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Internacional
Nº 864
18/1/2010
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El fantasma del terrorismo vuelve a la Casa Blanca

AÑO I EN LA ERA OBAMA

Un año después de haber llegado a la Casa Blanca el presidente estadounidense hace frente a la caída de los índices de valoración de su gestión. La joven administración sufre los embates de las crecientes cifras de desempleo y la lenta recuperación de la economía. El plan de reforma del sistema de sanidad sigue pendiente de su ratificación final y la política exterior conciliadora no acaba de dar sus frutos. Mientras tanto, el fallido atentado de Detroit vuelve a despertar el fantasma de la amenaza terrorista.

Por Andrea Aguilar (Washington)

La fría mañana del 23 de enero de 2009, ante cerca de millón y medio de personas llegadas de todos los puntos del país y concentradas en la histórica explanada de Washington conocida como el Mall, Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos tomaba posesión de su cargo. Apenas unos momentos antes su antecesor, George W Bush, había abandonado la Casa Blanca dejando tras de sí un país sumido en una profunda crisis económica y con dos frentes de guerra abiertos en Iraq y Afganistán. "Hoy os digo que los retos a los que nos enfrentamos son reales", declamó el nuevo presidente. "Son muchos y muy serios. No será fácil resolverlos o hacerlo en un corto espacio de tiempo. Pero, América, lo resolveremos".

Un año después, la impaciencia empieza a cundir entre el público a pesar de la advertencia de Obama. "¿Blandengue o guerrero?", preguntaba un titular en The New York Times hace una semana. Tras doce meses en la Casa Blanca sigue siendo complicado etiquetar al joven presidente cuya templanza es objeto de estudio por analistas y comentaristas políticos. Algunos como la influyente Maureen Dowd echan de menos un poco de nervio. "No-hay-drama-Obama se muestra reticente a dar muestras públicas de sentimientos", escribía recientemente la columnista en referencia a la reacción del presidente tras el fallido atentado en Detroit las pasadas navidades. "Cabezonamente insiste en mantenerse por encima y marcar su propio ritmo de respuesta ya sea en un debate o tras una debacle. Pero no está bien ser tan cool en cuestiones de seguridad nacional cuando América está asustada".

A pesar de que su rostro sigue ocupando cientos de portadas, la popularidad del presidente ha caído. Según la encuesta del prestigioso Pew Research Center el pasado diciembre un escueto 49 por ciento de estadounidenses aprobaba su gestión frente a un 40 por ciento que la desaprueba. "Como ocurre con casi todos los presidentes en su primer año, los índices de valoración de Obama han caído en 2009, pero no tanto como el clamor de sus críticos podría hacer pensar. Está casi igual que Ronald Reagan en 1981, cuando luchaba contra una crisis económica que él, también había heredado", señala el director del Pew, Andrew Kohul.

¿Qué ha pasado? El eco de la famosa frase "¡Es la economía, tonto!", que Bill Clinton popularizó en su primera campaña en los 90 vuelve a resonar con fuerza. Aunque las hojas de resultados de grandes entidades financieras de Wall Street como J P Morgan y Goldman Sachs vuelven a arrojar millonarios beneficios, el país atraviesa la peor crisis económica que se recuerda desde la Gran Depresión. Las cifras de paro siguen aumentando. En el mes de diciembre se perdieron 85.000 nuevos empleos, según el Departamento de Trabajo. Los analistas vaticinan que la tasa actual de 10 por ciento de paro crecerá en los próximos meses. Todo esto le puede costar muy caro a los demócratas en las elecciones al Congreso que se celebrarán el próximo noviembre, sin duda uno de los retos más importantes a los que la administración hará frente en su segundo año. Los resultados pueden alterar el signo político de la Cámara y complicar mucho la agenda política demócrata.

Aunque los primeros esfuerzos del gobierno de Obama se centraron en la recuperación económica los resultados están tardando en arrancar. Apenas un mes después de su llegada al gobierno se aprobó un ambicioso plan de estímulo económico de 787.000 millones de dólares que contemplaba ayudas fiscales, inversión en infraestructuras e inyección directa de capital a los estados y a nivel local. Pero ante el crecimiento del desempleo muchos se preguntan si fue suficiente, si habría que aprobar nuevas inversiones o si por el contrario ha llegado la hora de que el gobierno se eche a un lado. "Lo más importante que hemos hecho ha sido evitar que la economía se colapsara", ha declarado Obama defendiéndose de sus críticos en una entrevista a The Washington Post hace unas semanas.

Agenda legislativa apretada. La notable actividad legislativa que ha emprendido la joven administración es otro de los puntos que está siendo sometido a debate. La estrategia ha sido intentar aprobar el mayor número de reformas en vez de ir una a una. Según los miembros del equipo de Obama esto sitúa al presidente como digno heredero de Johnson y Roosevelt. Los críticos señalan que la apretada agenda legislativa ha otorgado excesivo poder a los miembros del Congreso. Además, apuntan que esto les ha forzado a dejar en el tintero dos de las reformas más acuciantes relativas. Se trata, por un lado, de la regulación del mercado financiero y, por otro, del establecimiento de límites en la emisión de gases.

La fuerza ha quedado concentrada en la reforma del plan de sanidad, un proyecto en el que Obama ha invertido gran parte del capital político que obtuvo tras su épica campaña. A pesar de los importantes avances, lo cierto es que aún no hay un plan aprobado, el Congreso y el Senado tienen que ponerse de acuerdo. La contención del déficit público y las vías de financiación que permitirán ampliar al cobertura de los planes públicos ya existentes (Medicare y Medicaid) siguen siendo objeto de airados debates y negociaciones.

Según el cálculo del diario The Washington Post, la política exterior ha ocupado la mayor parte de la agenda pública del presidente. Sin duda, también ha tenido un papel destacado en sus primeros meses de gobierno. Las guerras en Iraq y Afganistán, el conflicto de Oriente Próximo, los planes nucleares de Irán y las relaciones con Rusia y China han sido algunos de los frentes que Obama ha atacado en sus primer año de presidencia. Pero como en el caso de la economía los resultados no son del todo evidentes. En julio comenzó a implementarse el plan de retirada de las tropas estadounidenses en Iraq, cuya conclusión está prevista para agosto de este año. La discusión sobre la guerra en Afganistán ha ocupado cientos de titulares y finalmente se ha saldado con un refuerzo de 30.000 soldados. Las sanciones a Irán aún necesitan del apoyo de China y Rusia para ser aprobadas en el Consejo de la ONU. El cierre del centro de detención en la base de Guantánamo, aunque está previsto para este año, aún sigue sin resolverse. Desde abril hasta noviembre, meses en los que el presidente pronunció el histórico discurso de El Cairo y recibió el premio Nobel, el apoyo de los estadounidenses a la política exterior de su administración, sin embargo, cayó nueve puntos hasta alcanzar un 50 por ciento, según una encuesta de la cadena CNN. Quedan tres años de legislatura y mucho trabajo por delante. El primero ha servido para marcar los puntos a resolver y aplacar el entusiasmo. •

Fox y Palin, el frente anti-Obama

La semana pasada se anunció el fichaje por parte de la cadena FOX de Sarah Palin. La ex gobernadora de Alaska, que concurrió a los comicios presidenciales el pasado año junto al candidato republicano John McCain, ha tenido un año frenético. En julio abandonó su cargo antes de que concluyese la legislatura y se convirtió en una autora super ventas con su biografía. La popularidad de este libro ha permitido a Palin volver a subir al estrado mediático nacional y atacar con fuerza a Obama. Ahora une sus fuerzas a la cadena televisiva altavoz del frente más conservador y virulento contra la administración estadounidense. Los detalles económicos del contrato no se han hecho públicos, pero se sabe que Palin no tendrá un programa fijo propio, participará como comentarista y presentará una serie de especiales al estilo de lo que hace en la cadena Oliver L. North.

Fox News y sus virulentos comentaristas se han convertido en un próspero negocio. Este año se espera que reporte unos beneficios de 700 millones de dólares. Su fundador y director Roger Ailes, con un sueldo de 23 millones de dólares, gana más dinero en nómina que el propietario de la cadena, Rupert Murdoch. Según han informado varios medios estadounidense el magnate mediático australiano a veces se ha sentido abochornado por la postura ultra conservadora y populista de la cadena y su empleado. Pero los desencuentros más significativos han sido entre Ailes y los hijos de Murdoch, uno de los cuales, Lachlan Murdoch, acabó dejando la compañía por sus desavenencias con el jefe de Fox. Ailes, un agresivo estratega político republicano, trabajó para Nixon y más adelante dirigió el canal de negocios CNBC. En 1996 puso en marcha la Fox pero hasta 2002 no logró que reportara beneficios. Hoy la cadena y su director se sitúan en la cima de popularidad. "Construí este negocio para que diera millones de dólares de beneficios. Ese era el objetivo desde el día 1", ha declarado. Con Palin a su lado el frente mediático anti Obama cobrará nueva fuerza.

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