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Nº 861 - 21 de diciembre de 2009

Julián Casanova, historiador

"LO EXCEPCIONAL HABRÍA SIDO

QUE LA REPÚBLICA HUBIERA SUBSISTIDO"

Dos dictaduras, la de Primo de Rivera y la de Franco; una República; una Guerra Civil, una Transición y dos reyes, Alfonso XIII y Juan Carlos I. En definitiva, el siglo XX en España fue "extraordinariamente variado", según el nuevo libro de referencia 'Historia de España en el siglo XX' (Ariel), de los historiadores Julián Casanova y Carlos Gil Andrés. Casanova, al recorrer la historia, da la impresión de que la visualiza
como si se tratara del presente. Quizá, por eso, emplea poco los verbos en pasado al hablar de Alfonso XIII, de Manuel Azaña, de Francisco Franco o de Adolfo Suárez. A los presuntos revisionistas les manda un mensaje: "El hecho de que la Guerra Civil pueda
empezar antes de 1936 es una invención".

Por Luis Marchal

España inició el siglo XX siendo rural, ¿qué trajo la modernización de su economía?
—Toda la modernización de la economía pasa por una desaparición del campesinado. Ésta conlleva tres procesos. Primero, desaparece la mano de obra jornalera barata; que a principios de siglo XX sólo existía en el sur de Italia, en España y en algún lugar de Europa Central. Segundo, se da una reestructuración de la propiedad. Se invierte en el campo. Tercero, hay una transformación de lo que es la sociedad. La aristocracia terrateniente pierde poder político. Esta transformación baja las tasas de analfabetismo y convierte al ciudadano, que hasta ese momento era un campesino subordinado, en un ciudadano urbano.

—En la presentación del libro, usted dijo que el XX fue el siglo de los ciudadanos.
—Cuando empieza dicho siglo, las monarquías son un imperio importante del mundo europeo. Excepto Francia, todos los grandes países tienen una monarquía. El gran debate de la época es si esas monarquías van a saber ensanchar la base política, extenderla a movimientos ciudadanos, democratizarla y transitar desde intereses oligárquicos a bases amplias. Su fracaso en hacer esto se refleja en su caída en la I Guerra Mundial. En 1922, sólo Inglaterra queda como un gran imperio monárquico. En España, ese debate se produce en 1931. Alfonso XIII interviene muchísimo en política, es muy responsable de ese no ensanchamiento de la base.

—¿Perdió Alfonso XIII la oportunidad de adaptar el sistema político de la Restauración a los nuevos retos y problemas que planteaba la sociedad?
—La perdió, a pesar de disponer de políticos que eran más demócratas que él. Antonio Maura, que es muy conservador, tiene un proyecto reformista respecto a lo que era la oligarquía y el caciquismo mucho más avanzado que el Rey. Pero es marginado después de la Semana Trágica de 1909. Alfonso XIII margina a las personas más reformistas. Es verdad que a José Canalejas lo mata un anarquista en 1912 y se va una opción importante de lo que él llama "República Coronada", tipo Monarquía Constitucional británica. En el fondo, hoy se podría decir que España es una República Coronada, desde el punto de vista proyectado por Canalejas. A Alfonso XIII le cuesta el puesto en 1931 el decir "sí" a una dictadura en 1923.

—¿Miguel Primo de Rivera remató con su dictadura a una España enferma?
—Primo de Rivera es una solución que no hubiera salido si el Rey no hubiera querido. La quiebra de la dictadura de Primo de Rivera es la quiebra de la Monarquía de Alfonso XIII, que nunca llegó a ser constitucional a pesar de que había una Constitución. Ahí, mucha gente se pronuncia a favor del republicanismo, empezando por Niceto Alcalá Zamora.

—Y llega la República, que dura cinco años. ¿Había un final fatal ya predestinado en sus mismos orígenes?
—En los orígenes, no. En absoluto. Ahora bien, no hay nada de excepcional en la quiebra de la República. En realidad, lo excepcional habría sido que la República hubiera subsistido. Cuando llega a España, todas las fases liberales y republicanas en Europa están prácticamente, excepto en el caso francés, entrando en crisis hacia movimientos autoritarios. La gente habla de los 90 días de promedio de los gobiernos republicanos, pero el primero, de Azaña, dura dos años. El primer bienio de la República española es muy estable. Azaña no cambia a ningún ministro, salvo por enfermedad, en todo ese tiempo.

—En esos primeros años de República se acometieron multitud de reformas.
—¿Cómo vas a hacer una reorganización del Ejército, una separación de la Iglesia y el Estado, una reforma agraria y una movilización social desde el Ministerio de Trabajo en dos años? Eso fue lo que asustó a demasiada gente. Sin la caída de las monarquías, no se entiende la llegada de las repúblicas, que vienen por una crisis del sistema. Mientras que a éstas las echan abajo a través de las armas.

—¿Cuándo comenzó la Guerra Civil?
—Con el golpe de Estado de 1936. La gente cree que las guerras civiles son conflictos que surgen cuando las sociedades están muy divididas. No es así, son extraordinarias. Para que haya una, tiene que haber un Gobierno que pierda los mecanismos de coerción, que pierda una parte sustancial del monopolio de la violencia que tiene que tener el Estado, y que haya una alternativa armada lo suficientemente fuerte. Si no es fuerte, no abre un conflicto armado. Eso sólo lo puede producir en España un golpe militar. Los procesos insurreccionales desde abajo son incapaces de sacudir al Estado. La insurrección de octubre de 1934 es reprimida claramente por los mecanismos de coerción de la República.

—Los revisionistas tienen la tesis de que empezó antes.
—El hecho de que la Guerra Civil pueda empezar antes de 1936 es una invención. Octubre de 1934 es un conflicto profundo en la sociedad española. En absoluto aquello conducía a la Guerra Civil. Si el golpe de Estado de 1936 hubiera triunfado, no habría habido Guerra Civil. Y si el golpe hubiese fracasado como para no continuar la lucha, el Gobierno se habría mantenido en el poder.

—Entonces, ¿en qué se basan los revisionistas para marcar octubre de 1934 como preludio de la Guerra Civil?
—Esto son posiciones franquistas, llevadas evidentemente al siglo XXI. Políticamente hay un sustrato, de los vencedores de la guerra, de culpar a la República y a la insurrección de 1934, desde el punto de vista histórico, y no al golpe de Estado de 1936, que es el que dieron ellos. Lo que hacen las tesis políticas franquistas, o no franquistas, que también las puede haber de izquierdas, es convertir a la historia en un juego político del presente. Todos los historiadores revisamos tesis, pero hay que pasar por muchos filtros y debates.

—¿Por qué esas tesis revisionistas tienen tanto predicamento?
—Porque hay una base amplísima en España, que fue educada en el franquismo, que está a gusto con ellas. Cuando se educaron, nadie les planteó una alternativa crítica a esaposición. Esto no quiere decir que no sean demócratas .en la actualidad. Una persona que respete la democracia, pero que tiene vínculos con el franquismo, está más a gusto cuando le explican que Franco modernizó España que con la tesis que le dice que Franco era un criminal de guerra.

—¿Ocurre lo mismo con la amenaza de "España se rompe", tan escuchada en los últimos tiempos?
—Esto de "España se rompe" es un discurso que no tiene ningún sentido, en la medida de que hay una Constitución, un ejército que no interviene en política y unos políticos sensatos.

—¿Se han curado las cicatrices que dejó la Guerra Civil en la sociedad española?
—El problema de la Guerra Civil es lo que el franquismo hizo después. Sin una dictadura de 40 años, hoy nadie debatiría sobre los muertos de un lado o de otro. Ese debate se habría cerrado en la década de los 40. El tema está superado en el sentido de que no interviene en la política actual. Es decir, ninguna decisión política actual se toma a la luz de un problema no superado del pasado.

—Sin embargo, hemos visto cierto rechazo a la Ley de Memoria Histórica.
—El sustrato de eso es la educación larguísima que sufrió una parte importantísima de la sociedad española durante el franquismo. Una cosa es aceptar la democracia y otra es que a uno le cambien lo que él vivió en la historia. Por ejemplo, Jaime Mayor Oreja, cuando comenta que el franquismo no le hizo nada, está reflejando lo que fue su vida. No puede decir que el franquismo fue una broma. No se ha dado cuenta de que un responsable político ante un Parlamento Europeo tiene que callarse esos pensamientos. Podrá, en todo caso, reconocer que hubo una violación sistemática de los derechos humanos, que hubo tortura, que hubo represión; pero que él en ese momento no estaba en ese camino.

—¿Por qué cree que hoy todavía se escucha la frase "Con Franco se vivía mejor"?
—Esa frase, en realidad, no la puede decir casi nadie. El progreso que hubo en el último cuarto de siglo XX fue espectacular. Nadie puede argumentar lo contrario desde el punto de vista de las infraestructuras, de la educación o de la sanidad. •

 
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