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Nº 863
11/1/2010

Yemen, próxima parada

EI atentado frustrado en el avión de pasajeros Amsterdam-Detroit repentinamente habría ampliado el mapa de los peligros del terrorismo islámico con otro país como Yemen que sin embargo desde hace años era objeto de sospechas, temores y preocupación por su situación interna; no sólo ante la demostrada implantación de Al Qaeda en su territorio, también por la sustancial desestabilización del país. Que Omar Faruk Abdulmutallah realizara estudios coránicos en Yemen y que al parecer mantuviera relaciones con el clérigo Anwar Al Awlaki, estadounidense de origen yemení, que haya unos 90 yemeníes aún recluídos en Guantánamo, y que el presunto terrorista reconociera su vinculación a Al Qaeda, nos ha proporcionado otra vez el lamentable guión de una obra aún por desarrollar y que contendría todos los elementos de una red terrorista que no cesa de hacerse más tupida. Otra mas, al lado de las que ya empiezan a adquirir perfiles precisos por su conocimiento en la amplísima faja del Sahel que se extiende por Mauritania, Mali, Níger, Chad y Sudán, países todos ellos de enorme pobreza e inseguridad, conflictivos y marginados en la geografía y en la política de la comunidad internacional, de interés sólo y apenas porque albergan amenazas para todos.

Como lo es Yemen, pese a la grandeza de su patrimonio, su elevada importancia cultural en el mundo árabe, la originalidad y la riqueza de sus formas de vida tradicionales. En realidad y por la amarga herencia de las guerras que nunca han cesado en un país muy dividido, entre tribus, regiones y sectas, con guerras civiles que han enfrentado a egipcios, saudíes y otros soldados árabes, Yemenha llegado a convertirse en una mezcla explosiva, con el mercado de armas mejor surtido de todo Oriente Medio. Si algún día pueden, acudan a verlo especialmente en la capital, Saná. La tragedia por fortuna no consumada en el avión de Ámsterdam a Detroit ha servido para situar en un primer plano lo que desde hace años venía detectándose en un país prácticamente incontrolable por los numerosos conflictos que debe abordar el Gobierno de Saná y que además empiezan a conectarse con los conflictos que proceden de la vecina Somalia. Las autoridades yemeníes han comenzado a reforzar las costas del país después de que los radicales somalíes de Al Shabah anunciaran estar dispuestos a enviar cientos de combatientes. Es fácil pasar de un país a otro a través de las aguas del Golfo de Aden para hacer la Guerra Santa.

Miles de refugiados somalíes que desde hace algún tiempo ya han buscado refugio en Yemen, aparte los que genere el agravamiento del conflicto en la provincia de Sadah, al noroeste del país, conforman una masa de miseria y crispación en que fácilmente puede maniobrar Al Qaeda y cualquier movimiento extremista. Desde junio de 2004, con la revuelta de los huthis, chiitas contrarios al Gobierno de Saná y a su dependencia respecto a Arabia Saudí, Estados Unidos y su guerra contra el terrorismo, han permanecido muy ignorados hasta que se ha proyectado en un área internacional y en un amenaza generalizada; en concreto, hasta que el 5 de noviembre del año pasado la aviación saudí bombardeó sus posiciones en territorio saudí y yemení. Se teme que la crisis, con raíces nunca extirpadas por completo en las guerras civiles de los años 60 del pasado siglo y en la cultura de la violencia que generaron, puede evolucionar hacia una guerra encubierta entre Arabia Sau dí e Irán. Ciertamente Al Qaeda Arabia Saudí y en Yemen se han fu sionado, situándose en este último país bajo la dirección de Nasir A Wahishi, con oportunidades para L organización de tomar posiciones sacar partido de un conflicto como el de los huthis, o de la continuada desintegración de Somalia.

Acusados por el Gobierno del pre. sidente Ali Abdallah Salih de formai parte de la estrategia de Irán para propagar la revolución islámica, o siendo los huthis más bien una reacción contra el sistema político yemení, su corrupción, nepotismo, y por la perpetuación de las desigualdades sociales, en último término se estaría desarrollando en Yemen una lucha por el poder entre iraníes y saudíes, aquellos con sensibles problemas políticos domésticos, y los saudíes, muy intranquilos con sus propios chiitas y sus propios terroristas. Si han sonado las alarmas respecto a Yemen y el dispositivo militar occidental se está reactivando, como en el Sahel y en Somalia, se responde a unas amenazas de una gravedad notoria que no conviene quitar importancia y que pueden adquirir un alcance insospechado. Pero en todos los casos también se actúa, o se debería actuar, frente a situaciones nacionales desastrosas, estados fracasados o inexistentes , en ese escenario de miseria, incultura y fanatismo que suele ser el terreno más apropiado para la violencia y la venganza ciega que el terrorismo islámico, sin pretenderlo, nos está descubriendo. Es en ese mundo donde Al Qaeda, con este u otro nombre, ha acabado por hacer la interpretación mas terrorífica y cruel, resolviendo tantas deudas que pretende deducir del pasado a través de la muerte y del caos. •

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