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Algo prepara ZP para después de su europresidencia josé Luis Rodríguez Zapatero se ha tomado un semestre de excedencia como presidente del Gobierno de España para ocuparse, en exclusiva, de su nuevo cargo de presidente de turno de la Unión Europea. Ha puesto todo su entusiasmo en que su mandato sea lucido y en eso estamos todos, incluido Mariano Rajoy, que ha hecho un paréntesis semestral en su vehemente oposición a todo. Rodríguez Zapatero ha mandado a su gente un mensaje claro y contundente, un verdadero ucase que, debidamente desencriptado, ha llegado a todos los rincones de la patria: "No quiero líos hasta el otoño. Al que se mueva le dejo frito". Lo que quiere decir que se posponen decisiones importantes pero conflictivas como la selección de candidatos para las elecciones municipales y autonómicas del año que viene. Estos asuntos de personal son siempre ruidosos; es cuando el compañero se convierte en lobo para el compañero al estar limitadas las plazas. Un caso paradigmático es el de Tomás Gómez, secretario general del Partido Socialista de Madrid (PSM). Gómez se ha esforzado denodadamente para que le garanticen desde ya, con luz, taquígrafos y todo el aparato político mediático, que será el candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid y que será proclamado con bombo y platillo. La reclamación del ex alcalde de Parla está justificada. Necesita que se consolide su posición cuanto antes, en razón de la dificultad que plantea la lucha contra Esperanza Aguirre, su formidable adversario que ha ido creciendo en poder y en habilidades de toda laya. Sin embargo, Gómez cuenta con un adversario interior formidable: José Blanco, ministro y vicesecretario general del partido; que, a pesar de dirigir el departamento dotado con la chequera mas abultada, no deja que el polvo se acumule sobre su despacho en la madrileña calle de Ferraz. Blanco, en irresistible ascensión, es muy crítico con la gestión de Gómez y, aunque éste da por segura su candidatura, no las tiene todas consigo. Cuenta, sin embargo, con bazas no desdeñables: que su actual cargo de secretario general del PSM es cosa de Zapatero en persona, quien ya se ha tragado demasiados marrones en la insumisa organización madrileña de su partido y en los anteriores comicios para el Ayuntamiento y la Comunidad. Vamos, que no quiere más líos. Las otras bazas de Gómez son, como ha comentado esta revista, el apoyo de Manuel Chaves, que manda menos que Blanco pues sólo es el presidente del PSOE y vicepresidente del Gobierno, pero que sigue teniendo siendo una referencia histórica del partido al que ha dado continuidad en los momentos más delicados del tránsito del viejo al nuevo testamento. Chaves está mosqueado porque el vicesecretario general apoya a José Antonio Griñán en la pugna que ambos andaluces mantienen, en silencio pero a cara de perro, por la Secretaría General del PSOE de Andalucía. Griñán aspira a ser el próximo candidato de la Junta y evitar inquietantes bicefalias. También cuenta Gómez con el respaldo de Leire Pajín, la secretaria de Organización a quien Blanco, su antecesor en el puesto, no deja espacio suficiente. O sea, Gómez cuenta con una capa protectora superior, la de la vieja guardia de la que Chaves es su emblemática representación, y de Leire Pajín, no menos emblemática representante de la quinta del biberón y amiga de ZP desde la infancia. La solución de todos estos embrollos se espera para el otoño. El fin de la presidencia española de la Unión Europea puede ser el principio de un hecho relevante del que todos hablan pero del que nadie puede presumir de estar informado. Es posible que sólo lo sepa ZP, aunque no me sorprendería que haya compartido alguna confidencia con Pepe Blanco su ya, inequívocamente, segundo hombre. Hay coincidencia general en que “José Luis” hará algo sonado pero, más allá de esa impresión, o quizás mejor decir de esa aprensión, nadie está en condiciones de ir más allá del terreno especulativo. La más obvia, pues, es a la que recurren los gobernantes cuando se encuentran contra las cuerdas, es proceder a una profunda remodelación ministerial, aun a conciencia de que a cada reajuste corresponde un desgaste. Es probable que en dicho reajuste, olido más que sabido, el gallego escalará un peldaño más al alcanzar la Vicepresidencia del Gobierno, lo que le daría más visibilidad como posible sucesor del leonés. A pesar de las nubes de desinformación que nos ocultan el horizonte, se entrevé que algo prepara Rodríguez Zapatero, un mago de la imagen y de la imagienería, para superar el evidente descenso de su apreciación ciudadana. Hasta hace unos meses, a nadie sensato se le hubiera ocurrido sostener que este hombre no se presentaría a las elecciones generales de 2012. Hoy el debate está en la sociedad, aunque nadie se atreve a plantearlo dentro del partido.
José García Abad |
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