![]() |
|
| Nº 859 - 7 de diciembre de 2009 |
| Números anteriores |
|
El nuevo poder de RTVE
por Miguel Ángel Aguilar Fue un gusto escuchar al nuevo presidente de la Corporación de RTVE en su primera comparecencia ante la Comisión de Control del Congreso de los Diputados. Como decía un buen amigo periodista en su Telegrama del informativo Hora 14 de la Cadena Ser, en medio de tanto barullo, de tanta "asimilación tergiversadora", Oliart optó por la "clarificación sancionadora". De forma que las prioridades inmobiliarias de su predecesor –Mina del cazador incluida– se reemplazan por un plan de austeridad, a la revisión de los contratos con las grandes distribuidoras cinematográficas americanas, a compartir los derechos de los espectáculos deportivos para rentabilizar los cuantiosos desembolsos y a la mejora del Canal Internacional. Alberto Oliart concluyó su intervención con una proclamación que merece máxima atención: "soy un hombre libre". Con la trayectoria que le avala y la exclusiva ambición de entregarse a la misión recibida, un hombre libre resulta incoercible. Pero además, la llegada del nuevo presidente de CRTVE va a coincidir con una etapa por completo inédita, la que se inaugura el primero de enero al suprimirse la emisión de publicidad. Hasta ahora, desde la aparición de los canales privados de televisión (Antena 3TV, Telecinco y Canal + en 1985, los que se sumaron en 2007, Cuatro y la Sexta) hemos vivido en un peculiar sistema de espiral de la competencia hacia la basura, en lugar de hacia la excelencia. Los canales públicos sintieron el estímulo de los privados y se aplicaron a defender su cuota de pantalla ofreciendo cuanta basura consideraron necesaria. Respondían a la necesidad de sostener a todo trance la audiencia porque ahí residía la llave comercial para contratar la publicidad y cumplir con sus presupuestos sin deslizarse por la pendiente del déficit. Porque sabemos que los medios de comunicación venden información y entretenimiento a sus audiencias y al mismo tiempo venden esas audiencias a las compañías publicitarias. De esa realidad deriva la fuerza condicionante que la publicidad tiene sobre el contenido de los medios. La inversión publicitaria de las grandes compañías tiene un extraordinario poder disuasivo. Hay muchos anuncios que se insertan sin relación alguna con las necesidades de los departamentos comerciales y de ventas, lo que se denomina marketing. Aparecen sólo como ejercicio de poder. Así por ejemplo, sucede con las emisiones cuando ya han sido cubiertas. Los responsables de las cuentas de resultados de los medios de comunicación saben transmitir a las redacciones la conveniencia de abstenerse de determinadas críticas que erosionarían a las compañías anunciantes. Por eso, por ejemplo, nadie nos ha explicado el recibo de la luz y el punto de vista de la Comisión Nacional de la Energía ocupa espacios infinitesimales en comparación con el sustentado por las eléctricas. Un caso espectacular mucho más reciente ha sido el de los pagarés de Nueva Rumasa, un verdadero timo piramidal con la garantía pintoresca de un brandy viejísimo de Jerez Conde de Garvey, que sólo se ha descodificado en las páginas de EL SIGLO y en la tertulia de Hora 25, el programa de la Cadena Ser que dirige Angels Barceló. Una actitud que recuerda aquello de "Micifú y Zapirón/ se comieron un capón/ en un asador metido/ después de haberlo comido/ trataron en conferencia/ si obrarían con prudencia/ comiéndose el asador/ ¿lo comieron?, no señor/ era un caso de conciencia!". Criticar a los anunciantes se considera otro "caso de conciencia". Pero a partir del primero de enero, TVE, sin publicidad, quedará liberada de esas ataduras publicitarias. Defenderá su cuota de pantalla pero sin necesidad de insertar basura y podrá ejercer un nuevo poder. Será libre como Oliart mismo.• |
| Números anteriores |
| © El Punto Prensa, S.A. Plaza de España, 18 28008 Madrid. Tfno: 34 91 516 08 14/15/08 E-mail: siglo@elsiglo-eu.com |
