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Nº
865 - 25 de enero de 2010 |
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De los controladores aéreos, de Ussía, de Bocos y del diputado canario Segura Clavell Por mí, que les suban el sueldo [a los controladores]. Y si no hay dinero, que se lo quiten a los gorrones de la liberación sindical”, proclamó el otro día Alfonso Ussía, ese señorito reaccionario, de aristocrática familia de condes, que fue echado de ABC por insultar gravemente a los vascos como si todos fueran de ETA. Ahora insulta a los sindicalistas para defender a los controladores aéreos. Lo hizo el sábado 16 de enero en La Razón, que lo fichó en su batalla con ABC tratando de captar lectores cuanto más conservadores, mejor. A la derecha le encanta que este país tenga un cuerpo de funcionarios de elite, como lo son los controladores, que ganan lo que no está escrito y se enriquecen gracias al dinero público. Ussía critica aceradamente “esa obsesión por los sueldos (…) es injusta y demagógica”. Arguye que “los controladores ganan mucho dinero, pero su responsabilidad es altísima”. Lo explica como si la mayoría de ciudadanos tendiéramos a la idiotez innata o sobrevenida: “Cuando viajamos en un avión que se aproxima a un aeropuerto en el que aterrizan y despegan dos aviones por minuto, no lo hacemos soltando alaridos de terror gracias al trabajo de los controladores. En su pantalla se mueven decenas de puntitos. Esos puntitos llevan centenares de vidas, y esas vidas dependen de su criterio y profesionalidad”. Tamaña justificación no se aguanta en absoluto. Las vidas de miles y miles de niños dependen de la pericia y la prudencia de los conductores de autobuses escolares. La responsabilidad de los conductores de autobuses urbanos es también enorme, como lo es la de los vehículos que transportan a los ancianos de la tercera edad. Los médicos de los hospitales se enfrentan cada día a múltiples situaciones en los que los enfermos o pacientes a veces se hallan en el límite y, desde luego, pueden morirse por falta de atención, desidia, cansancio o, simplemente, ignorancia. Pero ni los chóferes o los médicos de centros sanitarios cobran la mitad de la mitad de la mitad, de lo que se embolsan nuestros agraciados controladores aéreos. Los razonamientos de Ussía son similares curiosamente a los empleados por Fermín Bocos, conocido periodista que, por cierto, y según todos los síntomas, se ha instalado en el túnel del tiempo, de modo y manera que paulatinamente va regresando a sus orígenes ideológicos. Es decir, que el mencionado profesional de la comunicación se siente maltratado por el Gobierno actual y, en los últimos años, ha decidido cambiar de rumbo político, orientando su aterrizaje, ya que hablamos de controladores aéreos, en una pista ubicada a la derecha. El argumentario de Bocos viene a ser igual, en el fondo, que el de Ussía. Resalta la suma importancia de los controladores que necesitan “pericia técnica, rapidez mental para tomar decisiones acertadas en situaciones de gran tensión y muchísima responsabilidad. Tanta como poder decir, sin exagerar, que está en sus manos la seguridad y la vida de los pasajeros, los pilotos y los tripulantes de los aviones. Así las cosas convendría que todos supiéramos de qué estamos hablando. No tengo nada que decir en contra de si en una economía de mercado, como lo es la nuestra, los controladores resulta que cobran lo que cobran. Su tarea es vital y mientras no se demuestre lo contrario están haciendo bien su trabajo”. Bocos aprovecha para arremeter contra el ministro de Fomento, José Blanco: “El ministro de Fomento llama privilegiados a los controladores y, al parecer, el Ministerio también es la fuente que ha desvelado el monto del salario medio que percibe un controlador y la carga anual de horas de trabajo. Tengo para mí que semejantes revelaciones han sido facilitadas con la inocultable intención de crear mala imagen a los controladores (…)”. Ussía, como queda dicho, ataca frontalmente a los sindicatos. Dice con la acreditada frivolidad de los pijos que “si hay que equiparar sueldos con los profesionales europeos, se hace y punto”. Añade: “Y vamos a dejarnos de gorrones innecesarios. Catorce millones de euros tiramos los españoles, subvención del Gobierno, a los sindicatos CC OO y UGT todos los meses. Con ellos se pagan las nóminas de esa legión de liberados sindicales que no sirven para nada y no dan un palo al agua. (…) ¿Dedican los Estados que pagan menos a sus controladores catorce millones de euros al mes en el sostenimiento de unos sindicatos trasnochados que no pueden vivir con las cuotas de sus militantes? Todos igual. Se rebaja el sueldo a los controladores y se deja de pagar a los liberados sindicales y a ver qué tal”. Por eso me ha parecido balsámico y sensato el artículo de José Segura Clavell en El Siglo de la pasada semana acerca de los controladores. Reproduce el diputado canario Segura Clavell, del PSOE, una entrevista que publicó El Mundo en su edición dominical del 11 de enero de 2009 con el presidente del sindicato USCA, en el que militan casi el 100% de los controladores españoles, en la que llegaba a manifestar que “somos el único colectivo capaz de derrocar a un Gobierno”. “Curiosamente, precisa el diputado, los controladores constituyen el único colectivo que nunca ha declarado o solicitado ejercitar el derecho constitucional a la huelga, siempre han sido actuaciones a la sordina y han alcanzado un alto nivel de soberbia (…) Se consideran, y hasta ahora lo han logrado, totalmente intocables”. En la actualidad, a los controladores les ha surgido un ministro de Fomento, Blanco, dispuesto a plantar cara a sus abusos. Vamos a ver qué sucede. Ya era hora de que alguien dijera basta. Esto no es una cuestión de economía de mercado, como dice equivocadamente Bocos; es un pulso o chantaje al Estado y a los contribuyentes. Y encima alardean de ser capaces de cargarse un Gobierno. |
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