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Nº
859 - 7 de diciembre de 2009 |
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Del portavoz conservador González Pons, de Sitel y de la periodista Sánchez Vicente Al portavoz del PP, Esteban González Pons, le chafaron la guitarra y hasta el violín desde la Generalitat valenciana. Andaba muy crecido González Pons a costa de Sitel e iba predicando sin tregua ni cuartel que era necesario, absolutamente urgente, aprobar una ley orgánica sobre las escuchas telefónicas a través de un acreditado sistema tecnológicamente muy solvente, puesto que corremos los españoles el riesgo de ser interceptados, en nuestras conversaciones telefónicas, de forma ilegal y, por supuesto, abusiva. Pero lo dicho. De pronto el discurso de González Pons se quebró con formidable estruendo tras que voces autorizadas del Gobierno que preside Francisco Camps dijeran públicamente que la presunta ilegalidad de Sitel, de confirmarse, sería utilizada por el PP valenciano para impugnar las investigaciones policiales y judiciales en torno a la trama Gürtel. Atrapado el mencionado portavoz por la verdadera intención de su campañita, González Pons tuvo que olvidarse de sus denuncias contra Sitel porque se le veía de modo excesivo el plumero. Lo que buscaba este dirigente del PP con su plática casi cotidiana era que calara en la opinión pública que las pruebas sobre el caso Gürtel se habían forjado de manera irregular, y probablemente ilegal, hasta el extremo de que podrían ser utilizadas para que en su día el Tribunal Supremo hiciera algo igual o similar a lo que hizo en relación con el caso Naseiro: apaga y vámonos; adiós, jueces y fiscales; se acabó la historia, todos los peperos absueltos, incluidos Francisco Correa y sus secuaces más cercanos. Enmudeció González Pons y han callado, por el momento, las terminales mediáticas de Mariano Rajoy. Andaban muy flamencos los periodistas en la órbita de Génova, 13. El 26 de noviembre, Consuelo Sánchez-Vicente, conocida columnista que se ha ido escorando hacia la derecha de forma paulatina e ininterrumpida, dictaminó en La Gaceta, el diario más conservador de los que pueden adquirirse en los kioskos, que “regular el sistema de escuchas telefónicas Sitel mediante ley orgánica como pide el PP no es discutible ni opinable, sino imperativo; es el tipo de ley que prevé la Constitución para garantizar los derechos fundamentales y cuándo y cómo pueden ser suspendidos legalmente esos derechos por los tribunales y por nadie más”. ¡Vaya con la señora Sánchez-Vicente! ¡Ordeno y mando, y aquí no se discute lo que defiende Rajoy para salvarse de la quema llamada Gürtel! Muy solemne, esta periodista se apresura a continuar apoyando los dogmas de los populares: “Las reglas del juego del Estado de Derecho se cumplen o no hay Estado de Derecho. Simplemente. Cuando se utilizan las instituciones y los votos para saltarse las reglas, como yo creo que hicieron ayer (miércoles 25 de noviembre) el Gobierno y los socialistas en el Congreso con Sitel, la mayor obviedad suena casi libertaria y revolucionaria”. No llamó a las barricadas la columnista por el canto de un euro. En todo caso, aprovechó para lanzarle flores a González Pons. Al cual define del siguiente modo: “Esteban González Pons es un diputado, por cierto, que sabe muchísimo de ordenadores y de informática, o sea, que sabe de qué habla cuando pide más control”. Consideración, desde luego, escandalosamente paleta la de Sánchez-Vicente. Habrá que felicitar a ese diputado del PP por sus aciertos informáticos, pero ser técnico en ordenadores no es incompatible con practicar la demagogia. Fiel al guión genovés, Sánchez-Vicente agregó curiosas reflexiones: “Cuantos más ojos para vernos y oídos para escucharnos tenga el Estado, menos libres para vivir seremos los ciudadanos”. En realidad, lo dijo un González Pons en plan de liberador enfrentado a la omnipresencia del Gran Hermano. Otra frase para la historia del portavoz del PP: “La verdadera libertad no nace de la seguridad que da la esclavitud”. ¿La esclavitud actual es el Gobierno Zapatero y su instrumento para mantener a raya a los esclavos es Sitel? Lo que sostiene Sánchez-Vicente no es menos osado: “El Sitel es un buen sistema para luchar contra los malos de las mafias y el terrorismo, pero con la regulación que tiene ahora también se puede utilizar para violar el derecho a la intimidad de los buenos”. También para hacer decir a cualquiera lo que no hemos dicho. Con la regulación actual, la capacidad de las nuevas tecnologías digitales para cortar, pegar e incluso recrear sonidos sin que se note, como explicó González Pons, convierte la fiabilidad de las grabaciones que la policía entrega al juez en sólo cuestión de fe”. En fin, que resulta tan candorosa la apelación de la periodista a los malos y a los buenos que produce una cierta confusión y no poca vergüenza ajena. A los malos, Sitel; a los buenos, no Sitel. ¿Dónde colocaría la articulista a los presuntos delincuentes gürtelianos, mayoritariamente vinculados al PP? ¿En el bando de los malos o en de los buenos? Sería muy interesante que Sánchez-Vicente nos lo explicara. |
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