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Nº 864 -18/1/2010

Su propuesta de sanciones a los Estados le enfrenta a Merkel


ZAPATERO PIERDE SU PRIMERA BATALLA EN LA UE

Desde siempre, la presidencia de la Unión Europea ha sido para el país de turno y sus respectivos líderes un buen momento para lucirse, dentro y fuera de las fronteras nacionales. De eso saben mucho los ex presidentes Aznar y González. Pero para Zapatero, las cosas no pintan nada bien. Para empezar, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y el nombramiento de un presidente permanente de la UE, las presidencias rotatorias ya no son lo que eran. Pero tampoco España ha empezado con buen pie. Entre otros tropezones, ha perdido la primera batalla económica, con colleja por parte de Angela Merkel incluida, en torno a posibles sanciones a los países que no cumplan los planes anticrisis. Y, sobre todo, ha sido denostada por la prensa internacional, a cuenta de la mala situación económica que nos coloca en el furgón de cola de la recuperación.


Por E. Moreno

Podía haber empezado peor, pero habría sido difícil. El único consuelo es que, recuperando el principio de Peters, pero al revés, lo que empieza muy mal tiende a terminar mejor". Ironías aparte, estas palabras de un diputado socialista, del ala escéptica, definen bastante bien el sentir general en muchos sectores del PSOE y del propio Gobierno, en torno al complicado comienzo que ha tenido la presidencia española de la Unión Europea. Un comienzo que ha oscurecido y restado credibilidad a una amplia e interesante agenda de propuestas de cara a este período de presidencia española.

Lo que tradicionalmente es un momento perfecto para sacar pecho, se ha convertido, en apenas quince días, en una auténtica pesadilla para el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo. Una pesadilla que ha llevado a protagonizar uno de los es escarnios mediáticos más duros que se recuerda en varios medios de comunicación internacionales – Financial Times y The Wall Street Journal, especialmente virulentos–, pero también a enfrentarse, de una sola tacada, con la alemana Angela Merkel y con el propio presidente permanente de la Unión, el cién estrenado Herman van Rompuy. Sólo un tanto a favor anotado: Zapatero ha grado a última hora ser el anfitrión de la visita del presidente norteamericano Barak Obama a Europa.

El rosario de desgracias empezó, nada más inaugurarse el semestre español, con un primer traspiés económico: La propuesta del Ejecutivo español de imponer "medidas correctoras" –o sanciones como han interpretado muchos–, a los países que no cumplan con los planes anticrisis que se van a aprobar en este período. La liebre saltó con motivo de un encuentro del presidente español con periodistas internacionales. Mientras explicaba el contenido del nuevo plan económico destinado a impulsar la salida de la crisis, y que requerirá de una mayor coordinación entre las políticas nacionales de sus 27 miembros para dar resultados satisfactorios. Una clara alusión y un intento de remediar la falta evidente de capacidad de respuesta conjunta demostrada por la UE enlos momentos iniciales de la crisis financiera internacional.

Esta necesidad de una mayor coherencia en las políticas económicas de los 27 implicaba incluir "medidas correctivas", según Zapatero. El reciente ejemplo de Grecia, con su déficit disparado y sus problemas de financiación ocultados tanto ante la opinión pública como ante las autoridades comunitarias durante muchos meses por el Gobierno saliente, era el referente que justificaba este planteamiento. Sin embargo, la propuesta, en lugar de abrir un debate enriquecedor, ha desatado una verdadera tormenta que en nada ha beneficiado la posición Zapatero.

Alemania, con el apoyo más discreto Gran Bretaña, fue la más activa en este s tido. Un portavoz del gobierno alemán gó a señalar que "primero se debe solu( nar la formulación del plan de crecimiento to, basado en unos objetivos realistas, antes de pasar al capítulo de las sanciones". El gobierno de Angela Merkel "sugirió" a Zapatero que se dedique antes a elaborar un plan europeo de crecimiento económico creíble, evaluado por los miembros de la Unión. Sólo entonces se podría comenzar a hablar de posibles sanciones. Incluso con actitud un tanto chulesca, desde algún medio de comunicación conservador alemán se ha señalado que "una idea así –refiriéndose a la propuesta de sanciones– sólo puede venir de un país donde sus ciudadanos no consideran las intervenciones de Bruselas como una contrariedad, sino como una bendición", ya que de hecho, "España es el país que más ayudas ha recibido de los distintos fondos europeos en los últimos veinte años".

The Wall Street Journal, especialmente duro con España, ha titulado un editorial "Legislar la prosperidad: si el presidente socialista de España se sale con la suya, el bajo rendimiento económico pronto será prohibido; ¿por qué no se nos ha ocurrido a nosotros?" y añadía: "España se ha sacado de la manga una solución ingeniosa respecto al bajo rendimiento económico, ¡legalizarlo". En general, varios medios, incluido The Financial Times, subrayaban que nuestro país quizás no sea el más indicado para dar lecciones de buena conducta económica, a la vista de datos tan malos como el paro o el déficit público, muy por encima del 3% fijado por las reglas del Tratado de Maastricht.

El vendaval ha obligado a salir al quite a varios miembros del Ejecutivo de Zapatero, empezando por María Teresa Fernandez de la Vega y el propio ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, convertidos con la llegada del nuevo año en los apagafuegos oficiales de la presidencia española. "No hay divergencias con Alemania" y "España en ningún momento ha hablado de sanciones", son las consignas ahora. "El problema, más allá del debate sobre las sanciones, es más bien una cuestión de formas", señala un diputado socialista, experto en temas comunitarios. "¿Por qué se ha desatado semejante lío? Probablemente porque la propuesta ha sido comunicada antes a los medios de comunicación que a los gobiernos de los países de la Unión". En todo caso,"la mera idea de plantearse en la UE medidas coercitivas o sancionadoras es algo que, de siempre, ha sido muy mal recibido. Los países, sobre todo los grandes, véase Alemania, Francia, Gran Bretaña, tienen especial interés en mantener su libertad de movimientos en esta materia".

En cualquier caso, y al margen de la idea de introducir propuestas, la agenda económica española, tema estrella de este semestre de presidencia, todavía no se conoce en detalle.

Sin embargo, la propuesta estrella de la presidencia española ya tiene nombre, a falta de contenido concreto. Se trata de la Estrategia 2020, de coordinación de políticas de crecimiento a largo plazo. Una idea que recuerda bastante el famoso el famoso Programa 2000 que Felipe González anunció en 1992. Quizás no sea del todo casual, ya que González, en su condición de responsable del Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE, está ya teniendo un papel destacado y protagonista en este semestre español. De hecho, fue una de las tres eminencias grises, junto con Pedro Solbes y Jacques Delors, convocadas hace unos días por Zapatero como asesores espaciales. •

Pero gana a Rompuy con Obama

La presidencia española de la EU, la primera bajo el paraguas del Tratado de Lisboa, supone que Zapatero no podrá monopolizar el protagonismo de las decisiones de la Unión en este tiempo, tal y como hicieron sus antecesores. Por el contrario, deberá asumir un papel secundario, no de coprotagonista, sino más bien de coanfitrión. Una situación de la que es consciente el propio Zapatero.

Sus antagonistas en liza son, para empezar, el presidente permanente de la UE, Herman van Rompuy. Aunque considerado como un hombre de perfil más bien bajo, su reciente aterrizaje en un cargo hasta ahora inexistente le obligan a buscarse a codazos un lugar bajo el sol. En esta pelea, que se avecina dura, ha perdido una batalla: Zapatero ha conseguido que España sea la sede de la próxima cumbre con el presidente norteamericano Barack Obama a Europa, contradiciendo los deseos de Rompuy de ser el anfitrión de Obama en Bruselas. Un contratiempo que, dicen algunos, le ha valido ya a Zapatero un enfrentamiento con el presidente de la UE, tal y como recogían medios como The Economist o el diario francés Liberation.

Pero Rompuy no es el único con el que se tiene que medir –y luchar por figurar en lugar destacado en la foto– Zapatero. El jefe del Ejecutivocomunitario, José Manuel Durao Barroso; Jean-Claude Juncker, presidente del Euro-grupo, y sobre todo, la nueva Alta Representante de Política Exterior, Catherine Ashton –superministra de Exteriores–conforman una dirección europea de múltiples cabezas y de difícil composición. Aunque Zapatero cuenta con un as en la manga: el Parlamento Europeo, cuyas funciones se han visto reforzadas con el Tratado de Lisboa, tiene que contar para aprobar cualquier iniciativa con el respaldo del Grupo Socialista, del cual Zapatero es una de las referencias, dado el bajo momento que vive el británico Gordon Brown.


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