitad de la población tiene menos de 20 años ,la situación resulta potencialmente explosiva. Estados fallidos, gobiernos débiles y/o corruptos son otros elementos de la ecuación que aprovechan los terroristas o los piratas. Las medidas de seguridad en aeropuertos o de protección en los barcos son necesarias pero nunca serán suficientes. Aunque las medidas nunca darán resultado más que a medio o largo plazo, sólo un empoderamiento efectivo de las poblaciones de esos países sobre sus vidas en conjunto y no solamente sobre su seguridad puede tener expectativas favorables en este terreno. •

*Diputado por el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso

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