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Internacional
Nº 859
7/12/2009
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La fortaleza de la derecha amenaza con el fin de la Concertación

CHILE ELIGE AL SUCESOR DE BACHELET

A una semana de las elecciones presidenciales en Chile ya se habla de una segunda vuelta contra Sebastián Piñera. El millonario líder de derecha no sólo tiene su pase asegurado a ésta, sino que hoy por hoy mira al 17 de enero con las mayores posibilidades de triunfo. Por primera vez desde la elección de Patricio Aylwin en 1989 la coalición partidaria que emergió de la oposición a Augusto Pinochet inicia una carrera electoral desde atrás. El desgaste de 20 años en el poder más una serie de errores propios no ha permitido al ex presidente Eduardo Frei (1994-2000) capitalizar la enorme popularidad de la presidenta Michelle Bachelet, que cuenta con un respaldo superior al 70 por ciento de la población.

Por Felipe Ramírez. (Buenos Aires).
Uno de los problemas de la Concertación fue que durante el periodo de la actual mandataria faltó un debate interno sano que apuntara a la renovación de sus cuadros políticos. Las directivas de los cuatro partidos que conforman el conglomerado se llenaron de dirigentes históricos, y cuando llegó el momento de escoger candidato para las presidenciales las voces internas que criticaban la forma en que se estaba conduciendo la coalición fueron acalladas al punto que se produjeron fugas desde la Democracia Cristiana hacia la derecha como del Partido Socialista hacia la izquierda. De ahí emanaron dos de los cuatro candidatos para este 13 de diciembre.

Si bien Piñera, de 60 años –con una intención de voto del orden del 36 por ciento– está en carrera desde que perdiera la segunda vuelta con Bachelet en enero de 2006, para no desgastar su figura en una primera etapa la campaña fue encabezada por sus coroneles. En un comienzo muy agresivos contra el Gobierno, la creciente popularidad de Bachelet los obligó a moderar el discurso de forma tal que ahora incluso se habla de la continuidad de las "cosas buenas" de Bachelet, y durante la campaña televisiva el candidatode derecha llegó al confuso extremo de mostrar imágenes suyas con la actual mandataria.

Con la mirada puesta en los descontentos, sus publicistas eliminaron la estructura tradicional de las campañas de la derecha chilena, sacando los tradicionales tonos blanco, azul y rojo de la bandera, para ser reemplazados por tonalidades multicolores, tradicionales de la Concertación.

Y en sus canciones incorporaron instrumentos de origen folclórico, también asociados con la izquierda, creando una alegre amalgama de símbolos.

Por su parte Frei, 66 años –que rondaría el 25 por ciento de los votos– se ha concentrado en apelar a las obras de la Concertación, poniendo énfasis en los avances sociales de Lagos y Bachelet. Esto apunta a tratar de olvidar sus últimos años de gobierno, cuando luego de sostenidos años de crecimiento basado en exportaciones primarias la economía chilena fue duramente golpeada por la crisis asiática de fines de los años 90. En la recta final ha sido acompañado por el ex presidente Ricardo Lagos (2000-2006), quien se ha debido tragar parte de su enorme ego declarando que los logros de su Gobierno no hubieran sido posibles sin tener a Frei como antecesor.

El candidato de la Concertación se ha concentrado en recordar hechos que han puesto en entredicho la doble militancia de Piñera en la política y los negocios, como la compra de un banco a precio de liquidación en los años 80 o la multa que recibió en 2006 por parte del regulador bursátil de Chile por hacer uso de información privilegiada. Tras una reunión de directorio donde conoció los resultados favorables de la línea aérea, el candidato de derecha compró más acciones de la empresa, antes de que los resultados fueran públicos. Este hecho apareció en un informe de Transparencia Internacional, lo que ha sido recordado en varias ocasiones por sus rivales. Para defenderse, Piñera habla de persecución política, eludiendo sus evidentes conflictos de interés.

La sorpresa de Enríquez-Ominami, de 36 años –con una intención de votos de alrededor del 22 por ciento– ha pasado por recoger el voto progresista harto de las mismas caras de siempre, y a varios socialistas descontentos con la conducción del partido. La semana pasada el actual embajador en España, Gonzalo Martner, se atrevió a decir en una entrevista que Enríquez-Ominami "también podría ser un gran continuador de la presidenta Bachelet", lo que probablemente le signifique su regreso a Santiago después de las elecciones.

Su problema es que tratando de pescar votos ha pecado de veleta, lo que le ha valido críticas tanto de Frei como del candidato de la izquierda, Jorge Arrate, por su indeterminación. La semana pasada el candidato reafirmó su idea de crear, después de las elecciones, un nuevo referente político que incluya a personas tanto de izquierda como de derecha, una "instancia de izquierda progresista que estará siempre disponible para recibir a hombres y mujeres que vengan de distintos mundos". Al ser consultado, el propio portavoz de su comando, un ex actor de telenovelas devenido diputado hace algunos años, dijo que no se sentiría cómodo con personas de derecha, lo que sacó ronchas en su jefe.

Convencido en que pasará a la segunda vuelta, Enríquez-Ominami invitó a la formación al publicista francés Jacques Séguéla, ex asesor creativo de gente como Lionel Jospin o Francois Mitterrand, y que ya había cumplido un papel similar en la recta final de la campaña de Ricardo Lagos hace diez años. La llamada, entonces y ahora, corrió por cuenta de Carlos Ominami, padre adoptivo del candidato y amigo personal de Séguéla, quien ha dicho del joven candidato que tiene "la precisión política de Mitterrand y la dinámica de Sarkozy".

Por la izquierda corre otro descolgado del socialismo. El ex ministro de Educación de Aylwin, Jorge Arrate, 68 años de edad, ha articulado un discurso coherente que apunta a la negociación de sus votos, que rondarían el 5 por ciento, de cara a la segunda vuelta. A pesar de saber que no tiene posibilidades, por primera vez la izquierda estaría en posición de negociar a su favor y, de esta forma, obtener algún tipo de participación en la toma de decisiones del nuevo gobierno. Parte de ello ya se vio en el acuerdo tejido entre el Partido Comunista y el oficialismo que apunta a terminar con la exclusión parlamentaria de la cual el PC es objeto gracias al sistema electoral heredado de la constitución pinochetista.

Para esta semana final de campaña, los candidatos se centrarán en las grandes ciudades y en el voto de los indecisos, un margen que nunca se vio tan amplio (entre el 14 y el 18 por ciento). Piñera tratará de ir por el voto rural, donde la Concertación, que ha tenido en su control el aparato estatal durante los últimos 20 años, corre con ventaja. Enríquez-Ominami y Arrate apuntarán al votante urbano de clase obrera, con la idea fija de revivir un espíritu de izquierda filo-. allendista, mientras que Frei, que ya parece haber dado por perdido ese sector, apuntará a la clase media y el ama de casa popular, un voto que desde hace unos quince años pertenece a la derecha pero que al parecer Piñera no ha podido cautivar.


Polémico Museo de la Memoria
Tal como lo fuera el Centro Cultural Palacio de la Moneda, construido bajo la Casa de Gobierno e inaugurado por Ricardo Lagos pocos días antes de dejar el poder, la "estrella de despedida" del Gobierno de Michelle Bachelet estará encarnada por el demorado Museo de la Memoria, dedicado a recordar el terrorismo de Estado y las violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura pinochetista (1973-1990).

Se trata de un tema muy controvertido en Chile, donde no existe el consenso condenatorio que sí se vive en países como Argentina o Uruguay respecto de las atrocidades cometidas. El edificio, de 6.000 metros cuadrados, promete levantar polvareda entre los relativistas de derecha que hablan de "los caídos de ambos bandos", negando las características genocidas de estos procesos que han sido reconocidas por organismos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos o la Corte Internacional de La Haya.

La duda aún no resuelta es si la inauguración del edificio, ya terminado, será antes o después del 17 de enero, día de la segunda vuelta electoral. Si es antes serán inevitables los dedos acusadores que apunten a los aliados de Sebastián Piñera, muchos ellos ex funcionarios de la dictadura y aún leales pinochetistas. La respuesta será, tal como en temas como el uso de información privilegiada en la bolsa de valores por parte del candidato de derecha, una contraacusación de "utilización política" de los hechos.

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