Nº 861
21/12/2009

 

Zapatero no pudo comprar la foto

José Luis Rodríguez Zapatero ha desplegado todos los esfuerzos posibles, que son muchos pues es un ser muy esforzado y voluntarioso, para comprar la foto, pues sabida es la importancia que el presidente del Gobierno atribuye a tan vistosas ceremonias. Él gobierna a golpe de fotos glamurosas aunque los contenidos sean escasos o difusos y esta imagen podría haber ocupado el lugar de honor en el álbum histórico del presidente del Gobierno; si hubiera transcurrido en otras circunstancias, naturalmente.

Posaban en ella todos los presidentes de comunidades autónomas, incluidos los del País Vasco y Cataluña, ambos socialistas,  lo que, en sí mismo, era de mucho lucimiento y representaba un evidente triunfo para el convocante; además posaba el Rey y el Heredero y aparecían, de forma no del todo justificada, los dirigentes sindicales Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, y los de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán por la CEOE, y Jesús Bárcenas por la Cepyme.

Por añadidura, la conferencia contaba con un vicepresidente ad hoc, Manuel Chaves, cuyo cometido se refiere concretamente al trato con las comunidades autónomas. Hubo una incorporación de última hora, la de  Elena Salgado, vicepresidenta económica cuya presencia no estaba inicialmente prevista pero que era obligada si se iba a hablar de la Ley de Economía Sostenible y se contaba con la presencia de los interlocutores sociales. Es una pequeña muestra más de las improvisaciones presidenciales y del olvido en que tiene a sus ministros. En total, 25 hombres y dos mujeres, contando con el anfitrión, Javier Rojo, el presidente del Senado, en cuya sede se celebraba el ceremonial; una desproporción  entre los sexos que muestra que la paridad no ha llegado a todos los órganos de poder.

Todo era muy lucido y hubiera sido productivo si Zapatero hubiera tenido algo consistente que ofrecer, que no era el caso. Estas fotos resultan caras y al presidente del Gobierno, a diferencia de lo que ocurrió en otras convocatorias, le quedan pocos talonarios en la chequera. En semejante precariedad los dirigentes de las comunidades en las que no gobierna el PSOE no podían decir lo que en la conferencia anterior soltó Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid, con su casticismo habitual: "A caballo regalado no le mires el diente"; o lo que pensaban otros compañeros del Partido Popular, "Dame pan y dime tonto", que volvían a sus feudos con un pan debajo del brazo.

En esta ocasión no había panes ni peces para repartir y Zapatero trató de pagarles comprándoles sus recetas para la crisis y con invocaciones al patriotismo. Semejante cesión en la política económica a la alternativa popular, cuando en el Parlamento no ha sido posible consensuar gran cosa, demuestra hasta qué punto, el contenido era lo de menos.

El acuerdo era casi imposible en las presentes circunstancias cuando el Partido Popular se crece en cada encuesta; en unos momentos en los que Zapatero tiene abiertos frentes  muy peligrosos y sufre un desgaste de su imagen y cuando la generosidad es imposible ante la catadura del déficit público.

Sin embargo, sería una pena que se perdieran estos encuentros. Son una plataforma que puede ser valiosa, al menos mientras el Senado no asuma la deseable función de Cámara autonómica, y la cosa va para largo pues para ello sería necesario modificar la Constitución, y hoy por hoy el Gobierno no quiere abrir el melón constitucional.

La Conferencia de Presidentes, que Zapatero puso en marcha en 2004, pocos meses después de acceder a La Moncloa, puede cumplir importantes funciones concretas pues hay problemas que sólo se pueden resolver con la aquiescencia de las comunidades.

Desgraciadamente, no ha sido así y esta nueva instancia, que nació con voluntad de cita anual, sólo se ha reunido en cuatro ocasiones. No era ésta una cita obligada ni se la echaba de menos, por lo que resulta chocante que Zapatero la convocara sin la seguridad de que iba a ser un éxito. Y un éxito no podía ser porque el Partido Popular no estaba dispuesto a hacerle semejante regalo a un adversario que encuentra en baja forma. Ello sin contar con la evidente falta de preparación de la misma.

José García Abad


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