Sigfrid Monleón, director de 'El cónsul de Sodoma'
"GIL DE BIEDMA SOY YO"
Semanas antes de su estreno 'El cónsul de Sodoma' ya era una película polémica,
por el personaje, el contexto y "la rareza de que en España se haga aparecer a
personajes vivos como tales en una película", según su director, el valenciano
Sigfrid Monleón. La biografía del poeta Gil de Biedma y su azarosa trayectoria vital
a lo largo de 28 años de su compleja existencia era ya un reto. Una película con
varias localizaciones (España y Filipinas) y mitos con nombres y apellidos, donde se
mezclan toda clase de ambientes. Particularmente el escritor Juan Marsé se ha
mostrado muy crítico con el tratamiento que su personaje recibe en la película,
protagonizando una polémica de alto voltaje.
Por Manuel Espín
Ha hablado con Marsé?
—Decidí llamarle personalmente: no entendí su rebuzno.
Estuvimos 20 minutos de conversación telefónica. Era mi deber saber qué le había podido molestar de la película. Y ha retirado sus tonos descalificadores. Nuestra conversación fue muy respetuosa. Le gustó mi llamada: hoy la gente no está acostumbrada a escuchar. Empezando por que él se había equivocado conmigo. Me confundió con un actor valenciano recientemente fallecido, Joan Monleón. No me pareció bien que me llamara fallero en tono despectivo. En principio él me daba razones ridículas de su malestar. Le respondí que El cónsul... es una película de ficción en la que quiero hacer un claro homenaje a El Pijoaparte, su personaje de Últimas tardes con Teresa. Le molestó que se hiciera patente una influencia del poeta en su novela. Ya Carmen Riera había descubierto esa conexión. Marsé entendió equivocadamente que le habíamos asociado a Gil de Biedma como si hubiera querido medrar literariamente con él. Nada más lejos de la realidad. Quise hacer un homenaje al personaje de Marsé porque podía estar inspirado perfectamente en la tipología de los amantes de Gil de Biedma. Creo que las cosas con Mar-sé han quedado algo más claras. Lo peor ha sido la actuación de algún Torquemada que en Barcelona ha querido boicotear mipelícula, incluso impidiendo que se publiquen entrevistas...
—¿Cómo llegó a este complejo proyecto?
—En contra de lo que se ha dicho no es que Andrés Vicente Gómez, productor, se la ofreciera a otros antes que a mí, sino que fui yo quien con todo atrevimiento le pedí hacer el proyecto, cuando me enteré que quería rodarlo. Tenía una gran deuda con Gil de Biedma desde hace muchos años, amaba su obra... Fue rocambolesco cómo llegué a la película. Había un guión anterior desde hace tiempo, que tenían Felix Viscarret o Jonás Trueba. Ellos fueron muy honestos: sabían mi interés por este poeta. Conocían que era mi película soñada. Agradezco su generosidad. Con Andrés Vicente Gómez he tenido una espléndida relación. Me he sentido acompañado y respetado. He descubierto que es un luchador, que cuando parece que está caído como un árbol, es capaz de levantarse y de volver a luchar. Él, que es un gran conocedor del cine, fue muy valiente al hacer esta película. Era raro cómo a nadie antes se le había ocurrido después de publicarse la biografía de Gil de Biedma cuyos derechos compró. Gómez ha opinado en la fase de guión y en la de montaje, pero me ha dejado rodar la película como he querido...
—Analicemos algunas de las críticas. Por ejemplo, que Gil de Biedma era mucho más gordo y tosco que el Jordi Mollá que lo interpreta...
—He tratado de huir de los parecidos. No sujetarme a los maquillajes. Esta película no es un concurso de imitadores en televisión. Por ejemplo, el personaje de la fotógrafa Colita, que aparece mucho más atractiva en la película. Traté de reflejar en el personaje al tipo de modelos nórdicas que le gustaba utilizar. Estuve a punto de presentar al personaje de Carlos Barral sin barba. Cada uno de los que aparecen en la historia vienen a ser un trasunto cinematográfico de su propio mito, pero dentro de la ficción. Por eso no me preocupan tanto esos parecidos. También se ha dicho que Gil de Biedma era más amanerado de gestos. He tratado de cuidar mucho la voz; ese tono era esencial en el poeta. Era un personaje que hablaba con una distinción elitista en unos momentos, seña de identidad de su propia clase, y a la vez un lenguaje totalmente distinto cuando estaba en la intimidad sexual de sus amantes...
—También opinan algunos que en la película aparecen demasiadas escenas de sexo...
—No se puede explicar al poeta Gil de Biedma sin aludir a esa realidad. Un elemento que está implícito en su obra, desde su propio diario del 56, para publicar tras la muerte de su madre pero que vio la luz tras el fallecimiento del poeta. Gil de Biedma hace descripciones de una gran fuerza sexual. Y yo no quise hacer un biopic convencional al uso, sino una historia de tres décadas que empieza en Manila y acaba en una época mucho más contemporánea. He buscado la experiencia allí donde nace su propia poesía. Por eso la película es un monólogo dinámico como el de su obra, a través del cual se conoce a un personaje pero también la evolución de una sociedad muy conflictiva. Gil de Biedma quiso romper todas las fronteras de la libertad individual con un enorme gasto de energía por sus variadas maneras de ser: un alto ejecutivo de clase alta, proveniente de la élite social española, que se siente comunista, que como homosexual es capaz de amar a hombres de ambientes muy distintos y también a alguna mujer como el personaje femenino que encarna Bimba Bosé, una casada bohemia casi como un Gil de Biedma pero en mujer, que es denunciada en tiempos del franquismo por adúltera y acaba trágicamente. Gil de Biedma pertenecía a la generación de los 50, y por eso la película empieza al final de la autarquía, cuando publicó Compañeros de viaje, un título ya muy explícito. Una generación que esperaba sin suerte la caída de Franco. Pero en los 60 había aparecido otra juventud, como la de la gauche divine, que ya no tenían la mirada puesta en una España tan cutre como la de posguerra, una generación que veía cómo la gente estaba pensando en el utilitario, el televisor o la letra del piso, y ya no creían que el Régimen fuera a caer. Una gente que pensó: "Vamos a vivir como si Franco no estuviera en El Pardo".Y se convirtieron en grandes profesionales, los grandes arquitectos como Bofill, sin ese peso de la España gris, gentes que gozaban de
estabilidad económica, muchos eran comunistas o socialistas sin hacerlo público más allá de su ambiente, podían viajar al extranjero, y ya no tenían esa sensación de opresión y se habían creado su propio espacio de libertad individual. Gil de Biedma se integró perfectamente en esa generación posterior que no era la suya...
—En El cónsul de Sodoma aparecen citados textos del autor, y canciones, incluida alguna de Sara Montiel...
—He querido hacer casi como en un musical, en el que la acción sigue pero con música. Empezando por esos textos tan maravillosos suyos. Tuvimos la suerte de que Carmen Balcells nos permitiera citarlos gratuitamente. Gil de Biedma admiraba la canción francesa. Pero también a Sara Montiel, y hasta el pop de la época, y una canción de la posguerra de Algueró, padre, Niña Isabel citada por él en Una dama muy joven separada. Esas canciones forman un buen diálogo con la otra música culta del prebarroco inglés, casi como hace el personaje en ambientes tan distintos... He cuidado incluso que la fotografía adquiera unas texturas especiales. En la estética hay citas al fótógrafo de las últimas películas de Fassbinder como Lili Marlen o Berlin Alexanderplatz, se ha rodado incluso con medias delante del objetivo o con humo para darle un tono mítico a la historia y a los ambientes...
—Cinco nominaciones a los Goya, un buen arranque en el estreno con 80 copias... Pero el espectador medio, ¿sabrá después de verla quién era Gil de Biedma?
—Me sentiría confortado que mucha más gente se fijara en esa obra poética tan espléndida. Hacer esta película ha sido un acto de valentía, en primer lugar por el productor. Yo me tiré a la piscina sin pensarlo... Como diría Flaubert sobre Madame Bovary: "Gil de Biedma c'est moi (soy yo)". Me he sentido a lo largo de este trabajo acompañado por él, por su memoria viva. En un país como el nuestro, donde no estamos acostumbrados a tener pasado reciente. He tratado de hacerle justicia, sin tener miedos ni reparos. Estoy satisfecho. La película incluso ha sorprendido a distribuidores del extranjero que no creían que bajo la capa de una España tan grisácea hubiera esa otra realidad, aunque fuera clandestina. •
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