F abián
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Nº864
18/1/2010

Estratosférico

Por Francesc Homs i Molist*

Si no se hubiera generalizado el Estado de las Autonomías, los catalanes reivindicaríais menos". Esto me manifestó una vez don Alfonso Guerra en una acalorada pero cordial conversación. Su análisis partía de una base que desde luego no comparto: los catalanes pedimos autogobierno como privilegio y con el único objetivo de distinguirnos de los demás. Como si de un capricho se tratase. Claro está, de aquí a la absurda afirmación de "sois insaciables" hay un solo paso. Y este sentir está presente no sólo en políticos de izquierdas y de derechas, sino también entre una parte significativa de la ciudadanía española.

En este contexto, cuando el otro día Guerra acusó a los políticos catalanes de vivir en la estratosfera, francamente no me sorprendí. Pensé que era, una vez más, fruto del desconocimiento de lo que empuja y da sentido –ahora y siempre– a la realidad catalana. Efectivamente, vivimos en mundos diferentes. Yo personalmente no diría nunca que unos estamos en la estratosfera y otros en Marte, pero resulta evidente que vivimos en mundos diferentes. No niego un tronco común. También existe con los franceses o los italianos, para poner dos ejemplos próximos en muchos sentidos. Pero es innegable que son distintas las formas de hacer, las prioridades y la mentalidad. Por supuesto, también es distinta la lengua, la identidad e incluso el sistema político, con un mapa de representación democrática en el Parlament de Cataluña que no se reproduce en ningún otro parlamento español. Quede claro: sólo somos distintos, ni mejores ni peores. Pero sí distintos. Y además, unos–los catalanes– lo sabemos por razones obvias, y otros –Guerra y otros tantos– parece que no la saben, o que no quieren darse por enterados. Lo cierto es que cada vez que un catalán se acerca a Madrid se da cuenta de ello. Y, por supuesto, son muchas más veces las que los catalanes vamos en Madrid, que al revés. Si no fuera así no se explicaría cómo gente culta ha sostenido, para poner el ejemplo más monstruoso, que el castellano está perseguido en Cataluña.

Situadas las cosas en este punto, ni los políticos catalanes vivimos en la estratosfera, ni los políticos españoles viven en Marte. A estas alturas ya no pido comprensión, ni mucho menos pretendo hacer pedagogía sobre el tema catalán. Sólo quiero subrayar lo que cada día con más claridad desde Catalunya exigimos y vamos a defender con ahínco. Es así de simple, exigimos lo que nos corresponde como nación: respeto. Que se respete el resultado democrático que se expresa en paz y libertad en Cataluña. Para empezar el Estatut, que fue ratificado en referéndum por los catalanes, con más participación que en la votación sobre la Constitución Europea. Lo que sí parece realmente sorprendente –o estratosférico, en el lenguaje de don Alfonso– es que tanto PSOE como PP tengan encallada la renovación del Tribunal Constitucional. Lo que sí resulta inaceptable es la falta de seriedad de la máxima instancia jurisdiccional, que después de más de tres años se ve incapaz de dictar una sentencia. Ya lo anticipó el catedrático de derecho constitucional Javier Pérez Royo a finales de 2007 en un artículo en El País: "el control de constitucionalidad de los estatutos no tiene base constitucional.../... Si esto se olvida, el resultado es el rosario de la aurora en el interior del órgano jurisdiccional".

Por supuesto, también exigimos respeto hacia los políticos catalanes, del color que sea, por muchas razones. Pero especialmente porque representan democráticamente el conjunto de la ciudadanía de Cataluña. Y, faltaría más, exigimos también respeto por las opiniones y decisiones que tomemos. Al final, si catalanes y españoles no nos entendemos porque hay quien no quiere aceptar que vivimos en mundos diferentes, pues tendremos que dar paso a la democracia. En el siglo XXI, en la era de la globalización, la democracia resulta imparable. •

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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