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Nº 863 - 11 de enero de 2010

Iñigo Gurruchaga y John Bew, autores de 'Talking to terrorists'

"HABLAR CON LOS TERRORISTAS NO ES UNA SOLUCIÓN MÁGICA"

Hablar o no hablar con terroristas. Es la cuestión que el historiador de la Universidad británica de Cambridge John Bew (Belfast, 1980) y el periodista español Iñigo Gurruchaga (San Sebastián, 1956) abordan en el libro Talking to Terrorists, centrado en el diálogo de representantes políticos con miembros de ETA y del IRA. Bew y Gurruchaga, constatan, junto al también especialista de Cambridge Martyn Frampton, que los gobiernos utilizan el diálogo con grupos armados para tratar de alcanzar la paz. Sin embargo, hablar es sólo un instrumento más en la lucha contra el terror.

Por S.M. (París)

Qué se entiende por hablar con los terroristas?
John Bew: Cuando se aborda la cuestión de hablar con terroristas, no está claro a qué se hace referencia. Puede ser negociar, tener contactos secretos, o entablar un diálogo político. Nuestro libro aparece en un momento de la política británica, europea y estadounidense en el que los responsables de los Estados se enfrentan a las dificultades que plantean los movimientos terroristas y en el que se afirma que se debería hablar con los terroristas como hizo el Gobierno británico en el conflicto de Irlanda del Norte. Esto es problemático, porque la resolución de ese conflicto no ocurrió como mucha gente sostiene. Además, hablar con terroristas, como ocurrió en Irlanda del Norte en los años 70 y 80, puede causar muchos problemas, porque no es una solución mágica, sino algo que debe realizarse con mucho cuidado.
Iñigo Gurruchaga: Los gobiernos hablan con los terroristas. Lo hacen por diferentes canales, como tomas de temperatura a través de mediadores o por servicios de seguridad. Otras veces lo hacen para intentar promover algún tipo de negociación, quedándose esa tentativa o en algo más que una toma de temperatura que puede consolidarse o no en un proceso de paz. En otras ocasiones, hay intentos explícitos de realizar conversaciones con los terroristas con el afán de llegar a algún acuerdo.

—John, ¿en qué sentido no se logró la paz en Irlanda del Norte tal y como algunos dicen que ocurrió?
J.B.: Se ha olvidado que hablar con el IRA, algo que pudo funcionar en los años noventa, se intentó desde el inicio del conflicto. Hubo tentativas de hablar en 1972, entre 1974 y 1975, en 1981, a finales de los años 80 y a finales de los 90. Cuando se intentó, en la mayoría de los casos se dio la impresión que los terroristas estaban ganando. Estamos de acuerdo en que existe un modelo de resolución de conflictos norirlandés pero el contexto en el que se logró la paz en 1998 es muy diferente a los anteriores, porque el IRA estaba muy debilitado, como ahora lo está ETA. El IRA estaba herido de gravedad por la lucha de las fuerzas de seguridad británicas. Además en la negociación de los años 90, participaron todos los partidos políticos, incluidos el Sinn Fein, que representa una pequeña proporción de norirlandeses. Por ello, la clave fue incluir a todo el mundo, incluyendo a los partidos moderados.

—Iñigo, ¿es comparable el caso de Irlanda el Norte con el del País Vasco?
I.G.: Hay una comparación incómoda entre el caso del País Vasco con el de Irlanda del Norte. A menudo se dice que en España falta la guinda para que se acabe con el problemas del terrorismo, una guinda que se puso en el caso irlandés. Sin embargo, esto es muy relativo, porque en el conflicto de Irlanda del Norte, salvo en 2008, los grupos paramilitares no han dejado de causar muertes violentas. En España, no se ha hecho la foto del fin del conflicto, pero nuestra situación es incomparablemente mejor a la irlandesa.

—Una tentativa explícita de tender una mano a los terroristas fue la protagonizada en 2006 por el Gobierno de España de José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Por qué no funcionó?
I.G.: Los sucesivos fracasos para crear un proceso resolutivo en el que se acabe con la autodisolución del movimiento terrorista como ha ocurrido en Irlanda del Norte se deben a que ETA nunca ha tenido la voluntad de acabar. Sus exigencias a los gobiernos eran inaceptables para los Gobiernos y los partidos políticos. Además, ninguno de los acuerdos entre las fuerzas políticas españolas, que recogían como debía ser el diálogo con ETA, aceptaba que la negociación con ETA pudiera llevar a una modificación constitucional.
J.B.: Otra razón es que las principales fuerzas políticas de España no necesitan hacer la paz con ETA, porque, si uno empieza a hacerla, corre el riesgo de fortalecer la organización y de desestabilizar el contexto político. Además, siempre que el Gobierno español ha intentado hablar con ETA, se ha desatado más violencia. Tampoco hay que decir que no se pueda hablar con ETA en el futuro, pero uno tiene que comprender que hablar puede traer consigo problemas.

—A menudo, da la impresión que sólo hay dos maneras de acabar con el terrorismo, con la fuerza policial o con el diálogo. ¿Son compatibles esas dos herramientas?
—I.G.: Para el Estado, es ineludible perseguir a quienes cometen crímenes. Esta es una cuestión relacionada con la legitimidad del Estado ante los ciudadanos, ya que éste no puede dejar un crimen impune. A partir de ahí, ¿Cómo establecer un contacto con el grupo terrorismo?¿Puede ser interesante? Sí, puede interesar en unos momentos, pero también puede dar la imagen de que el Gobierno es débil ante un grupo que le está haciendo daño.
J.B.: Es estúpido pensar únicamente que a los terroristas se les gana, o sólo eliminándolos o sólo hablando. La Guerra contra el Terrorismo del presidente Bush nos situaba en la primera hipótesis pero ahora el péndulo está en el otro extremo.

—¿Qué otras herramientas hay para luchar contra el terrorismo además del diálogo o la persecución policial?
J.B.: En la lucha contra ETA, por ejemplo, ha sido clave la cooperación entre el gobierno español y el francés. Lo mismo puede aplicarse en el caso del conflicto norirlandés. A mayor cooperación, más cerca se está de una solución. Si Estados como Siria, Irán, y Egipto pudieran cooperar más y mejor para no desestabilizar la región, habría un mejor punto de partida en Oriente Medio. Esto es preferible a aceptar negociar con Hezbollah en el Líbano, algo que ha hecho el Reino Unido recientemente en detrimento de las fuerzas políticas moderadas del país.
I.G.: Además de la cooperación, hay que resolver el problema de las bases logísticas, que siempre complica luchar policialmente la contra los terroristas. Otro problema por resolver son las estructuras de los nuevos grupos terroristas de corte islamista e internacional, que forman redes, lo implica que no haya una jerarquía política o militar, como tuvo ETA o el IRA. Ante estos grupos, no se percibe, con quién hay que hablar ni qué objetivos se pueden alcanzar en un eventual proceso de negociación. Si parece maximalista la reivindicación de la independencia del País Vasco o la de la unificación irlandesa, los objetivos del nuevo terrorismo internacional lo son aún más. Sólo cabe la persecución de las redes que forman y esperar que las reformas económicas, políticas y so-dales de los países en los que las versiones más radicales del Islam son fuertes permitan que los jóvenes encuentren una vida mejor.

—¿Sirven los instrumentos de lucha contra el terrorismo de carácter nacional para luchar contra el terrorismo internacional?
J.B.: Se ha escrito mucho sobre la necesidad, por ejemplo, de hablar con Hamas, o con los Talibán moderados en Afganistán. En el Reino Unido, una campaña publicitaria dice "es bueno hablar", pero esta actitud es problemática porque si se habla con los talibanes moderados, para empezar, ¿Quiénes son? ¿Quieren negociar? En algunos casos el diálogo con los terroristas funciona, pero en otros, como con Hamas, resulta más fácil que Siria e Israel encuentren un acuerdo entre ellos. Una lección que se puede extraer de la negociación del Reino Unido con el IRA fue la importancia de las condiciones previas. Para Hamas, no debería de olvidarse que tienen que dejar la violencia, reconocer a Israel y los acuerdos previos entre israelíes y palestinos. Es un error pensar que hay que olvidarse de esas condiciones.
I.G.: El gran problema del nuevo terrorismo internacional es su carácter transnacional porque los terroristas ya no se mueven entre dos países, como ocurre con ETA, que se mueve entre Francia y España. Con el terrorismo internacional se cambia la dimensión espacial, lo que complica identificar las bases logísticas. Éstas son fundamentales para los grupos terroristas. El 11-S fue posible por la situación de Afganistán, el desmantelamiento de Irak ha generado un desorden que ha convertido al país en un foco de terrorismo, al igual que el descontrol de la frontera nororiental de Afganistán con Pakistán, que es una fuente desorden porque sirve de base logística para los grupos que operan en esa zona. •

 
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