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Nº 863 - 11 de enero de 2010
Sobre el papel de Europa

por Santiago Carrillo

España ocupará por cuarta vez este semestre la presidencia de la Comunidad, ahora con el concurso del presidente permanente Van Rompuy. Rodríguez Zapatero y el ministro Moratinos han preparado para estos seis meses un programa de trabajo importante. La declaración del presidente del Gobierno, en líneas generales, parece bien orientada. Superar la crisis y que con ello comience a recuperarse empleo es una obsesión. La creación de un órgano de coordinación de los servicios de Inteligencia europeos para la lucha contra el terrorismo puede ser un paso positivo hacia la consideración de esta lucha no como una guerra, no una serie de intervenciones militares que podrían degenerar en una guerra entre Occidente y el mundo musulmán, sino como una acción en que servicios de Inteligencia, policías y jueces, coordinados, sean los protagonistas.
La defensa y ampliación de los derechos humanos y muy particularmente de los derechos de los trabajadores y la mujer son también parte muy importante de la declaración del jefe del Gobierno español en un momento en que la tendencia conservadora dominante en buena parte de Europa va en otra dirección.
Debo reconocer que me sorprende la aceleración del proceso para organizar lo que un medio de comunicación ha denominado "el mayor servicio diplomático del mundo", para el que, de entrada, se prevé ya reclutar a 3.000 funcionarios, con el objetivo de que "Europa tenga una sola voz". Compren-do que esto último sea una noble aspiración. Pero Javier Solana estuvo varios años en un puesto creado con esa intención y lo cierto es que siguieron sonando diversas voces. Que Europa es una realidad económica y comercial, pero dista bastante de tener una política internacional colectiva, una visión común de su papel en el mundo de hoy. Hasta ahora ha secundado con más o menos entusiasmo la política de los EE UU y ha aparecido ante el resto del mundo como un apéndice de la superpotencia. ¿Acaso la creación del "mayor servicio" diplomático va a cambiar por si sola esta realidad?
Un diario atribuía días pasados al secretario de Estado para Europa, Diego López Garrido, las siguientes declaraciones: "Europa debe definir su política exterior en casos muy precisos, como son las relaciones con EE UU y con países como Brasil, Rusia, india y China... ha llegado el momento de elaborar una política exterior propia".
Lo que dice López Garrido es de puro sentido común. Pero aunque se ha hablado y escrito mucho sobre el papel de Europa y aunque se celebran muchas cumbres sobre los problemas más diversos, yo no estoy seguro de que Europa, como tal, tenga la vocación de jugar un papel propio, autónomo en el mundo cambiante en que nos encontramos. Creo que cada uno de sus Estados piensa ante todo en su papel en el mercado mundial y en defender su mercado interior. Y en época de crisis, todavía más.
Una de las razones para esta falta de vocación europea podría consistir en que en los últimos decenios,casi todos los grandes problemas tenían un fondo en el que la solución militar apareció como la última ratio. La Guerra Fría, la cuestión palestina, el equilibrio político mundial y, ahora, el terrorismo. Pero Europa no era ya la Europa imperial, con los mayores y más poderosos Ejércitos del mundo. Y en vez de comprender que su papel moral en esta época, por su historia, su cultura y su progreso social podía ser muy grande, renunció a un papel propio y se cobijó bajo la sombrilla americana.
Está apareciendo un nuevo mundo multipolar en el que Europa puede desempeñar un papel secundario como hasta ahora, "si la potencia militar es el factor decisivo", o un gran papel si desde el principio muestra su voluntad de ser un factor de paz y con toda su autoridad se propone actuar por un mundo en el que cese de imperar el principio de "si quieres la paz, prepara la guerra", un mundo en el que impere el diálogo, la cooperación y la superación de las enormes desigualdades existentes hoy. Europa puede ser una gran potencia política moral, cultural, social. Pero no creo que los ciudadanos europeos deseen hacer de ella una superpotencia militar.
Me gustaría ver una cumbre europea en la que de verdad comenzara a plantearse el papel de Europa, una cumbre en la que Gobiernos, representantes de la cultura y de la ciudadanía comenzaran a buscar una vocación europea común, a trabajar a fondo ese tema.
Porque, sin esa búsqueda, la creación de un gran servicio diplomático puede no ser otra cosa que más burocracia. •

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