Nº 859
7/12/2009

 

ZP planta Cuatro Rosas en su nueva ley

José Luis Rodríguez Zapatero ha cocinado un guiso aceptable con la Ley de Economía Sostenible. La mayor parte de los ingredientes echados a la olla son de buena calidad y ninguno perjudicará seriamente a la salud. Es un conjunto de medidas útiles en distintos grados y aplicables a las situaciones más diversas y a las necesidades más variadas.

Es un paquete de buenas intenciones cuyo efecto sólo puede ser desigual pero en ningun caso contraproducente. Los buenos deseos gubernamentales se dan por supuesto y no hay que excluir que se consigan efectos beneficiosos para modernizar usos y costumbres arraigados en la actividad económica que restan eficacia productiva.

El presidente del Gobierno explicó el pasado miércoles en debate parlamentario cuál es su diagnóstico de la situación de la que partimos, cuál es el enfoque de la nueva norma, y ha revelado su estrategia al respecto. Sin embargo, lo más urgente quedó fuera de la ley aunque con la promesa de afrontarlo en el primer trimestre de 2010. Me refiero a resolver los problemas financieros que impiden que el dinero circule y que fluya el crédito hacia el sector productivo y las reformas precisas en el mercado laboral. Mi impresión es que Zapatero ha dado por liquidada la crisis y que legisla para la normalidad, para una normalidad que él estima con su optimismo natural, que él llama confianza en el país.

Sin embargo en lo que se refiere a los “trámites” precisos, aunque a veces molestos para volver al buen camino, Zapatero habló y como de pasada. Sobre el saneamiento financiero habló de forma sumaria y sólo mencionó lo que se refiere a las actuaciones sobre las cajas de ahorros. Respecto al segundo punto, la reforma del mercado del trabajo, el presidente ratificó con firmeza su filosofía y su fe socialista aunque no fue muy explícito porque está decidido a que dicha reforma se haga por consenso entre los agentes sociales. El presidente puso, sin embargo, las líneas  rojas de la reforma laboral en su conocida postura reiterada en mítines y discursos: nada de abaratamiento del despido y nada que represente reducción de los derechos adquiridos por los trabajadores.

El diagnóstico, que el presidente centró en cuatro puntos, me parece acertado en lo que al largo plazo se refiere, aunque la floración de sus Cuatro Rosas no se producirán hasta la siguiente o las siguientes legislaturas, en fecha en la que José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que decidir si se vuelve a presentar como candidato de su partido a las elecciones generales.

Lo que he llamado las Cuatro Rosas, parafraseando a Mao Zedong,  se refieren a la escapada de la burbuja inmobiliaria; al ahorro energético y la apuesta por las renovables y el rechazo a invertir un duro en nucleares; a la Educación, que es un plan que debe extenderse más allá de una generación y que debe convertirse con un mayor esfuerzo en I+D+i; y a la generación de un entorno más favorable para la empresa, con apoyo a los sectores emergentes y mejorando la gestión del sector público.

Son cuatro rosas esplendorosas pero que no necesitaban de una ley solemne con pretensiones de universalidad, sino que, en mi opinión, deben plantarse, regarse y protegerse de las plagas con acciones de alta jardinería que debe asumir el Gobierno con acciones coherentes, con normas concretas y con plasmación coherente en los Presupuestos Generales del Estado.

No quisiera repetirme en exceso pero creo que ya he expresado en no pocas ocasiones que soy algo escéptico respecto a la inflación de leyes que este país viene sufriendo desde hace décadas y que Zapatero propende a incrementar. Creo más en la eficacia de la gestión, en el día a día de la toma de decisiones gubernamentales que, a veces, pueden tener más efecto con una reunión o una llamada de teléfono que con la fabricación de leyes. Siempre que, naturalmente, los creadores de empleo confíen en el Gobierno y  a veces esta confianza se deteriora cuando se comprueba que las mejores leyes no surten efectos apreciables.

En el caso concreto de la de Economía Sostenible ha quedado fuera, como señalaba antes, un imperativo esencial: que el crédito vuelva a funcionar; que el dinero, que no falta, circule como Dios manda, a la velocidad requerida. No nos engañemos: sin crédito no hay economía sostenible. Probablemente no sea esta norma la más adecuada para ello pero mientras no se aborde el atasco que sufren bancos y cajas y mientras el FROB no eche a andar, edificaremos en terreno movedizo. Desgraciadamente el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) sigue virgen y las cajas de ahorro, indigestas por el ladrillo, continúan resistiéndose a tomar las medidas precisas: fusiones, absorciones o la liquidación de alguna entidad. Mientras no metamos mano al sistema financiero, un problema que ya han resuelto los demás países, la Ley de Economía Sostenible no tendrá efectos  apreciables.

José García Abad


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