4.500 millones de euros públicos aseguran
la continuidad de la histórica marca
ALEMANIA SALVA
SU EMBLEMÁTICA OPEL
La empresa, que ocupa a 52.000 personas en la Unión Europea, 25.000 de las
mismas en Alemania, seguirá adelante. El acuerdo alcanzado recientemente entre
el fabricante de componentes austriaco-canadiense Magna, General Motors y el
Gobierno alemán ha alumbrado la posibilidad de continuidad para una empresa
emblemática en Europa y para una marca que forma parte íntima de la cultura
popular alemana. "Somos la industria del automóvil más innovadora del mundo y
no seremos comprada porque somos la más barata, sino porque somos la mejor",
declaraba el pasado 14 de mayo a la prensa extranjera el presidente de la
Asociación Alemana del Automóvil, Mattias Wissmann. Dieciséis días más tarde,
con el acuerdo mencionado, la historia de la industria del automóvil en Europa
iniciaba una nueva etapa marcada por esta filosofía.
Por Juana Vera (Berlín)
Pueden ustedes estar seguros de que no lamentaremos esta decisión", señaló el ministro de Finanzas, Peer Steinbrück (SPD), al hacer pública la noticia el pasado sábado por la mañana en la Cancillería. El Gobierno de coalición, los representantes de General Motors y del inversor Magna, fabricante austriaco-canadiense de componentes, habían llegado a un entendimiento para el desarrollo de un concepto de salvación, según el cual Opel se desconectaba de General Motors, para no ser arrastrada por la insolvencia de la empresa matriz, algo esperado en aquellos momentos. Magna, cuyos socios más importantes son el banco ruso Sberbank y la empresa rusa de fabricación de automóviles GAZ, mantendrá las cuatro fábricas alemanas de Opel, situadas en Rüsselsheim, Bochum, Kaiserslautern y Eisenach.
"El acuerdo se basa en tres puntos", añadió el ministro de Finanzas Peer Steinbrück. "En un principio hay un preacuerdo, "Memorándum de entendimiento", entre General Motors y la empresa austriaco-canadientes Magna, que junto con su socio ruso Sberbank se hará cargo de Opel. A ello se uneun "Acuerdo de lealtades o fiduciario", que tendrá como objetivo el mantenimiento de la actividad empresarial de Opel mientras se ultiman los detalles de un acuerdo definitivo. Finalmente se creará un "Contrato entre consorcios", para administrar la ayuda económica estatal de 1.500 euros, procedentes del gobierno central y los Lánder. Una ayuda que, en los próximos cinco años se transformará en un paquete de avales de 4.500 millones de euros.
Magna, con una plantilla de 70.000 empleados en 25 países, se plantea adquirir el 20 por ciento de Opel y sus socios rusos el 35 por ciento. General Motors, por su parte, tendría otro 35 por ciento y el diez por ciento restante quedaría en manos de la plantilla. La empresa austriaco-canadiense, según comentó también el ministro de Finanzas, "está preparada para aportar medios financieros en las próximas semanas, siempre y cuando el gobierno federal y los Lánder, logren llegar a un acuerdo sobre las condiciones de su aportación financiera al acuerdo". Por su parte, Siegfried Wolf, co-presidente del Consejo Ejecutivo de la empresa austriaco-canadiense, aseguró que "se mantendrán todos los puestos de trabajo que sea posible". A su vez, el jefe de General Motors Europa, Carl-Peter Foster, afirmó que el acuerdo alcanzado "es el comienzo de un nuevo futuro para Opel, para sus trabajadores y para la marca".
La empresa Opel ocupa a 52.000 trabajadores en la Unión Europea, en concreto en Alemania, Suecia, Reino Unido, Bélgica, Polonia y España. Magna, en su concepto para la salvación de la empresa, hace referencia a la destrucción de 11.000 puestos de trabajo en la UE, de los que 2.600 se hallarían en Alemania. Cuántos puestos de trabajo peligran en realidad y dónde es un dato que al cierre de esta edición de EL SIGLO aún no se ha dado a conocer. Del lado español, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, ha viajado a Alemania para reunirse con los directivos de la compañía. Su objetivo es defender el futuro de la planta de Opel en Figueruelas, Zaragoza, "con uñas y dientes". "Vamos a tratar de conservar las condiciones empresariales y también las sedes industriales pero es probable la destrucción de puestos de trabajo. Sin embargo, esperamos lograr un contrato social, algo que no será fácil porque Opel ha salido con más de un ojo morado de su reciente experiencia", comentaba, por su parte, Klaus Franz, director general del Consejo Empresarial de Opel.
Respecto al desagrado que han causado las negociaciones berlinesas en algunos países de la UE, cuyos representantes se han quejado de no haber recibido información sobre la marcha de las negociaciones, el jefe de IGMetal de Wesfalia del Norte, Oliver Burkhard, comentó que "el acuerdo significa una gota de optimismo para los empleados de Opel en toda Europa". Y en esta Europa se incluye también a Rusia. "Con este acuerdo Rusia contará con uno de los productores de automóviles más desarrollados de Europa a un precio realmente bajo", comentó recientemente, según las agencias AFP/DPA, en la televisión rusa, el jefe del banco ruso Sberbank, German Gref, y añadió: "La industria rusa del automóvil podrá ser reconstruida con la ayuda de este acuerdo".
¿Hubiese sido posible este acuerdo sin los pasos que ha dado el Gobierno de coalición para hacer frente a la crisis, entre ellos su paquete de ayudas a los bancos y sus iniciativas para el apoyo a la industria del automóvil? Probablemente, no. En este sentido, la opinión del presidente de la Asociación Alemana del Automóvil, Mattias Wissmann, quien, el pasado día 14 de mayo conversó con la prensa extranjera, es clara: "Las decisiones del Gobierno federal referentes al paquete coyuntural de medidas para hacer
frente a la crisis y a la Ley de Estabilizacion de las Finanzas han sido buenas y más acertadas que las tomadas en otros países. La ayuda estatal para la compra de automóviles nuevos (prima de 2.500 euros para desguazar el coche de más de nueve años de antigüedad y comprar uno nuevo) ha impulsado el mercado en Alemania y ha sido imitada con éxito en Francia, Gran Bretaña y también en Italia, aunque en este país no haya tenido tanto éxito como en los dos anteriores; la prima para promover la reducción de emisiones también a través de la promoción de la compra de un coche nuevo, marcará el impulso de tecnologías innovadoras y ecológicas; los cientos de miles de millones en créditos dedicados, sobre todo, a la reconstrucción de pequeñas y medianas empresas, y la posibilidad de renovación de
contratos de trabajo de dieciocho a veinticuatro meses, con la consiguiente redución de costes para las empresas que realicen este tipo de contratos, han sido medidas muy importante para la industria del automóvil alemana porque somos la industria automovilísitca con más éxito del mundo y porque saldremos más fuertes de esta crisis".
Cuando los periodistas le preguntaron el secreto para lograr esta gloriosa salida señaló: "Debemos hacer todo lo posible, también durante la crisis, para mantener nuestra investigación y desarrollo en un nivel alto. Somos la industria del automóvil más innovadora del mundo y no seremos comprada porque somos la más barata, sino porque somos la mejor. También debemos luchar para mantener el diálogo entre fabricante y suministrador. En Alemania hay alrededor de 750.000 puestos de trabajo directos en el sector del automóvil. Hemos aprendido que si despedimos a las personas durante la crisis, tras ésta tendremos problemas graves para encontrar personal cualificado. Por eso las nuevas normas, antes citadas, han sido útiles para nosotros. Por otro lado, las tendencias del mercado apuntan a que no se trata sólo de fabricar coches pequeños, sino también eficientes y ecológicos. El 75 por ciento de un automóvil procede de las empresas de suministros. Y de estas empresas, a su vez, procede gran parte de la innovación. El uso de materiales respetuosos con el medio ambiente afecta a todas las partes del proceso de fabricación de un automóvil. Para innovar en este sentido hay que invertir, mantener la cadena de suministradores, profundizar en el diálogo entre fabricante y suministrador, e impulsar la formación, algo que realizamos con éxito en Alemania.
La pasada semana Alfred Hagebusch, abogado y experto en saneamiento de empresas ligado a la Cancillería; Erik Stevens, vicedirector de General Motors Europa, y Fred Irwin, jefe de la Cámara de Comercio Norteamericana en Alemania, así como dos representantes del Gobierno federal y dos de General Motors, comenzaron a trabajar en el Consejo de Administración de la sociedad fiduciaria mencionada al inicio de esta artículo. La posibilidad de supervivencia de las empresas europeas de General Motors será controlada desde esta sociedad, con el fin de evitar que éstas filiales sean arrastradas por la insolvencia de General Motors. •
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