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| Nº 851 - 12 de octure de 2009 |
La izquierda mundial pierde a uno de sus iconos ARGENTINA DESPIDE A MERCEDES SOSA "Voz de América", "La Gran Madre de Argentina". Los apodos le quedan chicos a Mercedes Sosa, quien dejó escapar su último suspiro la madrugada del pasado 4 de octubre en un hospital de Buenos Aires, al que había ingresado hace dos semanas en medio de un respetuoso silencio mediático. Sólo equiparable con nombres como Carlos Gardel o Astor Piazzolla, millones de personas hicieron fila para dejar una flor junto a su féretro en recuerdo de su legado musical y de vida, que mantiene nublados los ojos de la sociedad argentina. Por Felipe Ramírez (Buenos Aires) Nacida el 9 de julio de 1935 en San Miguel de Tucumán, a Haydé Mercedes Sosa no le gustaba cantar. En cada reunión familiar o evento social que había, su padre la empujaba a tomar a guitarra y entonar algunos versos. Tenía una voz privilegiada, potente, pero después de mostrarla, los muchachos, tímidos éstos, no se le acercaban. Eso la hacía sentir diferente, y no le gustaba. Por eso en sus primeros años usaba el seudónimo de Gladys Osorio. Hasta que conoció al músico Oscar Matus, que no fue nada tímido. De Matus se enamoró y con él se fugó de su familia rumbo a Mendoza para comandar –en trío junto al poeta Armando Tejada Gómez– el Movimiento Nuevo Cancionero. El Nuevo Cancionero, en paralelo con la Nueva Canción Chilena de Violeta Parra y Víctor Jara o la Nueva Trova de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, se transformó en punta de lanza de un esfuerzo por recuperar las raíces campesinas y el contacto con la tierra de los pueblos originarios de América. Los movimientos de folcloristas eran una respuesta de clase y cultura al espíritu de evasión de la Nueva Ola. El trabajo de estos artistas por recopilar y recuperar la tradición oral de los músicos rurales fue soporte cultural de proyectos políticos como el de Salvador Allende en Chile, y jugó un papel de resistencia de las sucesivas dictaduras militares argentinas desde principios de los '60hasta 1983. Así fue como la edición de La voz de Zafra en 1962, su primer disco, más que un puñado de canciones era una apuesta estético-política que escapaba de las fronteras de la música. "Despertar el destino que el pueblo en su pecho lleva", cantaba La Negra. Era un movimiento cultural que lanzaba espasmos por en medio de la columna vertebral de América. Manifiesto y despegue. Al año siguiente, el manifiesto fundacional del Nuevo Cancionero pondría en claro de qué iba el asunto: "Quiere aplicar la conciencia nacional del pueblo, mediante nuevas y mejores obras que lo expresen. Busca y promueve la participación de la música típica popular y popular nativa en las demás artes populares: el cine, la danza, el teatro, etc., en una misma inquietud creadora que contenga el pueblo, su circunstancia histórica y su paisaje". Se trataba de "testimoniar y expresar por el arte nuestra apasionante realidad sin concesiones ni deformaciones". Aunque con diferencias, también formaban parte cineastas como el argentino Fernando Solanas, el brasileño Glauber Rocha o el cubano Tomás Gutíérrez Alea, que aunque asumiendo la herencia europea, daban la espalda a la "Madre Patria". Se trataba de buscar una extraviada identidad latinoamericana, rechazando "toda producción burda y subalterna que, con finalidad mercantil, intente encarecer tanto la inteligencia como la moral de nuestro pueblo". Como era de esperar, el Nuev Cancionero era resistido por los conservadurismos de cada país. A pesar de editar un nuevo disco, Mercedes aún no cobraba notoriedad. Pero el empuje definitivo llegaría tras su participad& en el popular festival de Cosquín, donde cada año se reúnen folcloristas de todas las provincias argentinas. Invitada a escondidas de la comisión organizadora –en desacuerdo con su presencia– subió al escenario acompañada sólo por un bombo para interpretar Canción del derrumbe indio. En ese momento era discriminada por su condición social y étnica –amén de su posición política–pero el éxito de esa ocasión le valió un contrato con Philips-Polygram que catapultó su carrera no sólo a toda la Argentina sino que al resto de la región. Los años siguientes se transformaron en su primera época de oro, con catorce discos editados entre 1965 y 1976, incluyendo clásicos como Mujeres Argentinas, Cantata Sudamericana y Homenaje a Violeta Parra. Cuando vino el golpe de Estado en Chile en 1973 juró no volver a cantar en ese país hasta que Pinochet dejara el poder. No contaba con que la historia se repetiría al otro lado de la cordillera. Afiliada al Partido Comunista, Mercedes permaneció como militante hasta la proscripción del partido tras el golpe de Estado en Argentina de 1976. A pesar de la represión, la censura y las amenazas de bomba que cada tanto caían antes de sus conciertos, se mantuvo en el país hasta 1978. El "no va más" se dio cuando fue detenida sobre el escenario en medio de un concierto en la ciudad de La Plata, donde el público también fue arrestado. Luego de eso se exilió primero en París y luego en Madrid, donde editó otro puñado de discos. No hay dudas de que esos fueron los años más difíciles de La Negra. Poco antes del exilio había muerto Pocho Mazitelli, su segundo esposo. La soledad, sumada a la distancia y el dolor de no poder estar con su pueblo moreno y sufriente durante las horas más duras, incluso la llevaron a pensar en el suicidio. A pesar de todo, Mercedes se mantuvo de pie, y los años españoles fueron vitales en su crecimiento artístico. Durante ese tiempo tuvo un acercamiento con otros géneros y formas de arreglar (por ejemplo, se Nuevo cancionero buscaba y promovía la participación de la música típica popular y nativa en las ciernas artes populares . transformó en atenta escucha del trabajo de Stevie Wonder). Durante esos años fortaleció no sólo su amistad sino que también su relación artística con Joan Manuel Serrat, a quien había conocido en Argentina en 1969, además de estrechar lazos con artistas como Ana Belén y Víctor Manuel. Pero como cantara en Serenata para la tierra de uno (1979), "me duele si me quedo, pero me muero si me voy". Y volvió. Mercedes regresó a Buenos Aires en 1982 para realizar una serie de recitales que luego fueron compilados en el disco Mercedes Sosa en Argentina. Los conciertos se transformaron en actos de resistencia contra la dictadura, que inicialmente pensados para ser dos o tres, terminaron convirtiéndose en trece. El encargado de la producción de los conciertos, el ahora reconocido empresario cultural Daniel Grinbank, contó en una entrevista con el diario Página 12 que cuando Mercedes salió al escenario la ovación fue de verdad enorme. "No es una manera de decir: fueron cinco minutos reales. Estábamos todos llorando y no sé cómo hizo ella, pero se las arregló para arrancar el show ante no sé cuántos tipos lagrimeando". El cierre, con Los hermanos de Atahualpa Yupanqui, que al final repite la palabra "libertad", llevaba las cosas al paroxismo. "Era una masa de gente gritando "libertad", nadie quería callarse", recuerda. Los conciertos fueron una muestra de la apertura musical de Mercedes, que en su repertorio había incluido tango y a representantes del rock nacional, un movimiento en plena ebullición tras la prohibición en Argentina de la música en inglés a raíz de la Guerra de las Malvinas. Pero a pesar, o más bien debido al éxito de los recitales, La Negra debió volver a España. Se dice que el almirante Carlos Lacoste, miembro de la Junta Militar, habría preguntado con arrogancia dictatorial: "¿quién le ha dado permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?". Y tuvo que partir. Paradójicamente, fue tras su regreso definitivo a Argentina, en 1984, cuando comenzó su etapa de mayor reconocimiento internacional. París, Ámsterdam, Roma, Nueva York y hasta El Vaticano fueron algunos lugares por donde pasó y fue ovacionada. Compartió escenario con los músicos más importantes de cada país, y hasta se dio maña para hacer un dueto con Luciano Pavarotti en el estadio de Boca Juniors, en un duelo de voces que la obligó a jugar con los registros sopranos de su juventud. En 1995 prometió no volver a cantar en su natal Tucumán tras ser elegido gobernador el represor Antonio Bussi. Dio un multitudinario recital en 1999, quince días después del término de su mandato. El año pasado Bussi fue condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. En ese tiempo comenzaron sus problemas de salud. Ella decía que se trataba de una "depresión encubierta", que le vino con el exilio y nunca pudo superar, y que se manifestaba somáticamente a través de descompensaciones que le costaron un par de fuertes caídas. Fue y vino, con regresos tan triunfales como tristes, probando cosas nuevas con gustos que se desvanecían rápido. Editó discos hermosos como Al despertar, Misa Criolla (en homenaje a su madre) o Corazón libre, pero las internaciones y largas estadías en cama le provocaron problemas de peso, lo que le trajo más complicaciones. El último de estos episodios, el pasado 18 de septiembre, la encontró en medio de un nuevo y monumental regreso. Se había embarcado en un enorme proyecto de duetos, rodeada no sólo por amigos de siempre, como Serrat o Caetano Veloso, sino también por gente de la nueva camada como Shakira o Jorge Drexler. El producto de todo este trabajo fue el disco doble Cantora, cuya presentación en vivo no alcanzó a concretar. A pesar de todo, Mercedes Sosa quería seguir cantando. El día de su muerte hubo sol, y miles de personas hicieron colas interminables afuera del Congreso para dejar una flor junto a su féretro. Por la noche, ya ni el cielo pudo contener la pena y una tormenta empapó las calles de Buenos Aires. ¿Qué queda? Escuchar los versos de la dulce versión en clave de zamba de Barro tal vez, grabada junto a Luis Alberto Spinetta en Cantora: "Si no canto lo que siento / me voy a morir por dentro / he de gritarle a los vientos hasta reventar / aunque sólo quede tiempo en mi lugar". De todos modos, queda algo más que sólo tiempo. La Negra no se va. • |
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