Nº 851 - 12 de octubre de 2009
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Un lío morrocotudo

por Miguel Ángel Aguilar

Dijo Nuestro Señor, como puede leerse en el Evangelio (Lc 6, 15-16), aquello de "por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?". Así que ahora el levantamiento parcial del secreto del sumario del caso Gürtel está dejando a la vista los frutos y permitiéndonos un conocimiento verdadero del personal de la trama y de sus consentidores con culpabilidad in eligendo o in vigilando. Porque el PP supo recordarnos esta doctrina cuando era al PSOE al que apretaba el zapato por el caso Filesa o el caso Roldán, por citar sólo dos ejemplos. Entonces se nos decía que al político se le debía exigir honestidad personal pero que cumplir con esa norma a título individual era insuficiente. Porque el político era responsable también de su entorno y se le piden cuentas por la competencia de las gentes que haya elegido para que le acompañen en su gestión y por la vigilancia diligente que haya ejercido sobre el comportamiento de todo su equipo.

Nadie va a marcharse de rositas. En conversación carcelaria con su letrado de visita en el establecimiento, Pablo Crespo, ex secretario de Organización del PP de Galicia y número dos de Don Vito (Francisco Correa), pronosticó que a partir de la documentación donde constan irregularidades contables peperas "el lío que se puede montar es morrocotudo". Un adjetivo tan infrecuente como revelador, que sólo utiliza entre nuestros coetáneos Luis María Anson. Cabría decir así que si la calidad de los árboles se conoce por sus frutos conforme a la referencia evangélica, la calidad del lenguaje resulta de los adjetivos empleados.

Señala el diccionario de la Real Academia que morrocotudo viene de morrocota, "onza de oro en países de Caribe", voz que deriva de morrocoy, que es un "galápago americano, común en la isla de Cuba, con el carapacho muy convexo, rugoso, de color oscuro y con cuadros amarillos". Observemos antes de ir adelante que estas convexidades, rugosidades y oscuridades sumadas a los cuadros amarillos, nos van poniendo en línea con los gustos indumentarios de los golfos apandadores del caso Gürtel. Pero el diccionario indica que morrocotudo es un adjetivo que se utiliza de modo familiar en el sentido "de mucha importancia o dificultad". Nuestro adjetivo tuvo un momento de éxtasis impulsado por el escritor Juan Pérez Zúñiga (1860- 1938) con la serie publicada bajo el título "Viajes morrocotudos", en busca del trifinus melancolicus que ilustraba el genial Joaquín Xaudaró.

El adjetivo morrocotudo languideció después hasta extinguirse casi por completo su uso, apenas preservado gracias a los decires y escribires del periodista y académico Anson, como más arriba se ha reconocido. Así que el adjetivo tiene un cierto arrastre y mientras contribuye a caracterizar la clase de lío que se va a montar, según anticipa Pablo Crespo, funciona también a la inversa y contribuye a iluminar la condición de quien lo ha utilizado para calificar el sustantivo lío. Porque de que el lío va a ser sustantivo en absoluto caben dudas. Quien haya pensado acogerse a la vieja sabiduría campesina según la cual después de llover escampa, desconoce las nuevas tecnologías capaces de mantener ininterrumpidamente el riego por aspersión. •

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