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Nº 863- 11/1/2010 |
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Tras dos años y medio de crisis, recapitulemos por Carlos Berzosa A finales de cada año y primeros del nuevo se suele hacer por parte de economistas, analistas, e instituciones diversas balance de lo que ha sido la economía de esos doce meses que terminan y lo que es más aventurado, previsiones sobre lo que se supone va a suceder en el año que comienza. Tras lo que ha sucedido con la crisis, las predicciones se encuentran en entredicho. De todos modos, antes de que se desencadenaran los hechos que nos han conducido a la situación actual, ya he expresado en estas páginas mi escepticismo sobre ese ejercicio que tanto gusta de prever el futuro. Ahora, la cruda realidad me ha dado la razón en un momento en el que han fallado las predicciones de los grandes organismos internacionales y nacionales, y de los grandes institutos dedicados a ello, así como de las agencias de calificación y no digamos nada acerca de las empresas auditoras, que no fueron capaces de advertir de la situación peligrosa en que se encontraban tantos balances de las instituciones financieras. Las predicciones, aun cuando acierten en el comportamiento de determinadas variables, eso sí, solamente en momentos de auge, son limitadas y sobre todo se hacen en función de datos muy concretos que se proyectan hacia delante, pero que no tienen en cuenta factores fundamentales en el modelo de crecimiento. De ahí que prefiera, a la vista de lo erróneo e incompleta que son esas proyecciones, inferir tendencias partiendo del presente, combinando datos cuantitativos y cualitativos. Pero por lo que concierne a los datos cuantitativos, no sólo limitarse a lo que se supone va a ser la evolución de la balanza de pagos, presupuesto público, con déficit o superávit, comportamiento del consumo y de la inversión, y deducir el probable crecimiento del PIB, sino que hay que contemplar, además, desigualdades, niveles educativos y de salud, niveles de pobreza, absoluta o relativa, exclusión social, y deterioro medioambiental, entre otros factores. En suma, una forma de medir distinta y de proyectar hacia el futuro también diferente. Un buen ejemplo de lo que deber ser todo esto se encuentra en el informe publicado en Francia, Vers de nouveaux systémes de mesure ( Odile Jacob, 2009), dirigido por Stiglitz, Sen, premios Nobel de economía, y Fitoussi, prestigioso economista francés. La crisis actual tiene ya dos años y medio, pues se desencadenó a mediados del 2007 con las hipotecas basura, llegó a su mayor gravedad en septiembre de 2008, y la recesión consiguiente que ha hecho mucho daño al empleo, a la expectativa de encontrar trabajo, al consumo, y a multitud de empresas, sobre todo medias y pequeñas, que han cerrado sus puertas, o en el mejor de los casos, han bajado su actividad. Es un momento, por tanto, de recapitular sobre por qué ha llegado y de cómo salir de ella. Desde que surgió la crisis, multitud de artículos y libros se han ocupado de ello, haciendo bueno lo que tanta gente nos acusa a los economistas que no somos capaces de predecir y luego tratamos, a toro pasado, de explicar por qué ha sucedido la catástrofe económica. Pero hay que aclarar que, en contra de lo que se piensa, sí que hubo algunos economistas que advirtieron de los riesgos, como ya he tenido ocasión de referirme a ello en estas páginas. También conviene puntualizar que sobre las causas que han provocado la crisis no hay consenso entre los economistas. Aun así, hay algunos análisis rigurosos y serios que me parecen más adecuados que otros, y que además se contrastan con la evolución de los hechos concretos. Mientras que los neoliberales siguen dando palos de ciego. Ya he citado algunos libros interesantes en artículos anteriores. En todo caso, me gustaría recomendar los escritos de Krugman y Stiglitz, sobre todo los publicados en la prensa. También en la revista digital Sin permiso se recogen artículos de estos dos autores, y de economistas más situados a la izquierda. Como libros, el de Skidelsky El regreso de keynes (Crítica, 2009). En francés, Aglietta La crise (Michalon, 2008), y Fin de monde ou sortir de crise? (Perrin, 2009), libro colectivo de Le Cercle des économistes, bajo la dirección de Dockes y Lorenzy. En España, también se han publicado varios libros, unos traducidos, y otros autóctonos, como los de Guillermo de la Dehesa, Niño, y Tugores. Uno, de todas formas que me parece muy recomendable es el de Lorente y Capella, El crack del año ocho (Trotta, 2009). Éste es el más completo, pues además de describir muy bien la crisis económica, engloba ésta en un contexto más amplio de un modelo de desarrollo determinado. Al tiempo que hace proposiciones muy interesantes y relevantes. En fin, se sabe para el que lo quiera saber, con los matices que se quiera, las causas principales de la crisis, y a partir de aquí está claro que hay que cambiar el modelo de desarrollo, no solamente poner parches, como se está haciendo hasta ahora. Con actuaciones a corto plazo, pero también con una visión de más largo plazo, y que nos saque de verdad del atolladero en el que estamos metidos. • *Rector de la Universidad Complutense de Madrid. |
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