![]() |
||
Nº
863 - 11 de enero de 2010 |
||
| Números anteriores | Esta semana |
Del resurgimiento del nacionalismo francés… y del catalán Francia parece abocada a reforzar su identidad nacional. Lo explicaba el otro día muy bien en El País la periodista Ana Teruel desde París. Efervescencia creciente del nacionalismo francés a tope incluyendo juramentos para garantizar los valores republicanos. La grandeur, que fue multiplicada hasta la ensoñación más sublime durante el mandato del general Charles de Gaulle, quiere ser heredada y potenciada por Nicolás Sarkozy, nacido en París el 28 de enero de 1955, aunque hijo de Pál Sarkozy de Nagybocsa, un aristócrata húngaro que salió casi por piernas hacia el exilio coincidiendo con la entrada en Hungría del ejército soviético. Napoleón Bonaparte, extraordinario icono de la grandeur y de la Francia imperial, era corso, nacionalista corso con voluntad de emanciparse, y desde esta perspectiva nada partidario de los franceses. Luego, Bonaparte llegó al poder post revolucionario y hoy en día continúa siendo un héroe nacional, inmortal, símbolo indiscutido de Francia. No deja de ser curioso el hecho de que la ascendencia de Sarkozy fuera húngara, mientras que la de Napoleón, de forma en este caso directa, tuviera sus raíces y su familia fuertemente nacionalista en la isla de Córcega, donde nació. “Cantar el himno nacional en cada uno de los partidos de primera división o prestar juramento al acceder a la nacionalidad francesa son algunas de las propuestas de los ciudadanos que han participado en el debate sobre la identidad nacional de Francia. Así lo explicó (…) el ministro de Inmigración, Eric Besson, al realizar un primer balance sobre la iniciativa, objeto de vibrantes polémicas desde su lanzamiento a principios de noviembre”, señalaba la corresponsal aludida. Conviene resaltar, a los efectos de que esta movilización patriótica ha recibido en dos meses más de 50.000 propuestas, enviadas a la página en Internet habilitada por el Ministerio de Inmigración, procurando explicar cuáles son los ingredientes que deberían ser comunes entre los franceses. No se le debe escapar a nadie que, en el fondo de esta situación, planea un cierto temor ante los inmigrantes que habitan ya en Francia y los que puedan ir llegando en el futuro. Atención, por ejemplo, al himno nacional, La Marsellesa, y el fútbol. Abogan los más nacionalistas por que, en efecto, en los estadios de primera división suene habitualmente La Marsellesa. Precisa Ana Teruel: “Algunos incluso preconizan que el hecho de silbar el himno sea castigado, un tema sensible en el país. De forma regular, en los encuentros de fútbol entre Francia y sus ex colonias el himno es silbado, principalmente por aquellos jóvenes de origen magrebí cuya integración en el país ha centrado gran parte del debate. Hace poco más de un año, la clase política se escandalizó cuando volvió a ocurrir en un amistoso entre la selección nacional y Túnez”. ¿Debe incorporarse a este proceso identitario el fantasma de Jean-Marie Le Pen y de su partido de extrema derecha, el Frente Nacional? No caben muchas dudas. Sarkozy trató en las elecciones presidenciales de hacer suyas, más o menos rebajadas en el tono, iniciativas marcadamente lepenistas, de freno a la inmigración o de un plus de severidad con los extranjeros de escasa o nula fortuna. “Ser francés es un acto de fe”, titulaba El País. Y es que “la propuesta que más ha llamado la atención del ministro Besson es la de solemnizar el acceso a la ciudadanía mediante una ceremonia. Es decir, que cada francés al llegar a la mayoría de edad, así como cada extranjero nacionalizado, sea por naturalización o por contraer matrimonio con un ciudadano del país, expresaría su adhesión a los valores republicanos mediante un juramento público, “un acto de amor y de fe”, según Besson”, recalca Ana Teruel. ¿A dónde vamos con este género de formación del espíritu nacional a la francesa? Primar los símbolos y los mitos puede terminar siendo una cortina de humo que oculte la verdadera situación de los inmigrantes, en la práctica considerados ciudadanos de segunda o de tercera categoría. ¿Alguien se cree que esas ceremonias de exaltación nacional fortificarán los valores republicanos, por otra parte admirables y hasta ejemplares? Puede convertirse toda esta parafernalia en una comedia –no confundir con la Comédie Français– vacía de contenido, envuelta en banderas, himnos y emociones vacuas. En Cataluña, los laportas de turno que
desfilan con antorchas para expresar su compromiso independentista observan el
giro de Sarkozy con enorme ilusión. Estos días, el ex presidente de la
Generalitat, Jordi Pujol, se muestra especialmente satisfecho y esperanzado con
el baño nacionalista de Francia. El diario El Mundo ha estado al loro y ha
publicado una completísima entrevista con Joan Laporta. Los delirios del aún
presidente del F.C. Barcelona no cesan. Aspira a la independencia y no se corta
diciendo que “el Barça encarna la épica que guía a la libertad a los pueblos
sometidos”. Se proclama El Mesías: “La gente me percibe como líder y no pienso
negarme a servir a mi país”. Llama la atención que el periódico de Pedro J.
Ramírez, fustigador implacable, tenaz y a menudo torticero del catalanismo y
del nacionalismo catalán, le haya servido a Laporta, y en bandeja de plata, una
amplia declaración de principios e intenciones. ¿Los extremos se tocan? Si
Ramírez fuera interrogado ahora mismo sobre qué le parece el nacionalismo in
crescendo de la Francia de Sarkozy, diría que está muy bien. Sin embargo, esa
lógica avala la legitimidad de dar varias vueltas de tuerca en Cataluña para
conseguir su secesión de España. Aún veremos a Ramírez del bracete con Laporta
o al revés. |
| Números anteriores | Esta semana |
| © El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08 E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |
