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Nº 863 - 11 de enero de 2010

Rouco excomulga al PSOE

La nueva Inquisición

Ha hecho bandera de su religiosidad a sabiendas de que en su propio partido había quien no veía con buenos ojos sus amistades en Añastro y a riesgo de ser objeto de escarnio por tentativas como la de la placa en el Congreso a sor Maravillas. Por eso más de una vez José Bono ha lamentado lo difícil que es ser cristiano y socialista. Por eso y porque también desde la jerarquía de la Iglesia se han tomado la libertad de amonestarle cuando, en el ejercicio de sus responsabilidades públicas, ha entrado en colisión con el dogma oficial. Sin embargo, nunca el Episcopado había llegado tan lejos como hasta ahora. Tras negar la comunión a los parlamentarios que dieran su voto al proyecto de ley del aborto, ha remitido una carta al diario ‘El Mundo’ reiterando su prohibición tras las declaraciones del presidente del Congreso al periódico, donde dice tener “la conciencia tranquila” tras votar a favor de la reforma legislativa y haber comulgado. Los cristianos socialistas, aludidos por la prohibición, lamentan el “espíritu intolerante e inquisitorial” de los obispos y les conminan a defender sus postulados respetando la legalidad democrática.

Por Virginia Miranda

José Bono es un político singular. Destacado dirigente del PSOE, mantiene una estrecha amistad con el cardenal Antonio Cañizares, hoy prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos en la Santa Sede, desde que ambos ejercían puestos de responsabilidad en Toledo; el primero, como presidente de Castilla-La Mancha y, el segundo, como arzobispo de la archidiócesis. En la toma de posesión como ministro de Defensa, fue muy comentada la presencia del arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Hace algo más de un año, el hoy presidente de la Cámara Baja se enfrentó a sus propios compañeros de partido promoviendo un homenaje a sor Maravillas, consistente en colocar una placa con el nombre de la monja perseguida durante la Guerra Civil en un lugar de Congreso que fue vivienda de la santa a finales del siglo XIX. En su viaje institucional el pasado octubre a Roma para entrevistarse con su colega italiano Gianfranco Fini, aprovechó para mantener encuentros privados con representantes de las órdenes franciscana y jesuita y con monseñor Cañizares. Y un día después de la manifestación contra la ley del aborto, tras asistir a la misa de beatificación del cardenal Ciriaco María Sancha oficiada ese mismo mes en Toledo, el albaceteño invitó a almorzar en su casa, entre otros, al cardenal y ‘ministro’ de Benedicto XVI y al obispo coadjuntor de Sevilla, Juan José Asenjo, una cita donde sin duda salió a relucir la polémica reforma legislativa.

Bono no es el único político socialista católico, pero sí es el más significado. No tiene ningún problema de conciencia, ni como socialista ni como cristiano, en hacer gala de su doble afiliación. Y aunque no tenga vocación de mártir, los hay que le condenan por entender que existen diferencias insalvables entre su función pública y su pública adscripción al Evangelio. Desde la izquierda, porque no responde a la sensibilidad laica de la mayoría progresista del Parlamento al que representa. Y desde la Iglesia, a pesar de sus excelentes contactos con la cúpula, porque pertenece a un partido 'condenado' por herejía: matrimonio homosexual, Educación para la Ciudadanía, y ahora ley del aborto. Ya lo dijo el arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, en unas jornadas de la Universidad San Pablo-CEU celebradas un mes después de las últimas elecciones generales: “analizando las cosas objetivamente, no es compatible” ser cristiano y socialista.

La prueba más fehaciente de que éste es el sentir de la cúpula eclesial fue la amenaza de Juan Antonio Martínez Camino del pasado noviembre. El obispo auxiliar de Madrid y secretario de la Conferencia Episcopal Española (CEE) declaraba que los católicos no pueden apoyar el proyecto de ley del aborto ni darle su voto, y, si lo hacen, “están objetivamente en pecado público y no pueden ser admitidos en la Sagrada Comunión” a no ser que se confiesen y se arrepientan públicamente. Hasta diputados católicos en contra de la reforma legislativa como Pere Macìas, de CiU, lamentaron las declaraciones del hombre de confianza del cardenal y presidente del Episcopado, Antonio María Rouco Varela.

“El nuevo proyecto de ley [...] debe servir para reducir el número de embarazos no deseados que conducen al aborto y también para garantizar mejor la protección del nasciturus”, contestaba José Bono en una tribuna publicada por El País, recordando “que la Iglesia católica acepta que ‘un parlamentario... pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley (aborto) y disminuir así los efectos negativos...’ (Encíclica Evangelium Vitae, n. 73)”.

El presidente del Congreso, considerado promotor del texto crítico de Cristianos Socialistas con el proyecto de ley –solicitaban la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios y se oponía a que la ley autorice a las jóvenes de entre 16 y 18 años a abortar sin conocimiento de sus padres–, esgrimía los mismos argumentos en la entrevista publicada por el diario El Mundo el 2 de enero. “He votado una ley que creo que va a reducir el número de abortos” decía, asegurando que “la encíclica Evangelium Vitae [...] establece que los políticos pueden votar leyes que regulan el aborto si creen que están reduciendo el mal que significa”. A preguntas de la periodista, Bono revelaba que tiene “la conciencia tranquila” y ha comulgado, lamentando que “hay un sector de la Iglesia que no acepta que haya cristianos que seamos o votemos socialista”.

Ese mismo domingo, la CEE remitía una carta al director del periódico sin firma donde negaba el derecho a apelar a la encíclica y, por tanto, reafirmándose en su condena y negación de la comunión. Y aunque el presidente del Congreso no ha querido seguir dando pábulo al asunto, compañeros de partido han salido en su defensa. El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, ha acusado a la jerarquía eclesiástica de “hipocresía”. Durante la etapa de Aznar “había una ley del aborto, había una ley del divorcio, había divorcios y había abortos” y “los gobiernos no hacían nada para impedirlos según la doctrina” oficial, ha remarcado. Católico no practicante, el también ministro de Fomento ha recomendado a la Iglesia “que prediquen el Evangelio en lugar de atacar las leyes que emanan de la voluntad democrática de los ciudadanos”.

Preguntado por el razonamiento del ex ministro de Defensa, Jordi López Camps, portavoz de Cristianos Socialistas y ex director de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, dice que la ley “no reconoce el aborto como un derecho porque entra en conflicto con el derecho del nasciturus”, por eso dice compartir las declaraciones de Bono relativas al Evangelium Vitae para defender que la “mejora” de la norma justifica su apoyo. “Ha habido una mejora en la ley en relación al anteproyecto”, posible en parte “gracias a las reflexiones propuestas por católicos” y, por tanto, “perfectamente asumible desde la conciencia de los cristianos”.

El diputado por Granada José Antonio Pérez Tapias, quien asegura que “sigo con mi práctica religiosa habitual”, lamenta las declaraciones del Episcopado, propias de un “espíritu intolerante e inquisitorial”. Tras las primeras declaraciones de Martínez Camino, el también colaborador de El Siglo publicó en El País una tribuna titulada “En democracia no hay herejes”. En ella subrayaba que “establecer plazos para la interrupción voluntaria del embarazo, además de una mayor seguridad jurídica, implica una actitud de respeto a la vida como valor”. “Como indicaba la parábola evangélica, no hay que precipitarse con farisaicas condenas desde una supuesta pureza moral. Quienes nos movemos entre los grises de nuestra realidad, compaginando militancia política y pertenencia a la comunidad eclesial, lamentamos las cerradas posiciones de quienes derriban puentes por donde transitar hacia una mejor convivencia en una sociedad pluralista y democrática”, añadía.

Ahora, preguntado por la carta de la CEE, asegura que los términos maximalistas empleados por los obispos hacen “un flaco favor a la Iglesia y a la sociedad española”. “Nos han negado el diálogo que les hemos ofrecido para explicar de qué se trata”, dice, y subraya que la reforma legislativa “atiende a un hecho social que no se puede eludir”. “Invito a los obispos a que defiendan la vida, como hacemos todos, pero respetando la legalidad democrática, algo que se echa en falta”. Respecto al ataque a José Bono califica la actitud de la jerarquía eclesial de “injusta”, y aunque recuerda que “ni siquiera en el seno de la CEE todas las posiciones tienen el grado manifestado por obispos como Martínez Camino”, se advierte una “convergencia clara entre las posiciones manifestadas por un sector del Episcopado y sectores del PP”.

Precisamente el portavoz de Interior del grupo popular en la Cámara Baja, Ignacio Cosidó, ha entrado en la refriega desde su blog personal para calificar de “lamentable” el enfrentamiento de Bono con la cúpula de Añastro por un interés “estrictamente político”, espetándole que “lo que no se puede es servir al mismo tiempo a Dios y al diablo”.

El político albaceteño, por trayectoria política y por grado de accesibilidad, es el mejor puente de cuantos pueda haber entre la jerarquía católica y el PSOE, un partido que, según estimaciones del CIS, tiene cerca de un 80 por ciento de votantes creyentes, de los cuales un 30 por ciento son practicantes. El presidente del Congreso fue quien defendió a Cañizares cuando dijo que el aborto era más grave que la pederastia, unas declaraciones que, según el político, “matizaría”. Y quien siempre se pone al teléfono cuando monseñor Rouco Varela le ha llamado para protestar por la admisión a trámite de la reprobación del Papa por decir en África que los preservativos incrementan el problema del SIDA o para pedirle que dé marcha atrás en su homenaje a sor Maravillas porque era “contraproducente”.

Nada de esto ha librado a José Bono de ser perseguido por la nueva Inquisición. Pero los nuevos torquemadas deberían tomar nota de las palabras del hereje: “si fuese incompatible ser cristiano y socialista habría que cerrar la mitad de las iglesias”.

Cristianos socialistas, pocos pero influyentes

No son numerosos, pero sí representativos de un amplio sector del electorado. El grupo Cristianos Socialistas, vinculado al PSOE y con relaciones fluidas con las distintas comunidades eclesiales en toda España, se consolidó en 1998. Fue en octubre de aquel año cuando celebraron su I Encuentro Cristianos y Socialismo, con el que formalizaron una iniciativa, la de trabajar de modo permanente en el acercamiento entre el mundo cristiano y el Partido Socialista, auspiciada por Ramón Jáuregui, el teólogo y entonces concejal del PSE en Sestao, Carlos García de Andoín, y José Blanco. La idea era extender el modelo de los Socialistas Cristianos Vascos constituido en 1994 a instancias del ahora eurodiputado.

El objetivo de “abrir puertas y tender puentes entre los cristianos y el partido” quedó plasmada en el libro que el entonces presidente de la gestora del PSE presentó en 2002 en Bilbao. Él y García de Andoín son coautores de “Tender puentes. PSOE y mundo cristiano”, una obra prologada por José Luis Rodríguez Zapatero que responde a la “vieja aventura” que inició el concejal cuando se incorporó al PSE tras su fusión con Euzkadiko Ezkerra, formación de la que procedía quien fuera primer coordinador federal de Cristianos Socialistas y hoy en el gabinete de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.

“Ahí se inició una experiencia que trasladé al conjunto del PSOE para que se diera cuenta de que no podíamos mantenernos en el anticlericalismo confundiendo Iglesia con cristianos”, explicó Jáuregui, quien también subrayó la importancia de que la izquierda “se nutra de la ética y los valores de un cristianismo comprometido con los pobres”.

Al acto también asistió el entonces secretario general del PSE de Vizcaya y hoy lehendakari, Patxi López, que destacó la importancia de “tender puentes en lugar de cavar trincheras en un tiempo en el que hace falta tanto entendimiento”. “Como testimonia este libro algunos venimos intentando desde hace tiempo tender puentes entre el PSOE y el mundo cristiano y creo que es algo que más pronto que tarde dará sus frutos y será una realidad enriquecedora para ambos mundos”, dijo optimista.

Congresos, conferencias, foros y publicaciones jalonan la memoria de actividades de Cristianos Socialistas, que recientemente han sido noticia por partida doble.

El pasado octubre se conoció su manifiesto crítico con la nueva ley del aborto. En el sostenían que el Estado tiene deberes éticos y jurídicos para con el feto, y se oponían a que la ley autorice a las jóvenes de entre 16 y 18 años a abortar sin conocimiento de sus padres y pedían que se regule la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios. Precisamente estos han sido los cambios que, en trámite parlamentario,  se han introducido en el anteproyecto de ley.

A finales de diciembre, el grupo ejerció en Córdoba de anfitrión en la Liga Internacional de Socialistas Religiosos. Miguel Ángel Moratinos, José Bono y Ramón Jáuregui asistieron al congreso titulado “Crisis global y espiritualidad” para llamar a socialistas y cristianos a erradicar la pobreza en el mundo.

Los otros ‘herejes’ del PSOE

Si bien la cifra de socialistas católicos no es comparable, en proporción, a la de populares, peneuvistas y convergentes, están presentes en todas las Administraciones del Estado.

En el Gobierno destaca el nombre de dos ministros. El de Fomento, José Blanco, que se declara creyente no practicante, y el de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que sí acude a los oficios religiosos. A diferencia de Bono, apenas se le ha oído hablar de su espiritualidad. Lo hizo en 2008 cuando calificó a la jerarquía de la Iglesia de “integrista, fundamentalista, neoconservadora”, después de que los obispos, poco antes de las elecciones generales, llamara a sus fieles a votar al PP y no al PSOE. “Quiero expresar mi opinión como católico, no sólo como militante socialista, y quiero expresar mi indignación y perplejidad, porque no creo que ningún católico del siglo XXI lo pueda entender”, dijo indignado.

Al frente de las Comunidades Autónomas gobernadas por el PSOE se encuentran otros tantos dirigentes católicos. Es el caso de Guillermo Fernández Vara en Extremadura, José María Barreda en  Castilla-La Mancha o José Antonio Griñán en Andalucía. Los tres son católicos practicantes.

Tras la marcha de Francisco Vázquez del Consistorio de A Coruña, el caso más llamativo de alcalde católico reconocido es el del Zaragoza. Juan Alberto Belloch protagonizó un rifirrafe en el Ayuntamiento aragonés en abril de 2008 tras negarse a retirar cualquier símbolo religioso de los espacios oficiales, como pedía la Chunta Aragonesista e IU. Mientras él esté al frente del Gobierno municipal y cuente con los votos necesarios, dijo, el salón de plenos mantendría el crucifijo que lo preside. Estas Navidades, en la inauguración del Belén de Zaragoza, precisó que la proposición no de ley aprobada ese mismo día en el Congreso para instar la retirada de símbolos religiosos de las aulas no afecta al Ayuntamiento.

Además de José Antonio Pérez Tapias, en el Congreso cabe citar los nombres de otros diputados socialistas. Manuel de la Rocha, Oscar Seco, Esperanza Esteve y Ana Chacón firmaron el artículo del parlamentario por Granada en El País donde se defienden, como católicos y socialistas, de los recientes ataques de la Iglesia.

La lista aumenta si se amplía el espectro espacio-temporal. El ex presidente del Parlamento Europeo, Enrique Barón, la ex eurodiputada Francisca Sauquillo, o el ex presidente del Congreso y ex ministro Félix Pons, son algunos de los casos más destacados. Por no olvidar a los llamados “vaticanistas” de la época de Felipe González, grupo en el que entonces se identificaban a Gregorio Peces Barba, Fernando Ledesma o Gustavo Suárez Pertierra.

¡Bien por Bono! por Enric Sopena


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