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Internacional
Nº 863
11/1/2010
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Clara Rojas, política colombiana secuestrada por las FARC durante seis años

"ME DUELE LA TENSIÓN COLOMBIA-VENEZUELA: SOMOS HERMANOS"


"La situación entre Colombia y Venezuela me produce gran pesar porque somos países hermanos", señala Clara Rojas, quien el 23 de febrero del año 2002 fue secuestrada, junto con Ingrid Betancourt por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y liberada el 10 de enero de 2008, gracias a la intervención del presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Clara Rojas era jefa de Debate de Betancourt cuando fue secuestrada. Tras su secuestro fue nombrada por el Partido Verde Oxígeno candidata a la vicepresidencia de la República, la candidata presidencial era Betancourt. EL SIGLO conversó con la política durante la presentación, en el Instituto Cervantes de Berlín, de su obra 'Ich überlebte für meinen Sohn ('Sobreviví por mi hijo'), ed. Blanvalet, versión alemana de su libro 'Cautiva'.

Por Juana Vera (Berlín)
EI presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, intervino en su liberación. Hoy las relaciones entre Colombia y Venezuela se complican. ¿Qué le parece esta situación?
—Me produce un gran pesar porque somos países hermanos. Y a veces me parece que lo lamentable es que podría tratarse de una diferencia de carácteres entre los dirigentes de ambos países. Hay zonas en la frontera que necesitamos compartir para vivir. Los venezolanos compran la mayor parte de los alimentos en Colombia a cambio de petróleo. Me gustaría, por otro lado, que en Latinoamérica lográramos un respeto mutuo, relaciones de buena vecindad, como lo logró Europa. Uno puede tener pensamientos ideológicos diferentes pero eso no significa que haya que llegar a un nivel de confrontación verbal, como el que se está alcanzando estos días. Creo que hay que lograr la ponderancia en el lenguaje que se usa en el tema Colombia-Venezuela.

—¿Cómo podría ayudar la intervención de la comunidad internacional en la creación del diálogo que posibilite la paz en Colombia y en la región?
—La presencia internacional es importante, en la medida en que puede brindar espacios de acercamiento para el diálogo. En este sentido, vería muy apropiada la presencia de la comunidad internacional. Por otro lado, el apoyo internacional ha funcionado en mi liberación y tiene que seguir funcionando. Ya se han liberado a once personas más. Asimismo, pronto habrá elecciones en Colombia. No sé qué va a pasar pero pienso que va a ser muy interesante. Tiene que surgir la voluntad política de un pueblo.

— ¿Considera factible o ilusoria la posibilidad del apoyo de la comunidad internacional en el proceso de paz de Colombia y en la región?
— Pienso que es posible. Hay países que ya han manifestado su voluntad de mediación. Lo importante es cómo encontrar el momento y cómo hacer para que el Gobierno se sienta cómodo con esta ayuda internacional. El Gobierno actual, por ejemplo, no se siente cómodo con cierta ayuda internacional. La aceptó en mi liberación. Por todo ello, pienso que la comunidad internacional tiene que ser muy sutil si es que en verdad lo que quiere es conseguir la paz.

— Nos hallamos en Alemania, en un espacio español, el Instituto Cervantes, ¿qué papel pueden jugar Alemania y España en este sentido?
— Los tres países que estuvieron más cerca, durante el periodo de mi secuestro, fueron España, Francia y Suiza, que formaban un Comité, para ver cómo se desarrollaba el secuestro. En algunos momentos, estos países sirvieron de apoyo y los guerrilleros presentaron propuestas, a través de este Comité. Esto hoy lo vería bien. En el caso de Alemania, cuando hubo diálogos con el ELN, los guerrilleros vinieron aquí, a Alemania, y se inició un proceso de diálogo entre las partes. Pienso que hay buena voluntad de la comunidad internacional Lo importante es generar espacios para ese diálogo.

—¿Cuáles son las razones esenciales de la violencia en Colombia?
—Colombia es un país de contrastes. En sus cinco ciudades más importantes la gente vive como en cualquier ciudad de occidente, pero hay zonas en donde se generan estos coflictos armados, como en el sur, en donde tiene lugar la confrontación entre el ejército y la guerrilla. El origen de esta violencia, que se remonta a más de cincuenta años, es la lucha por una sociedad más justa, pero hoy si uno mira quiénes son las Fuerzas Revolucionarias de Colombia, que surgieron a causa de esta lucha, parece que hubieran perdido el norte ideológico, si es que lo tuvieron en algún momento. Hoy, según los informes recientes, se nutren del narcotráfico, del secuestro, de la extorsión y parece que no están interesados en un ideal político. Si no cambian estos procedimientos es difícil que haya reconciliación entre las FARC y el Estado. Hay que buscar caminos de reconciliación entre las dos partes. Si las FARC tienen un compromiso con el pueblo, que lo manifiesten de un modo que no sea dañino. Pienso que todos deseamos la justicia social, mejores condiciones sanitarias y educativas para todos.

—Ha estado implicada en la política, ¿volverá a ejercerla?
—De momento quiero dedicarme a escribir un segundo libro. Pero sigo atenta a lo que sucede en Colombia. Quizá en un futuro vuelva. Por ahora necesito lograr readaptarme a la vida normal. Ya lo he conseguido bastante pero tengo un tiempo que quiero dedicarle a mi hijo. Por otro lado, pienso que todos somos políticos en la medida que respiramos. Por ello, porque aún respiro, soy política.

—¿Qué es un secuestro?
—Es una experiencia muy dramática porque, de un momento para otro, uno pierde todo. La libertad, la capacidad casi de pensar debido a la angustia, le invade la ansiedad, la incertidumbre. Es agobiante. No sabría exactamente qué palabra decirle para poder definirlo. Es una experiencia muy dramática porque sitúa a una persona humana fuera de su contexto. Uno está aislado y separado de los que más quiere, y tiene que permanecer, a la fuerza, en un sitio que no quiere.

—¿Por qué sucede un secuestro?
—Las FARC, al decidir realizar un secuestro, parece que no son conscientes del daño que hacen a la persona y a la sociedad en su conjunto. El secuestro nos afecta a todos porque se rompen los lazos de confianza.

—¿Con el secuestro se secuestra a la sociedad?
—En la sociedad hay un acuerdo tácito. En la medida en que hay un respeto, por los menos, a la situación del otro. Cuando se vulnera esto nos afecta a todos. Pienso que se trata de una falta de consciencia.

—¿Quiere decir usted que los guerrilleros de las FARC que la secuestraron no eran conscientes de lo que hacían?
—No, pienso que son conscientes, que es lo más duro. Lo hacen a sabiendas de que causan un daño porque pretenden obtener un beneficio y creen que este camino es el que les va a dar este beneficio. Creo que si en aras de la discusión tuvieran un ideal político, deberían elegir un camino político. Si quieren salir elegidos en un régimen democrático, háganse elegir. Si quieren hacer algo por el pueblo, háganlo. Pero someter a otros seres humanos no tiene justificación.

—¿Cómo contempla usted Colombia tras seis años de cautividad?
—Cuando regresé noté un desarrollo normal en el país, más centros comerciales en algunas ciudades, lo lógico. Esto me lo esperaba. Lo que me impactó fue el cambio en la concienca de la gente. Había un ambiente de mucha solidaridad, en torno al tema del secuestro. La gente asumió este drama como propio. De manera que cuando me liberaron todos gozaron con esta alegría. Por eso digo que hay un cambio en los corazones. La gente sufrió conmigo durante el secuestro y se alegró con mi liberación. En Colombia el secuestro ya no es entendido como algo ajeno sino que se entiende que una familia sola no puede hacer frente a este problema y que tiene que ser toda la sociedad, todos los colombianos, los que tenemos que afrontarlo. Incluso hoy, la gente sigue preocupada por las personas que aún están secuestradas, que son muchas.

—¿Qué cambió en usted seis años de cautiverio?
—Haber estado tan cerca de la muerte te pone la vida en otra perspectiva. Valoras más y tratas de disfrutar más de las pequeñas cosas. A veces uno como tiene todo pues no le presta atención porque lo da por hecho. Pero fíjese, que hubo momentos en los que ni tenía la luz del sol.

—¿Es necesario el dolor para aprender a valorar el día a día?
—Quisiera pensar que no. Sólo puedo decirle que esta experiencia me ha marcado porque me ha permitido entender otras cosas. No sé si hubiera podido haber otro camino para que yo también pudiera entender esto. Pero bueno, me tocó éste. Durante el cautiverio siempre soñé con volver a la libertad. Pensaba en mi niño y pensaba que tenía que estar bien para cuidarlo. De modo que cuando recobré mi libertad, adaptarme a la vida normal, ha sido relativamente fácil. •

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