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Nº 864 - 18 de enero de 2010

Blanco y Rubalcaba se preparan para la esperada crisis tras el semestre europeo

Quieren ser ‘vices’

Que Zapatero repetirá como candidato del PSOE en 2012 todos lo dan por hecho, pese al silencio del jefe. Pero quién llegará con él a las generales como su mano derecha es terreno por conquistar. Desde que José Blanco entró en el Gobierno ya nada es como antes. El brillo de la hasta hace poco todopoderosa vicepresidenta De la Vega lleva tiempo palideciendo y su sucesión como número dos del Gobierno ya está en disputa. Junto al cada vez más crecido ministro de Fomento, el titular de Interior, el incombustible Rubalcaba, también aspira al cargo que siempre anheló. Aún ha de pasar el semestre de presidencia europea y los movimientos todavía son discretos, pero la carrera ya ha comenzado.

Por Inmaculada Sánchez

Demasiado riesgo”. Ésta es la respuesta de un miembro del Consejo de Ministros bien informado a la pregunta de por qué Zapatero no cesó también a Maria Teresa Fernández de la Vega cuando prescindió de Solbes en la última remodelación, tal como en el PSOE se suponía.

La tesis de que los dos vicepresidentes con los que Zapatero inició su recorrido en Moncloa habían concluído su etapa era generalmente aceptada por el entorno del presidente al iniciar la legislatura y nueve meses después tampoco ha variado. “Si Maria Teresa no cesó en abril”, arguyen las fuentes citadas, “probablemente lo hará en la próxima crisis, después del semestre europeo o cuando el presidente lo planee, de cara a encarrilar el final de la legislatura”.

Sea el argumento más o menos acertado –sólo el presidente puede saberlo– lo cierto es que ya se perciben movimientos para situarse de cara a esa próxima crisis de gobierno que todo el mundo dentro del PSOE da por descontada.

Pese a que todo son reconocimientos en cuanto a su labor como apagafuegos y timonel del Ejecutivo durante los últimos cinco años, la figura de Maria Teresa Fernández de la Vega declina hoy entre los socialistas y, tal como ya traducen las encuestas del CIS, también entre los españoles. La eficaz y trabajadora De la Vega se ha mantenido la primera en popularidad entre los ciudadanos durante la práctica totalidad de la primera legislatura socialista pero el 2009 su estrella comenzó a apagarse.

Ya en octubre de 2008 perdió su privilegiada posición en cabeza de los barómetros trimestrales del CIS en favor de la emergente ministra de Defensa, Carme Chacón. Pero en julio del año pasado su posición pasó a ser incluso la tercera tras la citada Chacón y el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se aupaba al primer puesto. El más reciente barómetro, el de noviembre pasado, repetía los puestos del trío. La crisis del Alakrana, sus choques con algunos colegas de Gabinete y el simple desgaste al ejercer en primer línea como ministra de Presidencia y Portavoz parecen estar pasando factura a la omnipresente vicepresidenta.

Percibida esta “debilidad” los hombres más fuertes del entorno de Zapatero están haciendo valer sus cartas con la vista puesta en esa futura remodelación. Y los nombres que citan todas las fuentes bien informadas son el de José Blanco y el de Alfredo Pérez Rubalcaba.

El titular de Fomento ha aterrizado en el Gabinete con el marchamo de número dos de Zapatero en el partido ya incorporado. Si alguna vez se dudó de su capacidad para controlar los territorios, ocho años después de su elección como secretario de Organización del PSOE, es una realidad que nadie en el aparato se mueve sin su permiso.

Reconocido este poderío del gallego, la sorpresa ha llegado al comprobarse su gestión como ministro. Desde que ocupara el despacho de Magdalena Álvarez, no ha hecho más que recibir elogios, no sólo desde sus propias filas, sino, incluso desde el PP, con quien ha sabido desactivar tensiones heredadas de su antecesora, especialmente con la mediática Esperanza Aguirre.

Su labor al frente del ministerio con mayor presupuesto de gasto no le ha impedido mantener su posición de referente en el partido, como vicesecretario general que es desde que cedió el testigo en Organización a Leire Pajín, ni ocupar otros espacios a priori alejados de sus competencias como las discretas negociaciones de paz con Prisa o la sucesión de Chaves en Andalucía, donde ha tomado una arriesgada opción al apoyar al díscolo sucesor Griñán frente al vicepresidente Territorial (Más información en nº 854 de El Siglo: “Se crece. El poderío de Blanco ya choca con Leire y con Chaves”).

Que Blanco, pues, juega a algo más que a ser un buen ministro de Fomento o a prepararse para una “retirada” como futuro candidato a la Xunta de Galicia ha comenzado a ser una evidencia para los más informados del PSOE. Que su ascenso natural en política nacional sería ocupar la vicepresidencia primera, una obviedad. Y que en ese recorrido tiene un serio competidor en Pérez Rubalcaba, una información sólo al alcance de unos cuantos.

“Tanto Blanco como Rubalcaba están apostando por ser vicepresidentes”, explica una fuente muy cercana a Moncloa. Pese al reiterado mensaje del titular de Interior sobre sus ganas de “retirarse”, la mayoría de quienes le conocen bien no concede credibilidad a esa intención y más bien la califican de “discurso protector”.

“Él va diciendo que ha perdido influencia en el presidente, que ya no le escucha como antes, pero es el típico mensaje de Rubalcaba cuando las cosas van mal, para no involucrarse ahora y luego aparecer como el salvador”, añade una fuente que frecuenta el entorno monclovita de Zapatero.

La tensión en que transcurrieron las relaciones entre De la Vega y Rubalcaba en la primera legislatura de Zapatero es un dato objetivo para quienes argumentan que los anhelos del titular de Interior no pasan por dejar el Gobierno sino, más bien, por alcanzar el ascenso a vicepresidente que siempre soñó. “Es lo único que le falta, después de su dilatada carrera. Si no lo alcanza, entonces sí es posible que quiera retirarse”, afirman en el PSOE.

Ambos “aspirantes” reúnen unas condiciones propicias para el puesto de primer vicepresidente y coordinador del Gobierno que incluso sus adversarios políticos les reconocen y que, en los inicios del liderazgo de Zapatero en el PSOE, les llevaron a coincidir y alumbrar una complicidad que aún hoy se mantiene (si la carrera por el puesto de vice no se la lleva por delante)

Amigos y cómplices desde 2000. Cuando Blanco llegó a la secretaría de Organización del PSOE, Rubalcaba aún “penaba” su apuesta por Bono en el congreso ganado por el leonés. El gallego, con el permiso del nuevo líder, rescató al ex ministro y, con fino olfato, le incorporó a su grupo de cercanos en el nuevo Ferraz.

Rubalcaba, dispuesto a trabajar para los nuevos dirigentes, ofreció a Blanco buena parte de su sabiduría palaciega, le presentó a periodistas de Madrid, le abrió la puerta a los secretos de las encuestas electorales, de la mano de Julián Santamaría, el histórico gurú demoscópico del PSOE, y trabó con él una amistad que, una vez nombrado portavoz parlamentario del grupo en el Congreso, funcionó como tandem de poder a las mil maravillas.

Ambos han compartido los maitines de Moncloa mientras han sido costumbre semanal del presidente y han recelado, por igual, tanto del autónomo poder de De la Vega como de la creciente influencia de los denominados “amigos del móvil” de Zapatero. Ahora, quienes observan que sus ascendentes caminos pueden llegar a cruzarse e, incluso, chocar aluden a las paradojas de la política para justificarlo.

Que sean los ministros de Fomento e Interior los únicos que aparezcan en la carrera por ese cotizado primer puesto a la vera del presidente sólo se explica desde la débil posición de los otros dos vicepresidentes, Salgado y Chaves, a pesar de que los dos se han estrenado en el cargo en abril pasado y no arrastran el desgaste ni del ya amortizado Solbes ni, mucho menos, de la hiperactiva De la Vega.

“A Chaves le prometieron ser el politicón del Gobierno, pero no se leyó la letra pequeña del contrato”, explica muy gráficamente un miembro de la ejecutiva federal del PSOE que conoce bien cómo se fraguó su nombramiento como vicepresidente Territorial.

Según estas fuentes, su primera decepción al ocupar el cargo fue conocer que en la “maleta” de las aburridas competencias “de los funcionarios” que pasaba a la vicepresidenta De la Vega se encontraban también los delegados del Gobierno, auténtico poder territorial que el ex presidente de la Junta andaluza rápidamente echó en falta en su nuevo puesto.

¿Cómo es que De la Vega, a pesar de su supuesta pérdida de influencia, arrancó a Zapatero esa competencia, por la que venía luchando desde la primera legislatura? La explicación aportada por las fuentes consultadas radica en que el presidente no percibió “peligro alguno” en el traspaso. Esto es, el maquiavélico presidente acotaba el poder del nuevo vicepresidente Chaves, al restarle los delegados del Gobierno, y compensaba a su “disminuída” vicepresidenta con un regalo que, salvo en las reuniones de coordinación, no iba a incrementar sustancialmente su poder. “De hecho, los delegados del Gobierno los “nombra” Blanco en consenso con los territorios en los que gobernamos”, añade un diputado cercano al equipo del vicesecretario general.

Los problemas de Chaves con Griñán, al que designó sucesor en la presidencia de la Junta sin pensar que le pidiera la secretaría general del partido en Andalucía tan pronto, terminan de perfilar el dibujo de un poder territorial y orgánico que empieza a declinar para el ex presidente andaluz.

Precisamente, Blanco, en su creciente omnipresencia, no ha dudado en apoyar a Griñán en su pulso frente a Chaves, una operación interpretada en el aparato del PSOE como un claro movimiento del ministro de Fomento para “mojar” en un territorio, el andaluz, que hasta ahora se erigía como el único donde su poderío no se había podido instalar.

Descartado Chaves para futuros “ascensos” dentro del Gobierno, la otra vicepresidenta, Elena Salgado, no inquieta a los aspirantes, dado su perfil técnico y su discurso político escasamente independiente del formulado desde Moncloa. Sólo Carme Chacón, ministra de Defensa y, en su día, imagen ascendente del universo zapaterista podría jugar en posiciones protagonistas  el próximo partido pero su recorrido en el ministerio ha tenido más de un inesperado tropiezo y las apuestas por ella han empezado a bajar enteros. 

Y de Chacón... ¿qué?

Cuando fue nombrada, para sorpresa de todos  –hasta para los gobiernos de medio mundo–, ministra de Defensa estando embarazada de su primer hijo la figura de Carme Chacón emergió aún más como la “esperanza blanca” del zapaterismo después de Zapatero.

Su edad, su género femenino, su imagen y su cercanía al líder así lo atestigüaban. El presidente, al colocarla al frente de uno de los ministerios considerados “de Estado” parecía rubricar esta impresión general como si de un curso preparatorio para su futura sucesión se tratara.

Nueve meses después, sin embargo, la estrella de Chacón no brilla con la misma intensidad. No sólo la ha tocado lidiar con inesperados problemas para un departamento habitualmente tranquilo, sino que también, según explican fuentes cercanas a su entorno, el ser señalada tan pronto como futura vicepresidenta o sucesora de Zapatero la ha perjudicado.

“Todos los ministros han jugado contra ella”, afirma tajante una de estas fuentes consultadas quien cita expresamente además a la vicepresidenta primera, Maria Teresa Fernández de la Vega, como una de las que más ha “trabajado” para que los posibles traspiés de Chacón quedaran en evidencia. “Sin tener en cuenta que, en realidad, el perjudicado era todo el Gobierno”, concluye.

Al margen de a quien corresponda atribuir la responsabilidad lo que sí se vivió como un error dentro del Gobierno y del PSOE fue la  imagen de descoordinación que, en un primer momento, se transmitió durante el secuestro del atunero Alakrana, agravada por la tensión entre De la Vega y  Chacón que se llegó a percibir.

De hecho, y a pesar del feliz desenlace del secuestro para los pescadores españoles, el Gobierno sufrió un importante desgaste con el caso. que el PP  también explotó en su provecho.

Chacón ya había sufrido anteriormente algún patinazo cuando, al poco de asumir el cargo, provocó el enfado de Washington al anunciar la retirada de las tropas españolas en Kosovo antes de comunicárselo a nuestros aliados en la OTAN. Su proyecto de reforma de la carrera militar también le ha granjeado agresivas campañas en contra de determinados medios de la derecha. Ajenas a su gestión han sido, por otra parte, las andanadas de la misma derecha mediática lanzadas contra su estilo o su vestimenta.

Superados esos primeros meses de alta exposición mediática Chacón ha optado por un perfil más discreto pero los compromisos de Zapatero con Obama en torno a la presencia de nuestras tropas en Afganistán no se lo están poniendo nada fácil.

El ‘presi’ no habla de su candidatura

A  todos en el PSOE les gustaría un rotundo anuncio ya que nadie contempla, hoy por hoy, otra posibilidad distinta a que sea Zapatero el candidato socialista a las próximas elecciones generales de 2012. Pero el presidente se está cuidando mucho de atarse con una promesa pública.

Tanto, que su evasiva respuesta a una pregunta al respecto en la rueda de prensa de balance del 2009 en Moncloa, el pasado 30 de diciembre, ha dado lugar a un indeseado, para el PSOE, debate público  sobre quién será su candidato. Zapatero contestó con un “mi única obsesión es la recuperación económica y la creación de empleo”. No hacía falta decir más.

Una encuesta publicada por el diario El País en los primeros días de enero en la que el 66 por ciento de españoles consideraba que el presidente no debía repetir como candidato en las próximas elecciones puso la guinda al “pastel” montado y el aluvión de declaraciones de políticos socialistas y de la oposición lleva días copando los medios.

Mientras el PP y el resto de partidos de la oposición aprovechan el caso para poner el acento en la posible debilidad de Zapatero, desde el PSOE han salido en tromba, todos a una, a confirmar que no hay debate sucesorio alguno. Además de José Blanco y Leire Pajín, asegurando que el único candidato posible es Zapatero, el presidente andaluz, José Antonio Griñán, ha dicho muy gráficamente, que el debate es “de muy mala leche”

La hora de la política y la hora de la verdad por Enric Sopena


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