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Garoña, para el próximo Gobierno Finalmente, José Luis Rodríguez Zapatero optó por no comprometerse definitivamente con la central de Santa María de Garoña ni con la energía nuclear. No cierra la central, como le pide gente de su partido, los ecologistas y otras formaciones de izquierda. Tampoco la prorroga por diez años como recomendaba el Consejo de Seguridad Nuclear, los partidos de la derecha –el PP y los nacionalistas–, las patronales y, por supuesto, el sector eléctrico. Simplemente, aplaza el cierre hasta el 5 de julio de 2013, un año después de que concluya el contrato de trabajo que los españoles hemos firmado con él. La decisión final corresponderá, pues, a quien gane las elecciones que se supone tendrán lugar en 2012. Zapatero no tiene que pronunciarse por la vía de los hechos y puede seguir proclamando su posición de principio, que es gratis. A Mariano Rajoy le ha faltado tiempo para prometer que mantendrá abierta Garoña hasta 2019, atribuyendo la decisión de Zapatero a un "capricho". Su correligionario, José Antonio de Santiago-Juárez, consejero de la Presidencia y portavoz de la Junta de Castilla y León, donde está instalada la central, se ha remontado a la Biblia, calificándo el cierre de "solución salomónica". “El Gobierno –analizó el portavoz– ha barajado dos fórmulas, la de Herodes, que se basaba en el cierre, y la de Salomón, a la que calificó de "ni para ti ni para mí”. No atribuía a ningún personaje la otra fórmula posible: la prorroga de diez años. ¿Lázaro o Judas? Zapatero había reconocido en una entrevista en Radio Nacional horas antes de la comparecencia de Miguel Sebastián para dar la comprometida noticia que "la decisión será criticada desde un lado y desde el otro" pero sostuvo que era la más "razonada, razonable y equilibrada". Las malas noticias deben despacharlas los ministros y no el presidente, y ha sido el de Industria el encargado del marrón. Tras resaltar que todo el Gobierno está de acuerdo –¡qué remedio!–, al ministro de Industria se le han ocurrido cuatro razones: "Es políticamente coherente, laboralmente responsable, técnicamente justificable y energéticamente asumible". La central de Garoña, de tecnología anticuada y escasa potencia, vivirá pues un poco más de los cuarenta años para los que fue autorizada. Un 21 de septiembre de 1971 fue inaugurada por Franco –¡cómo pasa el tiempo!– en compañía de Laureano López Rodó, comisario del Plan de Desarrollo; de Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de Obras Públicas e ideólogo del franquismo; de José María López de Letona, ministro de Industria; del presidente de Iberduero, el conde de Cadagua; y del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Federico Trillo-Figueroa y Vázquez, padre del ex ministro de Defensa y dirigente del Partido Popular. Franco había inaugurado el 12 de diciembre de 1968, tres años antes, la primera central nuclear española, en Almonacid de Zorita (Guadalajara). Su vida, prevista inicialmente para 25 años, alcanzó los 38. La autorización concluía en 1993, pero Felipe González la prorrogó por cuatro años y fue José María Aznar quien, tras prorrogarla en 1999, decidió clausurarla en 2006, dos años antes de la prórroga acordada a la central, sin que en aquella ocasión la propietaria, la actual Unión Fenosa reclamara indemnización alguna; o si lo hizo desistió de ello. No saco a colación a Francisco Franco como argumento a favor o en contra del cierre de Santa María de Garoña como han hecho algunos de forma un tanto demagógica. Estoy más de acuerdo con Felipe González, que un día me dijo con finura: "Por el hecho de que Franco meara no vamos a dejar de hacerlo nosotros", aunque, dicho sea de paso, me permitiera reprochar que el primer presidente socialista se sirviera del Azor, el barco del dictador, pues los símbolos también cuentan. Invoco al Caudillo como divertimento; simplemente para señalar el curioso detalle de que fuera el franquista Aznar quien cerrara Zorita mientras Zapatero, el mayor antifranquista y el más antinuclear de su partido, suspende la ejecución aunque sea por un cuatrienio. También lo hizo González y por el mismo plazo pero éste era un antifranquista menos visceral, a la sazón más "comprensivo" de lo nuclear, y hoy abiertamente partidario. Tan partidario como se han mostrado otros compañeros de la vieja guardia: Carlos Solchaga, Joaquín Almunia, Javier Solana, Javier Gómez Navarro, Claudio Aranzadi, Juan Manuel Eguiagaray y Luis Atienza, entre otros. Y algunos de la quinta del chupete. No puede decirse, sin embargo, que ZP haya incumplido el programa electoral, que le da margen gracias a la muy cuidada expresión de "vida útil" situada en el mismo. El programa promete: "Mantendremos el compromiso de sustitución gradual de la energía nuclear por energías más seguras, más limpias y menos costosas, cerrando las centrales nucleares de forma ordenada en el tiempo, al final de su vida útil, dando prioridad a la seguridad y con el máximo consenso social". José García Abad |
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