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Nº 864 - 18/1/2010

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España


"OBAMA HA SIDO LA GRAN DECEPCIÓN DE COPENHAGUE"

No es la primera vez que le detienen por su defensa del medio ambiente. El pasado 17 de diciembre, Juan López de Uralde, director de Greenpeace España, entró en la cena de dirigentes que cerraba la Cumbre sobre el Clima de Copenhague con una acreditación de "Jefe de Gobierno de la Madre Tierra Greenpeace" y desplegó pacíficamente, junto a tres compañeros de ONG, una pancarta que decía "Los políticos hablan, los líderes actúan". Juantxo, como le llaman sus amigos, asegura que fue fácil colarse y que "no hay nada vandálico" en lo que hicieron. Sin embargo, ha estado 21 días en una cárcel danesa y se ha sentido un "preso político" durante su encarcelamiento.

Por Luis Marchal

Qué ha supuesto para usted pasar 21 días en una cárcel danesa?
—Ha sido una experiencia dura. Sobre todo, un castigo desproporcionado. En ningún caso, la protesta que nosotros habíamos hecho se lo merecía. Lo peor ha sido la incomunicación a la que hemos estado sometidos; el no tener contacto con el exterior, el no recibir un correo, el no recibir una carta, el no poder hacer una llamada telefónica ni a la familia en Navidad...

—¿Y la pesadilla de las horas siguientes a su detención el 17 de diciembre por la noche hasta entrar en prisión al final del 18?
—Lo peor de la detención fue cuando nos llevaron a lo que se llamó el "Guantánamo del clima". Era una especie de perrera llena de jaulas, donde metían a los prisioneros del clima. Eso verdaderamente era alucinante, casi como una película de ciencia ficción. Fue lo que más me impresionó.

—Dichas jaulas portátiles estaban en un suburbio, montadas expresamente para las protestas durante la Cumbre.
—El Ejecutivo danés actuó de una manera muy cruel desde el principio. Preparó a la opinión pública como si llegasen los vándalos a Copenhague, aprobando una ley de excepción que se concretó en la persecución y detención de cientos de manifestantes durante la Cumbre.

—¿Es usted un vándalo de guante blanco?
—No hay nada vandálico en lo que nosotros hicimos. Fue una acción espectacular, pero absolutamente pacífica. Los activistas éramos los únicos que asumimos algún riesgo. Nuestra acción sólo tenía riesgo para nosotros.

—¿Cómo se colaron en la cena de gala de la reina Margarita de Dinamarca?
—Fue muy fácil. El problema no es lo que nosotros hicimos, sino los fallos de seguridad de la Cumbre.

—Usted y sus tres compañeros de Greenpeace fueron a la cárcel para que no se fugaran ni destruyeran pruebas. ¿Es injustificable, además de "desproporcionado", el castigo que soportaron?
—Totalmente injustificable. Greenpeace siempre acude a las citas judiciales. No destruiríamos ninguna prueba, porque precisamente lo que queremos es que las pruebas se vean. Por eso, hemos difundido nuestra acción con vídeos en YouTube.

—¿Siente miedo porque le puedan caer hasta seis años de prisión por esta acción?
—Espero que haya una proporcionalidadentre lo que nosotros hicimos y la pena que nos apliquen. Sería desmedido meternos una condena de ese tipo.

—¿Está de acuerdo con que se le acuse de allanamiento de morada, falsificación de documentos y suplantación de autoridad pública? Todo ello con el agravante de la presencia de la reina Margarita, contemplado por la ley danesa.
—No estoy de acuerdo en absoluto. Parece que se nos niega la presunción de inocencia. Nosotros, mientras no se demuestre lo contrario, somos inocentes. Se nos está aplicando como una especie de presunta culpabilidad.

—¿Se esperaba esto de un Estado democrático como es Dinamarca?
—Hay una absoluta desproporción entre los hechos objetivos y el castigo. Las sociedades democráticas deberían dejar un espacio para la libre expresión de los ciudadanos y para la protesta pacífica.

—Con el fracaso climático en la Cumbre de Copenhague, ¿se evidencia lo que decía la pancarta que desplegaron?
—El gran éxito de nuestra acción ha sido el texto de nuestra pancarta: "Los políticos hablan, los líderes actúan". En cuatro palabras se ha resumido lo que mucha gente siente ante la pasividad internacional por el problema del cambio climático.

—¿Desplegar una pancarta ante 120 jefes de Estado y de Gobierno ha sido efectivo para el cumplimiento de los objetivos de Greenpeace?
—Ha sido efectivo porque ahora seguimos hablando de cambio climático y de Copenhague. Además, ha servido para poner de manifiesto el descontento de la sociedad civil con lo que estaba ocurriendo en la Cumbre. Esto se visualizó muy bien gracias a nuestra acción. Incluso Barack Obama asumió el texto de nuestra pancarta en su discurso. A pesar de que no convirtió sus palabras en acción, el presidente de EE UU dijo que no estaban allí para hablar, sino para actuar.

—En ese sentido, ¿cree que Obama actuará?
—Obama nos ha decepcionado mucho. No ha liderado, como se esperaba de él, una actitud nueva con respecto al cambio climático. Tal vez, Obama ha sido la gran decepción de Copenhague. Todos esperábamos que después de recibir el Nobel de la Paz en Oslo se hiciera merecedor de ese premio en Copenhague.

—¿Hay esperanzas para la próxima Cumbre, que será en México en 2010?
—Las cosas tienen que cambiar mucho. Tras su fracaso, no podemos pensar que lo que no se ha hecho en Copenhague se hará en México.

—¿Qué cambios se tienen que dar antes de llegar a México?
—Los países tienen que empezar a actuar desde ya mismo y de acuerdo con sus propias legislaciones nacionales. A México tiene que llegarse con los deberes hechos.

—Acusa al Gobierno de Dinamarca de planificar la Cumbre de Copenhague "con el silenciamiento de la sociedad civil", ¿habrá este silenciamiento en México?
—El Gobierno de México debe aprender la lección y entender que la sociedad civil necesita sus cauces y sus espacios de expresión y que no se puede silenciar a decenas de miles de organizaciones. El éxito de una cumbre de este tipo pasa por la participación de las organizaciones. En Copenhague se dieron 40.000 acreditaciones y sólo se habilitó un espacio para 15.000 personas. Eso demuestra una cierta predisposición a minimizar la Cumbre.

—Por otra parte, ¿es difícil lograr acuerdos en una reunión con procedimientos que requieren consenso?
—Es posible si se dan tres condiciones: liderazgo, voluntad y buen trabajo diplomático. Las tres faltaron en Copenhague.

—Respecto a voluntad, ¿el que EE UU se presentase en la Cumbre con escasos compromisos y el que China rechace todo control externo de sus emisiones de CO2 se convirtieron en dos grandes lastres para la Cumbre?

—EE UU y China han estado jugando al gato y al ratón o al "y tú más". Son los dos grandes emisores de CO2 del planeta. Por tanto, tienen la mayor responsabilidad. China porque es el que más emite en la actualidad y EE UU porque es el que más ha emitido históricamente. Sin embargo, han trabajado más en hacer visibles sus desacuerdos para su público interno que en lograr acuerdos. Son los dos grandes responsables de este fracaso.

—¿Sólo la protesta ciudadana puede forzar a los gobiernos a actuar contra el cambio climático?
—Es fundamental. Es un elemento clave para conseguir un cambio en la actual inercia a la que estamos sometidos.

—¿Se alcanzará en 2020 el compromiso de reducir un 20 por ciento las emisiones de efecto invernadero (respecto a las de 1990) y que el 20 por ciento de la energía consumida provenga de las renovables?
—Copenhague ha sido una oportunidad perdida muy importante, sobre la que se venía trabajando desde hace dos años. Si los gobiernos no se ponen a actuar de manera urgente en reducir sus emisiones y en avanzar en el diálogo multilateral para que todos los países lleguen a un acuerdo, tengo serias dudas de que el proceso siga avanzando y de que consigamos detener el cambio climático.

—¿Qué medida principal se debería haber adoptado en la Cumbre?
—Establecer la línea sobre la reducción de emisiones, ese 40 por ciento de reducción de los países industrializados para 2020. Era una de las líneas rojas que se podía y que se debía haber establecido en la reunión. El compromiso para llegar a una deforestación cero y que el acuerdo fuera vinculante, sobre el que se pudiera exigir responsabilidades a los gobiernos, también eran medidas importantes.

—Por cierto, con todo lo que sucedió con usted y sus compañeros de Greenpeace en Copenhague, se dio un incremento del 20% de nuevos socios de su ONG en el mes pasado, ¿mereció la pena?
—Sí, lo volvería a hacer porque creo que era la acción adecuada, en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Ha sido un éxito. La prueba es que estamos hablando de ella aquí, un mes después de celebrarse. •




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