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Internacional
Nº 864
18/1/2010
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Las víctimas mortales pueden alcanzar las 100.000

EL TERREMOTO HUNDE AÚN MÁS A HAITÍ

La adversidad se ha apoderado de Haití. Por si no tuvieran bastante con ser el país más pobre del hemisferio occidental, erosionado por la inestabilidad política, la desigualdad y tensión social, el sida o la deforestación, ahora la tierra ha temblado bajo sus debilitados pies. No es la primera vez que la fuerza de la naturaleza se ceba con la patria de ex esclavos. Entre 2001 y 2007, los desastres naturales
—inundaciones y tormentas tropicales— dejaron más de 18.000 muertos. Pero el terremoto de la semana pasada ha superado cualquier previsión y capacidad de respuesta. El país está derrumbado física y moralmente. La ayuda ya está en
camino, pero el desamparo venía de lejos.

Por J.G. Barahona

E l intenso terremoto de magnitud 7 (sobre un máximo registrado de 9,6) en la escala de Richter ha llevado la destrucción al país más pobre de toda América, Haití. El seísmo se produjo el pasado martes e hizó temblar la tierra durante casi un minuto, tiempo suficiente para sembrar el caos, especialmente en la capital , Puerto Príncipe, donde viven cerca de un millón y medio de personas de los nueve totales que habitan el país. Todavía no se puede valorar la magnitud real del desastre, pero el movimiento telúrico es uno de los peores que golpean el Caribe en los últimos 200 años, según los expertos. Las primeras evaluaciones indican que el número de víctimas mortales asciende a decenas de miles y más de tres millones de personas han sido afectadas directamente.

Todo comenzó hacia las 5 de la tarde del pasado martes a 15 kilómetros al oeste de la capital de Haití, en la localidad de Carrefour. Aquí se produjo el epicentro del terremoto, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). La primera sacudida fue la peor, la que alcanzó un valor 7 en la escala de Richter. Pero los temblores no terminaron ahí, varias réplicas de menor intensidad (entre 5 y 6 de la mencionada graduación, según el USGS) volvieron a hacer temblar la tierra en otros puntos contiguosde la región y se percibió también en Cuba y las Bahamas, donde se activó la alerta por tsunami. El estremecimiento terrestre afectó a toda la isla caribeña de La Española, pero especialmente a la parte occidental, cuyo territorio abarca Haití mientras que en el sector oriental, en el que se sitúa la República Dominicana, no se registraron daños significativos. Lo que si cundió en toda la isla fue el pánico entre la población, no sólo por el terremoto, sino también por el miedo a que se produjera un Tsunami, lo que produjo situaciones surrealistas de auténtica histeria colectiva.

Fueron apenas segundos lo que duró cada sacudida según los testigos, pero la intensidad fue tal que hasta los edificios más consistentes de Puerto Príncipe se vinieron abajo, como el Palacio Presidencial (aunque el mandatario René Préval pudo ponerse a salvo antes del derrumbe). El ambiente se cubrió de una espesa nube de polvo y gritos angustiados, lo que incrementó el desconcierto. Poco después la ciudad se sumió en la noche, por lo que la gran devastación no se comenzó a percibir hasta el día siguiente: cadáveres tendidos en las calles, heridos abatidos en las aceras y un hervidero de gente deambulando sin un hogar a donde ir, caminando en medio de las ruinas. La ciudad se ha convertido en un cementerio y según se retiran escombros se descubren más y más muertos. No hay cifras oficiales, pero el primer ministro haitiano, Jean Max Bellerive, ha dicho que podrían ser "cientos de miles" las víctimas mortales.

La peor parte se la ha llevado la capital, Puerto Príncipe, donde los muertos y los vivos se mezclan entre ruinas y escombros y cientos de edificios se han venido abajo. Ni los edificios más emblemáticos como la Catedral o el Palacio Nacional han resistido el embate del terremoto. "la ciudad está destruida. Los hospitales, los colegios, las casas y las calles están llenas de cadáveres". ha afirmado en una de las pocas declaraciones realizadas el presidente del país, René Préval que se ha salvado de morir en el desplome del Palacio Presidencial,con el terremoto.

Precisamente Haití se encontraba inmerso en una Misión de Estabilización de las Naciones Unidas, por lo que el país estaba repleto de ciudadanos extranjeros que trabajaban en este cometido. La catastrofe ha afectado al edificio oficial de la ONU en la capital, que se ha derrumbado, llevándose la vida de al menos 16 personas. También han fallecido varios militares pertenecientes a las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU y más de 150 empleados están desaparecidos, entre ellos el responsable de la Misión, el tunecino Hédi Annabi, según ha indicado el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon. En cuanto a los ciudadanos españoles, no se tiene constancia al cierre de esta edición de que haya víctimas mortales, aunque todavía no se ha podido localizar a varios de ellos, según ha informado el Ministerio de Exteriores.

Mientras, los habitantes de la capital haitiana continúan buscando sobrevivientes entre las ruinas y amontonando cadáveres cubiertos con sábanas en las calles. Sin embargo sus esfuerzos chocan contra la magnitud de la catástrofe y evidencian su falta de recursos. Todo vale para cavar, incluso las manos, y por la noche, sin luz eléctrica, se continúa trabajando bajo los faros de los coches. La situación en los hospitales no es más alentadora y su capacidad está desbordada. Lo mismo le ocurre a las organizaciones no gubernamentales y los grupos de caridad. La Cruz Roja calcula que tres millones de personas han resultado afectadas por la tragedia. "Es una catástrofe. Estoy pasando por encima de los cuerpos muertos y hay mucha
gente enterrada debajo de los edificios. Necesitamos ayuda" ha declarado la primera dama del país, Elisabeth Preval.

Mientras la ayuda internacional ha comenzado a llegar con cuentagotas y de forma un tanto descoordinada, pues, como en todo desastre natural, se vive en una carrera contra el tiempo y hay que hacer frente a la merma de infraestructuras: no hay agua potable ni electricidad, las comunicaciones están interrumpidas, las calles bloqueadas por escombros y el aeropuerto, clave para la llegada de ayuda internacional a la isla, funciona bajo mínimos, pues la torre de control ha quedado semiderruida. Además, muchos edificios que aún se sostienen corren peligro de derrumbarse, por lo que la mayoría de la gente duerme a la intemperie. Ante este panorama organizar cualquier ayuda es muy complicado.

A pesar de ello, los primeros contingentes de ayuda humanitaria ya han sido descargados en el país, principalmente provenientes de los países vecinos latinoamericanos, pero también han llegado importantes recursos por parte de otros estados, como Islandia, Canadá y China. Junto con la ayuda urgente y elemental en este tipo de catástrofes –alimentos, agua potable, medicinas, tiendas de campaña, etc.– varios países y organizaciones como Venezuela, EE UU y la OMS han destinado al país caribeño equipos de médicos, bomberos y socorristas para ayudar en la búsqueda de supervivientes. También España, que coordina la ayuda humanitaria europea hacia Haití como presidente de turno de los Veintisiete, ha fletado ya una decena de aviones con ayuda de emergencia y equipos humanos de rescate.

Las promesas de donaciones económicas, tan recurridas en estas ocasiones, tampoco se han hecho esperar. La Comisión Europea ya ha anunciado el desbloqueo de tres millones de euros de ayuda de urgencia; Brasil ha prometido una donación de 10 millones de dólares, la misma cantidad que la ONU que ya ha autorizado la partida desde su fondo de emergencias. Pero la promesa más importante ha venido por parte del presidente de EE UU, Barack Obama, quien ha comunicado que su país destinará una ayuda inicial de 100 millones de dólares para apoyar los esfuerzos de asistencia humanitaria en Haití. •

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