Gervasio Sánchez, Premio Nacional de Fotografía 2009
"EL PERIODISMO ES
TAN IMPORTANTE COMO
LA MEDICINA"
El jurado ha sido unánime. El Premio Nacional de Fotografía de este año se lo ha
merecido el fotoperiodista 'free lance' Gervasio Sánchez. Cuando la ministra de
Cultura, Ángeles González-Sinde, se lo comunicó, lo primero que hizo fue acordarse
de todos sus amigos periodistas y fotógrafos que han muerto ejerciendo su
profesión en los últimos 20 años. Autodidacta, Sánchez ha enfocado su carrera en
el retrato de las víctimas inocentes de los conflictos, a las que trata con absoluto
respeto. Considera que el periodismo es imprescindible para la sociedad, pero queéste "sufre una crisis de identidad". De hecho, critica que "ya las grandes
corruptelas que hay en la política no son investigadas por los periodistas".
Por Luis Marchal
Qué se siente tras ser el primer fotoperiodista que obtiene el Premio Nacional de Fotografía?
—Muy contento. Era importante que la fotografía periodística, que a veces parece la pariente pobre de la fotografía, entrase en el Premio Nacional de Fotografía. Me sorprende que en las quince convocatorias anteriores ningún fotoperiodista haya sido galardonado; aunque hay algunos premiados que sí han estado muy implicados con la fotografía documental como Ramón Masats, Joan Colom o Cristina García Rodero.
—¿Le han dado este premio porque usted huele y ve el lugar de los hechos en cada historia que cubre?
—En el jurado no había ni un solo foto-periodista. Según se ha informado, valoraron mi manera de acercarme a las víctimas y mi interés por comentar historias a largo plazo. Creo que es importante que los periodistas se acerquen a las historias con todo lo que significa este trabajo. No es cómodo ni fácil, pero no se puede estar en la guerra de paso. Hay que ir con todas las consecuencias.
—¿Es la fotografía una herramienta de denuncia de la violencia?
—El periodismo, fotoperiodismo en mi caso, es tan importante como la medicina. Una sociedad mal informada es una sociedad fácilmente manipulable. No hago periodismo de denuncia, hago simplemente periodismo. Desgraciadamente, esta profesión vive un momento muy crítico. Sufre una crisis de identidad, que se fraguó en los momentos en que más dinero se ganaba con el periodismo. Cuando los medios empezaron a obtener muchos beneficios económicos, comenzaron a olvidar los valores del periodismo. Ya las grandes corruptelas que hay en la política no son investigadas por los periodistas, sólo por los jueces.
—¿La prensa ha perdido independencia? —Quien diga lo contrario, miente. Esto ha ocurrido por algo muy grave: las relaciones entre poderes mediáticos, políticos y económicos son cada vez más estrechas y cada vez más obscenas. Las grandes empresas económicas tienen propiedad de domar a losmedios gracias a la publicidad.
—Muchos jóvenes periodistas quieren la etiqueta de "corresponsal de guerra", mientras que usted la rechaza, ¿es porque una guerra "es el fracaso más rotundo del ser humano"?
—Otra de las cosas de mayor fracaso es cuando los periodistas se convierten en noticia. Como yo tengo muchos de mis mejores amigos muertos en zonas de conflicto, pues rechazo frontalmente la categoría de "corresponsal de guerra". Podrán ser llamados así profesionales que tengan la capacidad y la voluntad de estar 50 años en la guerra. Cuando yo cumpla los 70, si llevo 50 años allí, asumiré con mucho cariño que me llamen "corresponsal de guerra". Mientras tanto, yo me quito esa etiqueta. Muchos de los que se la colocan no han visto ni la guerra ni sus aledaños.
—¿La posguerra es más doliente que la guerra?
—Las guerras están divididas en dos categorías, en mediáticas y olvidadas. A veces, hay guerras mediáticas que son olvidadas, según las fases del conflicto, como ha pasado con Afganistán. Luego, hay guerras olvidadas que son tremendamente duras, que se han dado principalmente en países del Tercer Mundo, de las que apenas se habla en los medios. Pero, de lo que no se escribe casi nunca es de las posguerras. Son durísimas. En ellas es muy difícil recuperar la normalidad. Sólo hay que ver el caso de la Guerra Civil de España. Más de 70 años después de acabarse, seguimos en la posguerra. Somos incapaces de solucionar muchos problemas que tienen que ver, por ejemplo, con fosas comunes y con cuerpos sin identificar. Esto ocurre por la cobardía de los dos partidos mayoritarios, el PSOE y el PP. Al principio de la década de los 90 ya era un buen momento para llegar a un acuerdo y aclarar el pasado de este país y, sobre todo, recuperar los cuerpos de los muertos sin identificar para dárselos a los familiares. —Precisamente, usted quiere presentar en 2011 un trabajo sobre la memoria histórica para denunciar que está "instrumentalizada". —El año pasado, el Gobierno socialista instrumentalizó la Ley de Memoria Histórica. La utilizó como arma arrojadiza. La derecha hizo lo mismo. Debido a la crisis económica, los planes de búsqueda de cuerpos están prácticamente suspendidos y no hay dinero para identificar los cadáveres. Llevo trabajando en temas de desaparición forzosa desde 1984, cuando realicé mis primeros viajes a Guatemala, Chile y El Salvador. De hecho, es uno de los temas troncales de mi carrera. Sobre esto, voy a presentar una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, el Musac, en enero de 2011. Estarán presentes países como Chile, Argentina, Colombia, Perú, Guatemala, El Salvador, Bosnia, Iraq, Afganistán y Camboya. Asimismo, habrá una especie de epílogo español. Después, dedicaré al menos cuatro años a desarrollar el caso de nuestro país.
—¿Se emociona siempre con el dolor ajeno?
—Es obligatorio identificarse con el dolor de las víctimas para contar su historia. Si alguien va a una zona de conflicto y no se siente golpeado por lo que ve, lo mejor que puede hacer es regresar a su casa. No va a transmitir lo que está ocurriendo con la fuerza que se requiere.
—Uno de sus proyectos más conocidos es Vidas minadas, sobre el impacto de las minas en países más como Afganistán, Angola y Camboya; ¿qué le ha supuesto personalmente?
—Lo que todos. Este proyecto empezó en 1995. En 2022 sacaré Vidas minadas, 25 años. La vida de los protagonistas está más estabilizada. Seguramente encontremos a los que eran niños cuando empecé con él con hijos o, incluso, con nietos.
—Aquí se verá lo que han evolucionado esas víctimas, esa posguerra de la que hablábamos.
—Uno de los errores de la prensa es convertir a las víctimas en parte de un ejército de números. Un millón de muertos. Un millón de desplazados. Cada persona que muere, que es desplazada o que es herida tiene una historia con nombres y apellidos. Si se contaran todas las historias de todos los muertos y de todos los heridos en la guerra y la población las viera de forma individual, el impacto haría que las personas fuesen más activas. Éstas obligarían a sus gobiernos a cambiar sus políticas relacionadas con las ventas de armas, con la facilidad con la que se permiten los abusos de las grandes multinacionales...
—Una frase suya es que "una imagen tiene la posibilidad de ser vista sin traducción simultánea en un mundo en el que los niños aprenden antes a leer imágenes que palabras".
—Esto es la fortaleza de la imagen. A un crío le pones delante del televisor con seismeses, delante de un Barrio Sésamo, y a la segunda vez que mira empieza a entender el movimiento. Con un año, comprende. Con dos años, habla y reproduce. En cambio, a esa edad todavía no sabe ni leer ni escribir. Es capaz de ver imágenes antes que palabras. Además, una fotografía no tiene necesidad de ser traducida. La puede entender cualquier persona.
—Como le preguntaría Iñaki Gabilondo, ¿cuál es la fotografía del momento que se vive en España?
—La de una clase política mediocre, que no hace más que tirarse los trastos a la cabeza, que lucha por el poder a cualquier precio y que es incapaz de acordar unos mínimos planes de confrontación con una situación económica muy grave. Esto ha hecho que políticos de hace 20 años, que para mí eran del montón, se hayan convertido en políticos de gran calidad. La culpa la tiene la prensa y el periodismo declarativo, porque si no se les pusiera el micrófono, los políticos se reservarían para decir cosas interesantes. Eso sí, no se ponen de acuerdo en casi nada, excepto a la hora de tomar decisiones sobre las cloacas del Estado. Prueba de ello es que vemos al PP y al PSOE muy amigos convirtiendo a España en la sexta potencia en venta de armas. •
|