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Nº 852 - 19 de octure de 2009

Miguel Barroso, autor de 'Un asunto sensible'


"CASTRO HA MONOPOLIZADO LA HISTORIA DE CUBA"

Miguel Barroso indaga en la Cuba de los 60 a través del crimen de Humbolt 7 contra cuatro dirigentes del Directorio Estudiantil que murieron acribillados por la policía del dictador Fulgencio Batista en 1957 en 'Un asunto sensible' (Mondadori). Al autor le supuso escribirlo ocho años de investigación. Por este motivo, este periodista y ex secretario de Estado de Comunicación incide en que quiere hablar de su libro cuando concede una entrevista. Hoy por hoy, esquiva, de forma educada, las preguntas relacionadas con el presidente del Gobierno, José Luis
Rodríguez Zapatero, del que fue su asesor.

Por Luis Marchal

EI juicio sobre el crimen de Humbolt 7 dejó al descubierto las tensiones internas en el seno del poder revolucionario de Cuba, ¿qué había detrás?
—En el derrocamiento de la dictadura de Batista concurrieron tres facciones armadas: el Movimiento 26 de Julio, donde estaba Fidel Castro; el Directorio Revolucionario; y sectores desgajados del Partido Auténtico, que formaron el llamado Segundo Frente del Escambray. Además, estaba la oposición tradicional del viejo Partido Comunista. Todos ellos, apenas se desmoronó el régimen de Batista, entraron en una disputa por el poder. Muy rápidamente fue Castro quien se encumbró a la cúspide y quien utilizó muy inteligentemente las rivalidades para afianzar su dominio de la situación.

—¿El del 'caso Marquitos' fue un juicio totalmente político?
—Fue un juicio penal condicionado por la política. El proceso enjuiciaba el comportamiento de una persona que había colaborado con la policía de Batista, que ocasionó la muerte de cuatro combatientes. Ese comportamiento era reprobable políticamente y deleznable moralmente.

—¿Cómo fue posible que la prensa vinculase abiertamente a un militante comunista con un caso de traición?
—Lo vinculó la prensa y la realidad. Muy probablemente, Marcos Rodríguez, Marquitos, era el verdadero delator. Lo que ocurre es que hubo otros crímenes que no salieron a relucir o que fueron zanjados de una forma muchísimo más discreta. Se dieron casos de colaboracionistas con la dictadura de Batista que estaban dentro de las filas de los movimientos revolucionarios que fueron despachados en los primeros días de triunfo revolucionario. Con Marquitos no fue así porque contaba con la protección de los viejos comunistas.

—¿Edith García Buchaca, mujer de Ordoqui, tendrá siempre un peso en la conciencia por haber ayudado a Marquitos?
—El crimen de Humbolt 7 fue una masacre espantosa. Se perpetró el crimen con un ensañamiento tremendo. Los acribillaron en el primer piso y la sangre corría por las escaleras hasta el atrio del edificio. Ese crimen torció las vidas de todos los que tuvieron que ver con él. Las de los familiares de las víctimas, que quedaron marcados para siempre. La del delator, que luego pagó por ello y fue ejecutado. Las de los amigos del delator, de los que colaboraron consciente o inconscientemente con él y le prestaron ayuda. Todas esas vidas quedaron marcadas dolorosamente por ese crimen, excepto las de los responsables. Esteban Ventura Novo, el sicario de Batista, un policía muy sanguinario, murió plácidamente a los aproximadamente 80 años en Miami sin que nadie le pidiera cuentas jamás.

—¿El que Castro acusara abiertamente a Marquitos evidenciaba que quisiera acabar con el viejo Partido Comunista?
—Conversando con muchos de los testigos directos de aquellos hechos, he comprobado que lo vivieron desde una perspectiva tan parcial, tan subjetiva, que resultaba difícil entender en aquel contexto lo que estaba ocurriendo en su globalidad. Cuando uno toma cierta perspectiva, uno entiende la lógica oculta de lo que sucedió.

—¿Cuál era esa lógica oculta?
—Una lucha descarnada por el poder en un contexto de Guerra Fría, que se convierte en caliente en La Habana y en Miami. Era una situación sólo comparable a la de Berlín Oriental y Berlín Occidental, dos partes de una misma realidad que había quedado fracturada por la Guerra Fría.

—El juicio de Marquitos debilitó a la vieja guardia comunista y salpicó a dos de sus exponentes más destacados, el matrimonio Ordoqui-García Buchaca, ¿el mayor beneficiado fue Castro?
—No del crimen. Sobre ese trasfondo del juicio, Castro acertó a jugar sus cartas con muchísimo cálculo. Obtuvo un resultado que políticamente le convenía.

—¿El juicio a Marquitos sirvió para enterrar el sectarismo?
—Lo que se llamó sectarismo, en cursiva, fue uno de los ismos, una de las acusaciones, con que se descalificó el afán de protagonismo del viejo Partido Comunista, uno de los sectores que estaban en liza.

—¿Se dieron rivalidades más allá de la ideología?
—Todos —el Movimiento 26 de Julio, el Diredatorio Revolucionario y los sectores desgajados del Partido Auténtico—, eran muy confusos ideológicamente. Todos tenían una gran empanada ideológica. La única que estaba perfectamente clarificada era la del viejo Partido Comunista. Después de la Revolución, Castro absorbió los postulados ideológicos del comunismo tradicional, obtuvo el respaldo de la Unión Soviética, pero marginó a los viejos comunistas.

—Antes de eso, Castro fue excluido de las negociaciones secretas de la crisis de los misiles, que las dirigió Ordoqui.
—Dentro de la división del trabajo que existía en el régimen, los viejos comunistas eran quienes canalizaban las relaciones con la Unión Soviética. En un determinado momento, para Castro era más funcional no pasar a través de intermediarios. Resulta muy notable, desde el punto de vista político, que Castro logró sustraer el poder a todas las facciones, se convirtió en el interlocutor directo de la Unión Soviética y consiguió un régimen con una autonomía tan grande que ha sobrevivido al hundimiento de la Unión Soviética, de momento, 20 años. Cuba no era un satélite de la Unión Soviética, como decían los anticomunistas. Era un régimen con raíces en el propio país.

—¿Con postulados ideológicos aplicados hasta el final?
—Castro ha sido siempre una persona con una gran capacidad de adaptación en situaciones distintas. Supo modular muy cuidadosamente sus postulados ideológicos para no poner en peligro la supervivencia del sistema.

—¿Castro "no es un líder, es una religión", como le dijo a usted Jorge Valls?
—Es una persona que tiene un caráctermuy fuerte, tan fuerte que ha monopolizado el devenir histórico de Cuba durante medio siglo y que ha marcado profundamente, en todos los sentidos, en lo bueno y en lo malo, a generaciones de cubanos para siempre. La historia de Cuba, como nación independiente, que arrancó en 1902, cuando desapareció el protectorado norteamericano, se compone de 107 años. Casi la mitad están dirigidos por Castro.

—A pesar de lo difícil que es hacer conjeturas, ¿cree que los Castro estarían ahora en el poder sin el crimen de Humbolt 7, sin el 'caso Marquitos' y sin la acusación a Ordoqui?
—No creo que fueran acontecimientos tan determinantes. No estoy dando la clave de un hecho que hubiera podido cambiar la historia de Cuba. Estoy desvelando un enigma histórico e importante que es muy revelador de lo que estaba ocurriendo en aquel momento. Es un episodio muy ilustrativo del clima de Guerra Fría que se vivía en aquel momento.

—¿Qué implicación tuvo la CIA en todo esto?
—Enorme. Una de las cosas que más me ha sorprendido, cuando he podido acceder a documentación desclasificada de la CIA, era que todavía cuando ocurre este juicio a Marquitos, en 1964, la CIA tenía unos servicios de información sumamente eficaces. Había un propósito de desestabilización del régimen comunista de Cuba.

—La CIA hizo ver que Ordoqui había colaborado con ella.
—Fue una pieza más. Esta operación, destinada a instigar la rivalidad y la división dentro de la cúspide revolucionaria, no pasa de ser una de las miles que promovió la CIA. También son reales las tentativas de asesinato a Castro. La 'operación Mangosta', después de la invasión de Bahía de Cochinos, no es un invento, es una realidad.

—¿Por qué la seguridad cubana no desea que nadie remueva lo temas incluidos en Un asunto sensible a estas alturas?
—Aquello tuvo su tratamiento y su desenlace. Si los hechos se investigan en profundidad, se ve que dentro de aquel puzzle faltaban muchas piezas. Posiblemente, la versión real, que es la que yo he tratado de investigar en mi novela, no coincide cien por cien con la versión oficial. •

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