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Nº
857 - 23/11/2009
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RUCO SE 'ANEXIONA'
LA IGLESIA VASCA Desde que José María Setién fuera nombrado obispo de San Sebastián recién
estrenada la democracia, la Iglesia vasca ha sido uno de los puntales más importantes
de los nacionalistas. Así continuó siendo con Juan María Uriarte, que abandona ahora
la diócesis guipuzcoana Por Virginia Miranda Antes de retirarse quiere finalizar el cambio del mapa episcopal para dejar la Iglesia española bien atada". José Manuel Vidal, uno de los mayores expertos en asuntos eclesiásticos y director de religiondigital.com, advierte que Antonio María Rouco Varela, presidente del Gobierno de los obispos, ha emprendido los recientes cambios acaecidos en el Episcopado español promocionando a gente de su absoluta confianza. A Braulio Rodríguez en la diócesis de Toledo, a Juan José Asenjo en la de Sevilla –solución acordada con su antecesor, Carlos Amigo–, a su sobrino Alfonso Carrasco Rouco en Lugo, y a Mario Iceta como auxiliar en la de Bilbao. Pero el que sin duda resulta estratégico, decisivo y también arriesgado es el movimiento que acaba de emprender en San Sebastián. Al cierre de esta edición estaba previsto que el sábado se anunciara la terna de nuevos prelados en el obispado guipuzcoano y también en el de Oviedo. Al primero habrá llegado el hasta ahora obispo de Palencia, José Ignacio Munilla. Al segundo, Jesús Sanz Montes, procedente de Huesca y Jaca. Nacido en Donostia en 1961 y euskaldun, Munilla rompe sin embargo con la línea tradicional de la Iglesia vasca, uno de los baluartes del nacionalismo en Euskadi desde la llegada en 1979 de José María Setién a la diócesis de San Sebastián y durante el mandato de su sucesor, Juan María Uriarte, que abandona ahora el ejercicio pastoral tras haber cumplido 75 años. Igual que Setién pactó con Roma su salida siguiendo la conocida como vía francesa, Uriarte pretendía consensuar el nombre de su sustituto, proponiendo al titular del obispado de Vitoria, Miguel Asurmendi, asistido como auxiliar por el claretiano Xabier Larrañaga por su conocimiento del idioma que en Guipúzcoa habla más de la mitad de la población. Sin embargo, el prelado chocó con los planes de Rouco Varela, que en contra de su conocido pragmatismo –es partidario de "arar con los bueyes que se tengan"–, prefirió asumir el reto de 'españolizar' la Iglesia de Euskadi, nacionalista, democrática y participativa, a riesgo de enfrentarse con los religiosos vascos. Un riesgo controlado, porque la del cardenal-arzobispo de Madrid es una estrategia a largo plazo y sabe que, por mucho que se disgusten, los curas no se van a rebelar, apunta Vidal. Para acometer esta profunda reforma el purpurado ha recurrido a Munilla, considerado uno de los jóvenes talibanes del Episcopado por su ideología y eclesiología. El obispo llega a San Sebastián con el ánimo de un mártir dispuesto a sacrificarse en la cruzada antinacionalista emprendida por Rouco, dicen en el entorno de la Conferencia Episcopal (CEE), y que tendrá una próxima emboscada en el relevo de Ricardo Blázquez en Bilbao, donde su auxiliar Mario Ice-ta, formado en el Opus Dei, tiene todas las papeletas para sustituirle. El cardenal-arzobispo de Madrid no ha querido correr el riesgo de que otras voces moderadas vuelvan a desautorizar la línea oficial de la Iglesia, como cuando Uriarte, interlocutor del Gobierno y ETA en la tregua decretada entre 1998 y 1999, siguió defendiendo el diálogo con la banda terrorista cuando rompió el último alto el fuego. De modo que se ha ido a buscar sustituto en las antípodas de Uriarte, provocando las primeras reacciones en Euskadi antes siquiera de que se anunciara el nombramiento de Munilla. El diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano (PNV), dijo el pasado día 13 en Euskal Telebista que su designación "sería muy negativa para la Iglesia" de San Sebastián. El diputado general matizó que, "como diputado general y ante una institución tan importante para Guipúzcoa como es la Iglesia católica", respeta totalmente las decisiones que pueda tomar dentro de su seno pero, "como cristiano", constata que en una "amplísima mayoría de los creyentes de este territorio" hay una "hondísima preocupación" ante la decisión que podría adoptar el Vaticano. Del Vaticano, pero con el auspicio de Añastro. Porque aunque sea ahora cuando se haga efectivo el cambio, lo acordó Rouco Varela con Manuel Monteiro de Castro –él mismo confirmó que había arbitrado las ternas de prelados con la que cubrir las vacantes en las diócesis antes de irse– cuando éste permanecía aún en la Nunciatura española y el gallego se las apañaba para puentearle y proponer sus propios candidatos a la Congregación de Obispos. Ahora no lo habría tenido tan fácil, porque Benedicto XVI designó al portugués secretario de esta misma congregación, donde tiene la última palabra sobre los nombramientos de arzobispos y obispos, para limitar el poder del cardenal en España y también en Roma [Ver EL SIGLO número 847: El Papa frena a Rouco]. Con el nombramiento de Munilla, monseñor Rouco Varela mata dos pájaros de un tiro. Además de 'españolizar' la Iglesia vasca, se asegura un altavoz mediático afín. El eco de la diócesis de Palencia no es el mismo que el de San Sebastián, cuyas connotaciones garantizan una mayor atención de la prensa. Y por lo visto y oído hace tan sólo unos días, el recién llegado a la diócesis guipuzcoana dará juego a la estrategia de oposición emprendida por Añastro contra el Ejecutivo socialista tras el regreso del purpurado gallego al Gobierno de los obispos. En una entrevista publicada por el Diario Palentino el pasado día 15, Munilla aseguraba que quien apruebe la Ley del Aborto "estará en situación de complicidad de asesinato". Y respecto a la posibilidad de que se le niegue la Comunión a los políticos que apoyen la reforma legislativa, decía que lasdeclaraciones realizadas desde la Conferencia Episcopal "están de acuerdo con la doctrina de la Iglesia y en el camino que se considera más adecuado". Ni siquiera Antonio Martínez Camino, portavoz del Episcopado, había llegado tan lejos cuando tachó de "herejes" a quienes justifiquen el aborto y amenazó con la excomunión a los diputados que voten a favor de la reforma de la ley emprendida por los socialistas. Este asunto tiene además especial significación cuando el PNV ha anunciado que votará a favor de la modificación legislativa, que esta semana se debate en el Congreso. De ahí el primer encontronazo político entre el partido nacionalista y Munilla, gesto inaudito en la historia de la formación y la Iglesia vasca. En una entrevista en ETB, el portavoz del PNV en el Parlamento de Vitoria, Joseba Egibar, ha considerado "un exceso" sus afirmaciones sobre el apoyo a la Ley del Aborto, añadiendo que su llegada a Guipúzcoa es "la confirmación de una apuesta que también tiene su propio perfil político" y que pretende "diluir" el "arraigo" de la Iglesia con "el pueblo donde estén". La llegada de Jesús Sanz Montes a Oviedo no tiene el mismo calado, pero responde a la misma estrategia: diseñar una Iglesia a imagen y semejanza de monseñor Rouco Varela. El obispo franciscano es suave en las formas, pero el fondo de su discurso se inscribe en la línea más conservadora de la jerarquía católica –él fue uno de los prelados que asistió a la manifestación contra los matrimonios entre parejas del mismo sexo en 2005–. Y eso es lo que necesita la Iglesia asturiana para que el cardenal-arzobispo de Madrid consiga ir enderezando a su rebaño, porque los curas del Principado nunca han disimulado su tradicional simpatía por las políticas de izquierda. El 27 de diciembre, Antonio María Rouco Varela volverá a presidir la eucaristía del encuentro de las familias cristianas que de nuevo tendrá lugar en Madrid. Arropado por los suyos –cada vez más– y por los miles de fieles que su amigo Kiko Argüello promete congregar, tendrá oportunidad de volver a echarle un pulso al Gobierno. Aunque sólo sea por la satisfacción de enseñar músculo ante la Santa Sede y ante quienes aquí pretendieron hacerle sombra. •
La visita del Papa desata pasiones "No a la visita del Papa en 2011. No con mis impuestos" Este es el lema elegido por un grupo de ciudadanos para expresar su disconformidad con el próximo viaje del Pontífice a nuestro país, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebrará del 16 al 21 de agosto en Madrid. "Detestamos a Benedicto XVI, ese personaje homófobo de pasado más que oscuro que pretende negarnos el derecho a decidir ante un embarazo no deseado o una enfermedad incurable en fase terminal", dice la descripción del grupo en la red social, que al cierre de esta edición tenía cerca de 30.000 miembros. Al margen de la consideración que les merezca Joseph Ratzinger, la reciente noticia sobre el coste que originó su primera visita a España en 2006, con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, ha azuzado el ánimo de sus detractores. A raíz de la investigación del caso Gürtel, el diario El País desveló que Francisco Correa, presunto cabecilla de la trama, se embolsó 1 millón de euros en comisiones ilegales de la organización del evento, que por otra parte le costó 12 millones de euros a la Generalitat, el Ayuntamiento y la Diputación de Valencia. La financiación con dinero público de actos de carácter religioso como éste, potencialmente polémico desde un punto de vista político y también social como acaba de comprobarse, parece haberse replanteado. Si la Iglesia decía hace no mucho que confiaban en contar con la"total colaboración" de las Administraciones en la organización de la Jornada Mundial de la Juventud, ahora se han buscado recursos en el ámbito privado. Las principales empresas españolas han expresado al cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, su apoyo para la celebración del evento al que asistirá Benedicto XVI. Fue el 3 de noviembre, cuando el presidente de la Conferencia Episcopal se reunió en el Hotel Villa Magna de Madrid con los presidentes de las grandes empresas españolas del Ibex-35, en un acto convocado por la Fundación Madrid Vivo para promover la próxima JMJ, informó la institución en un comunicado. La reunión fue convocada por iniciativa del presidente del Banco Santander, Emilio Botín, y por el presidente de Telefónica, César Alierta, ambos patronos fundadores de la fundación. Según la nota de esta última, los dos manifestaron su deseo de compartir con las principales empresas cotizadas de España su idea de que la Jornada Mundial de la Juventud "merece ser apoyada por lo que significará para la imagen exterior de España y por la enorme promoción de valores entre la propia juventud española". La Fundación Madrid Vivo está presidida por Rouco Varela y nació con el objetivo de que la capital española sea cada vez más "la ciudad de los valores" y aglutinar a quienes compartan "el interés por ampliar la protección de la dignidad humana, abarcando su dimensión moral". |
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