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Nº 833
4/5/2009

Final infeliz para el PP

por Enric Sopena*

Revolotea la trama de Correa por encima del PP y sus meandros conducen, con tenacidad reiterada, hacia el núcleo duro del aznarismo. Tras meses de absoluto silencio y algún que otro susurro, José María Aznar ha reaparecido con un librito firmado por él, en el que se autodefine como el presidente que –de haberlo sido actualmente– habría evitado la crisis económica y sus graves secuelas en el ámbito del empleo. ¿Vuelve Aznar? No parece que así vaya a suceder, aunque sus gestos puedan ser interpretados en clave de retorno. ¿Resulta, en todo caso, exagerado pensar que la foto reciente de su primer Gobierno, el del año 1996, fue una reivindicación del pasado con insinuación de futuro?

Ocurre con Aznar que su desgaste es tan monumental que muchos de los esfuerzos que hace por reafirmarse acaban siendo inútiles. Su libro no revela más que un recetario de ideas neocon más quemadas que las fallas de Valencia. Mezcla, por ejemplo, la falsa historia de la persecución de la familia en nuestro país –persecución inexistente– con la crisis de la economía, de modo que, como siempre, se mueve entre el pensamiento de Pío Moa o el de Rouco Varela, aderezado con algunas teorías de su amigo Manuel Pizarro, el hombre que llegó a defender Endesa blandiendo la Constitución.

A Aznar –también a Mariano Rajoyle pone la condena de los subsidios, o de las subvenciones, lo que patrocinó el otro día Pizarro en la televisión de Libertad Digital, propiedad de Federico Jiménez Losantos. Pizarro es un entusiasta del liberalismo radical. Desprecia a la mayoría de los españoles – que son el populacho, según las elites reaccionarias o peperas– porque "la gente (...) está a perseguir la subvención por lo que sea (...) La obsesión de Zapatero no es crear empleo, sino dar un subsidio a los parados (...), subsidios que los pagan los que trabajan". Y añadió este patriota: "Aquí, en España, todo es impune, se puede decir lo que sea sin que nadie diga nada".

Pero Pizarro se permite perorar contra la protección social que preconiza José Luís Rodríguez Zapatero porque él no necesita ni subvenciones, ni subsidio de paro, ni nada de nada. Y es que él lo tiene todo. Ha amasado una fortuna gigantesca gracias a sus ingresos de altísimo ejecutivo blindado. Es muy fácil ser liberal cuando se está forrado, y más en tiempos de crisis. Conste que no me refiero a irregularidad alguna, o a la más mínima corrupción delictiva, en el caso de Pizarro. Ahora no hablo de Correa. Aludo a la injusticia de un sistema –generador en buena parte de la crisis que padecemos– que hace multimillonarios a ejecutivos como Pizarro.
Lo malo para esta derecha es que, además, no logra quitarse de encima ni el grano de los escándalos genoveses ni el del espionaje aguirrista. La sombra del clan de Becerril –aquella alegre muchachada de juveniles aves de rapiña, capitaneadas por Aznar y su lugarteniente y más tarde yerno suyo, Alejandro Agag– no sólo no desaparece con el paso del tiempo, sino que emerge cada dos por tres. Aguirre, por su parte, creyó que matando la comisión de investigación sobre los espías clandestinos en el Parlamento autonómico llegaría el final feliz de la historia. No ha llegado. Y hay indicios racionales y pruebas suficientes para creer que ese final será escasamente feliz para el PR. Para el PP de Aguirre, el de Rajoy y, en definitiva, el de Aznar.



*Director de El Plural

 
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