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Nº 864
18/1/2010

La hora de la política
y la hora de la verdad

por Enric Sopena*

Felipe González ha declarado en TVE que apoya la continuidad de José Luis Rodríguez Zapatero como candidato a presidente en las generales de 2012. Este pronunciamiento del ex presidente habrá dejado en orsay a quienes en el interior del PSOE –o en sus alrededores– se vienen dedicando desde hace semanas a una especulación, más bien artificial, a partir de un artículo publicado en El País, escrito por un autor escasamente conocido al que le faltaba –en apariencia al menos– prudencia y, por contra, le sobraba osadía. Se llama José Luis Álvarez. Es doctor en Sociología por Harvard y ejerce de profesor en ESADE. "El principal reto de Zapatero ya es su sucesión", sostiene.

Tan pintoresca teoría da la impresión de que, en efecto, ha arraigado en determinados sectores de la opinión pública. Pero no parece que tales vaticinios resistan un examen razonable de la actual coyuntura política. Zapatero no es ese pobre idiota irresponsable que describen eufóricos los tamborileros de la causa genovesa. Ocurre que estos tiempos –desde que estalló la crisis– son de tribulación y de tormento. Acostumbrado –quizás en demasía– a la bonanza de su primera legislatura, con la economía funcionando a tope y con un espectacular descenso de parados, Zapatero ha tenido que asumir de pronto una realidad dura. Las travesías del desierto desgastan sin duda más que un placentero viaje en AVE.

Pero lo importante, al fin y al cabo, no son los agobios y hasta los ahogos que surgen en el recorrido, sino llegar vencedor a la meta. ¿Llegará Zapatero a la meta repitiendo victoria o se quedará roto por el camino poniendo en bandeja el triunfo a Mariano Rajoy? Ésta es la cuestión. Es posible que acabe aconteciendoasí; pero me atrevo a predecir que la rendición de Zapatero resulta improbable. El problema no es Zapatero. Es la crisis. ¿A quién, con dos dedos de frente, se le puede pasar por sus mientes que éste es el momento adecuado para cambiar de jinete? Los relevos han de hacerse al estilo del que se produjo en Andalucía, con tranquilidad, potenciando al que se va y dándole un gran margen al sustituto para rodarse en el cargo y demostrar su valía. Cuando, acosado por los militares golpistas, por otros poderes fácticos y por los conspiradores de UCD, Adolfo Suárez decidió dimitir, Leopoldo Calvo Sotelo se convirtió, de hecho, en una especie de mayordomo del PSOE. Le facilitó las llaves a González para que se abrieran las puertas del Gobierno a la izquierda y para que se cerraran las ventanas a la derecha moderada.

Zapatero debe continuar siendo el número 1 de su partido y presidente del Ejecutivo. Salvo episodios imprevisibles, lo más lógico sería mantenerlo como cabeza de lista. Después de los seis meses de presidencia de la UE sería, eso sí, conveniente reforzar a su equipo de Gobierno. Está vez, alineando a los mejores entre los suyos y los que estén más en forma. En este sentido, sobresalen dos políticos. Me refiero a José Blanco, excelente como ministro de Fomento, y Alfredo Pérez Rubalcaba, un todoterreno, brillante y de acreditada eficacia. Uno de los dos tendría que ser nombrado vicepresidente primero y portavoz del Gobierno. Y el otro, asumir más competencias relevantes. Para ganar hay que marcar goles. Y para ello hay que meterse en el área e ir a por todas. Es la hora de la política. Y pronto, aunque falten dos años, la hora de la verdad. •

*Director de El Plural

 
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