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Nº 851
12/10/2009

La necesaria refundación del PP

por Enric Sopena*

La trama Gürtel también fue beneficiada con contratos de la Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid, siendo titular de ese Departamento María Dolores de Cospedal. Y siendo presidenta del Gobierno autonómico Esperanza Aguirre. El entorno de Cospedal –esa señora que ha insultado a más de media España para tapar las vergüenzas de su partido– alegó que la actual secretaria general del PP "no tiene ni idea" de este asunto y que "siempre ha tenido independencia a la hora de contratar". Asimismo, fuentes próximas a la número 2 del PP argumentaron que "tales contratos no los ha visado ningún consejero ni director general ni antes ni después de ella".

Lo cierto es que la marea Gürtel sigue creciendo y puede anegar a relevantes personajes de la derecha. Resulta que Alberto Núñez Feijóo –que presume de renovación y de centrismo– ratificó a Pablo Crespo en la estructura de su Consejería de Política Territorial. Crespo fue representante de Feijóo en Portos de Galicia, ente público de gestión portuaria. Feijóo fue responsable de Política Territorial durante dos años, en el último Gobierno de Manuel Fraga. Crespo había sido secretario de Organización del PP de Galicia y estuvo protegido por Xosé Cuiña, uno de los políticos más sospechoso por sus negocios turbios, ya fallecido.

La declaración de Feijóo al conocerse su conexión con Crespo –uno de los jefes de la trama corrupta– es antológica: "Que yo sepa ni siquiera aparecía por ahí, ni yo sabía por supuesto que estaba nombrado". Pero por los entresijos de la Administración gallega ya circulaba, hace diez años, que el popular Crespo no era precisamente trigo limpio. En todo caso, y más allá de las derivadas judiciales –que probablemente pueda eludir Feijóo–, conviene recordar que no deben obviarse lasresponsabilidades políticas. ¿Que confianza genera el presidente del Gobierno gallego, ignorante de sus propios nombramientos?
¿Que confianza genera Rajoy como presidente del PP y como candidato a la Presidencia del Gobierno, si no ha sido capaz de desmontar con diligencia, lucidez y eficacia una red de corruptos que, de una manera o de otra, ha robado y estafado miles de millones de euros, gracias a la cobertura del propio partido o bien de las instituciones gobernadas por los genoveses? La imagen de Rajoy, a la vista de su inutilidad como líder, ya era –antes de que estallara el escándalo Gürtel– manifiestamente mejorable. Ahora se encuentra bajo mínimos.

Un repaso a la reacción de Rajoy y de sus colaboradores ante la invasión de los correas, los bigotes y los crespos no sólo es deleznable, sino infame. Se han defendido como si fueran víctimas de una persecución política y no como presuntos implicados en un affaire delictivo. Han exhibido una catadura obscena, como si el virus de la corrupción no se hubiera extendido merced –entre otras razones– a ciertos apadrinamientos de Alejandro Agag y José María Aznar, aparte de gente –como Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco y Alfonso Bosch Tejedor– a la cual bendijo Esperanza Aguirre, aunque el otro día les diera alguna vueltecita de rosca.

Esto no es que tenga mal remedio. Es que no tiene remedio. O el PP se refunda de verdad, siquiera porque le es necesario para sobrevivir, o la derecha así no irá a ninguna parte. Ello no es bueno para este país. A la hora de votar no hay que confundir a los conservadores con los cuatreros. Pero la gestión de la Gürtel propicia tal confusión. Una confusión que tiene en la actualidad demasiados nombres y apellidos. •

*Director de El Plural

 
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