Bernardo Atxaga, escritor
"PRETENDO ATACAR A LAS
FALSAS CONCIENCIAS"
Bernardo Atxaga es el pseudónimo de Joseba Irazu Garmendia. Se tiene por una
persona reformista. Sus libros Obabakoak (Erein) y El hijo del acordeonista
(Alfaguara) están publicados en euskera, gallego, catalán y castellano. En su última
novela, Siete casas en Francia (Alfaguara), ha dado un paso más en su compromiso
por lo pluricultural y la ha lanzado a la vez en los cuatro idiomas mencionados. Es
una fábula moral en la que Atxaga denuncia, implícitamente, que en nuestra
sociedad priman valores que tradicionalmente se han asociado con lo militar, como
lo masculino o lo violento.
Por Luis Marchal
Es una declaración de principios
el que Siete casas en Francia se
haya publicado a la vez en euskera, gallego, catalán y castellano?
—Sin llegar a ser una declaración de principios, ha sido un acto simbólico. Siempre he tenido inquietud acerca de lo pluricultural y las cuatro lenguas. Hay un epitafio del poeta vasco Gabriel Aresti para otro poeta, Tomás Meabe, en el que dice algo así como "Cierra los ojos y duerme, Meabe, pestaña contra pestaña. No es español quien no sabe, Meabe, las cuatro lenguas de España".
—¿Habría que mandar este poema a Rosa Díez y a los demás miembros de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), partido que ha promovido el Manifiesto por la Lengua Común?
—Estudié Ciencias Económicas y en Economía es muy importante ponderar los datos. Yo aplico a este manifiesto y a esta actitud ante la lengua el mismo coeficiente que aplicaría a una serpiente de verano. Es decir, 0,01. No tiene ninguna relevancia. Probablemente, intenta despertar a través de un eco mediático un pequeño monstruo intolerante, que no aguanta que haya gente diferente o que tenga otros intereses.
—Siete casas en Francia es una fábula moral, al modo satírico, que parte de la historia real que sucedió en el Congo Belga y los crímenes que cometió allí Leopoldo II.
—Acepto lo de fábula en el sentido de que elijo una geografía imaginaria como Yangambi. Cuando la fábula moral es una novela, tiene que crear una serie de personajes. Me extrañaría mucho que alguien sacara de aquí una moraleja.
—¿No sería que hay que pensarlo todo dos veces?
—Podría ser. Me interesa sobre todo que
Leopoldo II era rey, que estaba muy bien considerado en el mundo católico, que era un europeo en África y que era un criminal. Mi fábula moral es más bien sobre la criminalidad.
—¿Lo que ocurrió en el Congo en tiempos de Leopoldo II permanecerá sin juzgarse?
—Según lo que nos enseña el pasado, se juzgará el día en que ese juicio sea inoperante y sólo sirva para hacer películas de acción. Mientras exista la posibilidad de establecer una comparación más que directa en tre lo que ocurrió y lo que está ocurriendo y mientras exista una posible comparaciór entre la brutalidad del ejército allí y la bru talidad de los ejércitos hoy en día, inclusc la de los llamados humanitarios, no va a ha. ber juicio.
—En el libro, el lector puede percibir varias denuncias. Por ejemplo, la de las violaciones constantes por parte de los soldados, la de la homofobia y la del racismo en el ejército.
—Poco después de publicarlo, leí el reportaje en El Correo titulado "A la guerra de Cuba por deporte" sobre Pedro Enrique de !barreta, un explorador militar de Bilbao, de finales de siglo XIX. Entre sus notas está que fue a la guerra por deporte y que matar a los naturales era como matar animales. El asunto para mí es hacer que el lector se detenga antes unos hechos que se narran en la novela. No hay denuncia explícita, hay denuncia implícita o una forma humorística de hablar de lo trágico. Es un espíritu crítico para atacar a las falsas conciencias. Pretendo que alguien se pare a pensar que lo que está leyendo es brutal y que quizá esa brutalidad esté todavía aquí. Ala denuncia directa le debe seguir la acción; como en el caso de las presiones de Amnistía Internacional, de Médicos Mundi o de Acnur.
—Chrysostome, uno de los protagonistas de la novela, es tachado de "marica" porque rehúye de la compañía de las mujeres. ¿Es importante la hombría en los ejércitos?
—No sólo en los ejércitos. Es importante en nuestra sociedad, que vive dentro de una atmósfera que yo denominaría estereotiposfera. En ella, priman los valores que tradicionalmente se han asociado con lo militar: lo masculino, lo violento, el desprecio por la palabra, lo totalitario... La hipótesis de la novela es que la violencia, el autoritarismo y la masculinidad en el peor sentido de la palabra son los valores dominantes donde vivimos.
—¿Es esperanzador que tengamos tanto una ministra de Defensa, Carme Chacón, como una ministra de Igualdad, Bibiana Aído?
—Yo, que me tengo por una persona reformista, no creo en las soluciones del blanco al negro. En principio, es positivo. Otra cosa es si esto que está bien buscado simbólicamente tiene algún correlato en la sociedad. No está mal la dirección. Sin embargo, pueden darse regresiones. Basta mirar la televisión italiana. El que saliese una noticia diciendo que el dictador de Gabón tenía 30 casas en Francia con el dinero de la corrupción, que un alto cargo de la seguridad nacional española fuera a cazar cerdos africanos de noche o lo de Silvio Berlusconi y su Villa Certosa lo asocio a la Yangambi. Creo que en la geografía de mi novela se respira este ambiente.
—Chrysostome es el oficial más religioso deYangambi, pero el mejor tirador, ¿se puede compatibilizar la fe con la labor militar?
—Los cañones de Cromwell llevaban el lema de "Dios es amor". En las guerras santas, o en nuestra Guerra Civil, se mataba en nombre de Dios. El rey Leopoldo fue el responsable del exterminio de millones de personas a la vez que era un defensor de la fe católica.
—En el libro, los deseos de la mujer de Lalande Biran, Christine, por tener siete casas hacen que su marido se meta de lleno en el contrabando. ¿Éste es frecuente en las guerras?
—El primer día de clase de Económicas, me quedé de piedra porque el profesor dijo que la colonización española en Latinoamérica no tuvo otro motivo que la riqueza. Fueron a quitar el oro y la plata. Los españoles trataron tan mal a los indígenas que estos últimos salían del pueblo con el funeral ya hecho cuando los colonizadores les contrataban para trabajar en las minas.
—Por cierto, ¿pesa el ser considerado el mejor escritor en lengua vasca de los últimos 40 años en todos los géneros literarios?
—Digamos que soy uno de los pocos escritores vascos. Ahora hay más.
—Usted es miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca.
—Eso no es una bicoca. Estoy en la academia vasca para publicar una revista literaria, que se va a poner en marcha este otoño. Quisiera que fuera una publicación para conocer textos de gente de otras partes del mundo y de otras culturas.
—¿Potenciar la multiculturalidad?
—Potenciar otras voces. Si dices "multicultural" parece que vamos como a cargamento. Será una revista cuatrimestral y se llamará Erlea, que significa abeja.
—¿Cómo se cocina ser un reformista, apoyar a IU-Ezker Batua y tener incólume la esperanza en Obama?
—Desde la ilusión. Todavía me queda un poco de eso, en las dos vertientes de la palabra. Como quimera o espejismo y como entusiasmo. En esto que usted dice, tiene que ver con mi tendencia natural al entusiasmo.
—¿Le ilusiona el Gobierno de Patxi López?
—No me hace ninguna ilusión que gobierne. Por la forma en que ha alcanzado la Lehendakaritza.
—¿Por el apoyo del PP?
—Claro. Entiendo que lo hagan y que haya gente que lo apoye, pero no me gusta nada. PP y PSOE son enemigos acérrimos y se insultan en Madrid, mientras que hacen una especie de invernadero en el País Vasco y ahí se llevan bien.
—¿El fin de ETA puede estar más cercano por este cambio de Lehendekaritza?
—No tiene nada que ver con este cambio. ETA ya tiene los días contados. En este mundo, da la sensación de que hay una lentitud en todo un poco exasperante. La banda terrorista apenas cuenta ya con apoyo social. No tenemos conocimiento de cuál va a ser su ideología. Es un grupo sin futuro.
—¿Qué le supondrá a Mariano Rajoy el que el PP ganase las europeas a través de Jaime Mayor Oreja?
—Si me pongo a hacer una lista, como hacen los niños, de quién es el político que menos me gusta, gana Mayor Oreja. No me parece que el PP vaya a ganar las elecciones generales en España, aunque José Luis Rodríguez Zapatero tampoco está muy arriba en mi lista personal. Siempre es mejor en el Gobierno, desde mi punto de vista reformista, un partido como el socialista que como el PR •
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