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Nº 863 - 11 de enero de 2010

La infructuosa búsqueda de sus restos enfrenta a los expertos

LORCA, PRESO DE LAS CONSPIRACIONES

Tras la ineficaz búsqueda arqueológica realizada en la localidad granadina de Alfacar, donde se creía que estaba la fosa en la que se enterró al poeta Federico García Lorca, fusilado por el bando nacional el 19 de agosto de 1936 la incertidumbre se cierne más que nunca sobre el paradero de la que es, junto a Miguel de Cervantes, una de las más grandes figuras de la literatura española. Este contexto favorece la propagación de unas teorías conspirativas que creen indicar el lugar en que reposan los restos mortales del literato y de las que conviene seguir dudando.

Por Salvador Martínez (Granada)

Latas y algún tapón de litrona. Tan parco rastro de vida es el encontrado por los arqueólogos de la Universidad de Granada junto al olivo situado en las inmediaciones del monolito del Parque García Lorca de Alfacar que rinde homenaje a las víctimas de la Guerra Civil desde 1986. Los responsables de los 47 días de excavaciones, terminadas el pasado 18 de diciembre, llevaron sumo cuidado en su búsqueda de restos mortales de los fusilados y enterrados junto al poeta, tratando de satisfacer así el derecho de los familiares a encontrar a los suyos y darles un entierro digno, como ampara la Ley de Memoria Histórica. Pero el esmero en vaciar casi 300 metros cúbicos de tierra y el presupuesto de 70.000 euros con el que contaron los investigadores no contribuyeron al esclarecimiento del lugar en que se dio sepultura a Lorca.

"Los resultados nulos no me han sorprendido nada", dice a EL SIGLO Andrew Anderson, catedrático de literatura española especializado en estudios lorquianos de la Universidad de Virginia (Estados Unidos). "Ahora empiezan a salir las teorías conspirativas acerca de lo que podría haber ocurrido, con historias llenas de mentiras, engaños, etcétera", agrega en un e-mail desde la distan-cia. Con la decepción más a flor de piel, Antonio Carvajal, director de la Cátedra para actividades literarias Federico García Lorca de la Universidad de Granada, declara a este semanario que está "bastante triste" por el modo en que se ha gestionado la tentativa de exhumación. "No entiendo cómo un equipo científico va a un sitio que todo el mundo pone en duda", apunta, refiriéndose a la empresa de los arqueólogos y al Parque García Lorca de Alfacar.

"Los primeros indicios y libros sobre la muerte de Lorca y su enterramiento apuntan al barranco de Víznar (municipio colindante con Alfacar), y no al parque alfacareño que lleva el nombre del literato. Hubiera sido más lógico empezar por los primeros sitios que se indicaron y no por el último", explica Carvajal, que considera de mayor garantía científica los trabajos sobre la muerte de Lorca realizados por Claude Couffon y Eduardo Molina Fajardo, respectivamente, A Grenade sur les pas de Garcia Lorca (Ed. Seghers, 1962), Los últimos días de Federico García Lorca (Ed. Plaza y Janés, 1983). El volumen del hispanista francés recoge "testimonios que no están mediatizados por versiones posteriores, están recogidos en vida y muy cerca en el tiempo de la muerte del poeta", argumenta el académico granadino antes de señalar que el libro de Fajardo "está hecho a partir de testimonios firmados porlos declarantes".

Sin embargo, que el pasado 2 de noviembre los arquéologos se presentaran en el Parque Federico García Lorca de Alfacar confirmó una vez más que las autoridades andaluzas siempre han tenido más confianza en las versiones de los hechos que se apoyan en los estudios de especialistas de la vida y obra del autor de Yerma como lan Gibson o Agustín Penón. Ambos se fiaron del supuesto enterrador del poeta, Manuel Castilla –Manolo el 'comunista'–, que les indicó el olivo de Alfacar junto al que se suponía que yacían los restos del poeta. Tras la decepción registrada por la falta de resultados de las excavaciones, queda claro que "la memoria falla", según Anderson, o que "fiarse de testimonios o confidencias realizadas años más tarde" de la muerte de Lorca, "sabiendo que la gente cree que recuerda, ofrece pocas garantías científicas", en palabras de Carvajal.

"Siempre he pensado que un olivo se parece mucho a otro olivo. ¿Cómo podemos saber si Manolo 'el comunista' sabía o no que decía la verdad cuando habló con Penón y Gibson y les indicó el supuesto sitio? ¿Cuántos años habían transcurrido desde los sucesos hasta la primera vez que él habló con un historiador?", se interroga el académico estadounidense. "Gibson hizo bien en señalar ciertas fuentes", matiza el responsable de la Cátedra Federico García Lorca, apuntando que en Alfacar se actuó de acuerdo con la frivolidad cultural que reina en España, haciéndose caso a la última teoría creíble, "sin contrastarse debidamente las cosas", siguiendo las tesis del historiador español de origen irlandés como se "va detrás del flautista de Hamelín".

El vacío encontrado en el parque alfacareño tratan de llenarlo ahora "teorías conspirativas", de nuevo cuño o identificadas con la tradición oral. De este modo califica Anderson las versiones de lo ocurrido al poeta según las cuales "el lugar de la tumba en Víznar habría sido cambiado por orden de las autoridades", mantiene el estadounidense, citando el contenido de las notas que Agustín Penón tomó tras hablar con Antonio Gallego y Burín, alcalde de Granada durante la Guerra Civil y parte de la dictadura franquista. El catedrático de la Universidad de Virginia también ve una fábula conspirativa en la idea que el padre de Lorca hiciera gestiones para retirar el cuerpo del sitio en que se enterró, según ha llegado a evocar el propio Gibson, o que el cadáver fuera trasladado al Valle de los Caídos, como sostiene el investigador Miguel Caballero, autor de Historia de una Familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca (Ed. Ibersaf, 2007).

Sobre dónde están los restos de Lorca, "hay opiniones para todos los gustos", constata Carvajal. "Según la tradición oral, se dice que el cadáver fue trasladado de lugar. Hayquienes apuntan que está en la Casa-Museo de la Huerta de San Vicente (Granada), en la planta baja, donde estaba el piano. Y hay gente que opina que está enterrado en Nerja (Málaga)", resume el universitario granadino sin que le falte sarcasmo y reduciendo las seudoversiones a categoría de "comentarios pintorescos".

"Sabiendo que el barranco de Víznar está lleno de fosas, sin una exhumación masiva, ¿qué más podemos decir?", se pregunta Anderson, tratando de cerrar el espacio a la especulación. Sin un desentierro de esas características, la tarea de buscar a Lorca sería como "buscar una aguja en un pajar", asevera el estadounidense, habida cuenta de que de las cerca de 12.000 personas que se creen muertas y enterradas en fosas durante la Guerra Civil, se dice que unas 3.000 estarían en el barranco de Víznar y en El Caracolar, otro de los parajes cercanos al Parque García Lorca de Alfacar en los que algunos mantienen que pueden estar enterrados los restos del poeta. Precisamente esta última era la ubicación que apuntó el juez Baltasar Garzón en su informe para pedir la investigación de la fosa donde supuestamente están los restos del literato, según pudo saberse a finales del año pasado.

Lorca no es un muerto más "en la orgía de horror que fue la Guerra Civil", según los términos de Carvajal. En España, parece haberse "escogido" al poeta de Fuente Vaqueros "para representar algo mucho más grande: el esplendor de la cultura española, la promesa de la Segunda República, la violencia ciega de los nacionales, el artista que cae víctima de la política, la tragedia azarosa", señala el catedrático de Estados Unidos. Por ello, la posible presencia de restos de Lorca en una de las fosas de Granada convierte toda tentativa de exhumación en la apertura de una llaga simbólica que toca la historia reciente de España y que amenaza con impedir que se cumpla el deseo de verdad y de duelo de las familias de quienes perecieron con el poeta. Según Carvajal, "el aniquilamiento de unos españoles por parte de otros españoles" de la Guerra Civil, "el cainismo en general de los dos bandos, es un pecado que no tiene redención". Sobre todo, porque ese pecado privó a España y a su literatura de una de sus plumas más brillantes. •

 
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