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| Nº 864 - 18 de enero de 2010 |
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Por Cuba
por Santiago Carrillo Días pasados circuló la noticia de que los EE UU habían vuelto a colocar a Cuba entre los países "exportadores de terrorismo". Y fue como la señal para una avalancha de ataques al régimen implantado por la Revolución cubana. Un paso más en el estrechamiento del cerco a un pueblo que se levantó para rescatar su libertad e independencia frente a una dictadura corrupta y asesina –la de Batista–sostenida por el gobierno norteamericano. El régimen revolucionario recuperó para la nación la propiedad de las riquezas del país, lesionando los intereses de las empresas yankis que las explotaban, igual que explotaban las de otros muchos países latinoamericanos. La reacción del Gobierno de los EE UU fue brutal. Vino la invasión de Bahía de Cochinos y el embargo económico. La invasión fue derrotada por los patriotas y revolucionarios cubanos. El embargo, en cambio, era más difícil de derrotar porque en aquellos años, aparte el azúcar y el tabaco, la mayoría de los productos que consumían los cubanos eran importados de Norteamérica. Y de golpe comenzaron a faltar. La historia de la escasez de productos de consumo en Cuba comenzó con ese embargo. Aunque la propaganda interesada identificara esa escasez con la naturaleza del socialismo, lo cierto es que habría que identificarla con la mezquina venganza de un gran Estado capitalista contra un pueblo que había tenido la arrogancia de romper con las reglas del Sistema y de intentar recuperar la independencia del Estado. Este nuevo David no podía derrotar al gigante Goliat vecino; había quehacer un escarmiento a fin de impedir que el resto de Latinoamérica intentara seguir el ejemplo de Cuba; éste era muy peligroso en un continente donde muchos de sus pueblos vivían situaciones de opresión muy parecidas. La realidad es que así se ha convertido a Cuba en un país que, de hecho, vive en estado de sitio desde hace muchos años, circunstancias que explican las características formales del régimen. Pero lo que resulta más indignante es que en un momento comoéste se califique a Cuba como un país "exportador de terrorismo", tratando de aprovechar la histeria desencadenada por el terrorismo integrista islámico para meter en el mismo paquete a pueblos que no tienen nada en común con lo que Al Qaeda pueda significar. Y sobre todo que esto lo haga la superpotencia que durante muchos años estuvo introduciendo en Cuba grupos terroristas que quemaban cosechas y destruían riquezas y vidas, la superpotencia cuyos servicios organizaron múltiples intentos de asesinato del líder de la Revolución, el comandante Fidel Castro. No hablo de leyendas, sino de hechos contrastados y publicados repetidamente; aunque muchas gentes lo hayan olvidado. Lamentablemente, el vocerío de los grandes medios de comunicación en España y en Europa, respondiendo a los intereses de sus propietarios, crea confusión y lleva a perder la memoria de la realidad. Por lo que hace a España, incluso en las peores épocas, en los tiempos de Franco, no participó en el embargo a Cuba. Hay lazos muy profundos entre nuestro pueblo y el cubano. Esos lazos tienen muy poco que ver con el descubrimiento y la conquista. Se han forjado más tarde, cuando las fuerzas progresistas españolas opuestas a las clases dominantes de la época imperial, comenzaron a hacer sentir su fuerza en la arena política nacional y a entender la lucha de los pueblos del continente americano como algo que se identificaba con lo que llevábamos a cabo aquí por el progreso y la libertad para nuestro país; cuando ellos y nosotros nos encontramos en un nuevo nivel histórico, en que la comunidad de lenguaje y cultura fundamenta todavía más el sentido de hermandad entre nosotros y Latinoamérica. Creo que ésa es la razón que ha movido al Gobierno español cuando ha trabajado para normalizar las relaciones ante la Comunidad Europea y Cuba. Y quiero esperar que esa línea no la cambie ninguna debilidad oportunista. Precisamente por nuestro pasado tenemos más deberes de solidaridad con Cuba y los pueblos hermanos de aquel continente que luchan contra los modernos opresores. • |
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