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Nº 826 - 16 de marzo de 2009

Álvaro Pombo, escritor

"LAS CLASES ACOMODADAS SIEMPRE SE RESISTEN AL CAMBIO"

 

Sin vocación política, el escritor Álvaro Pombo fue candidato de Unión Progreso y Democracia (UPD) para el Senado en las elecciones de marzo de 2008. Entonces declaró que "haremos que la balanza se incline del lado de la razón, de la ecuanimidad, de la libertad, de la independencia judicial y de todo lo maravilloso que tiene este país, sin arrinconar a nadie, sumando en vez de restando". En su
discurso "del realismo" prima la necesidad de "hacer una gran coalición". Pombo acaba de publicar Virginia o el interior
del mundo (Planeta), la narración de una mujer rica de los años 20 con inclinaciones sentimentales socialistas.

Por Luis Marchal

Virginia o el interior del mundo retrata la Santander de los años 20 y la corte real, ¿la sociedad de aquella época se resistía a cambiar?
—Se resistió tanto a cambiar que hubo una guerra del 36. La sociedad de aquella época es la que después va a la guerra. Había una lucha entre el deseo de cambio y el deseo de permanencia. Hay que pensar que era la España primorriverista. La clase social a la que yo me refiero en el libro es acomodada y las personas acomodadas se resisten al cambio. Los que quieren cambiar son los que están incómodos. Eso no es más característico de aquella sociedad que de ésta. Lo que pasa es que quizá la dinámica de los cambios sociales entre clases era más lenta entonces.

—En la novela aparece la expresión la "buena vida primorriverista".
—Para los que vivían la buena vida, claro. La vivían los ricos, la burguesía acomodada. Virginia Montes, la protagonista, es una persona de la clase alta, acomodada y rica.

—Que se encuentra con una lucha interna de querer ser útil.
—Quiere ser útil porque es una persona que recibe influencia de los movimientos so-ciales y de la inquietud de la época. Pero ella no hace todo lo que hubiera habido que hacer para romper... no es Rosa Chacel o una de las profesoras de la Institución Libre. de Enseñanza.

—Como dice usted, Virginia recibe influencia de los movimientos sociales, ¿es una declaración de intenciones que la primera frase de la novela sea "Lo que no entiendo, querida Virginia, es de dónde te viene esta vena socialista"?
—Se lo dice a Virginia su primo Gabriel Montes, que es un monárquico y un católico. Le pregunta de dónde le viene la vena socialista porque no es lo que se estilaba en esa clase. No es una declaración de intenciones mía, yo soy un narrador que está distanciado de la narración.

—¿Podía existir en aquella época una mujer burguesa y diferente a las de su clase como Virginia en la "devaluada España del imperio perdido"?
—Sí, hubo mujeres así, que se rebelaron y que no se acoplaron del todo a su clase. El socialismo era un proyecto muy poderoso en aquel momento y atraía a muchísima gente. En Inglaterra, por ejemplo, estaba el grupo intelectual Bloomsbury, con Virginia Wolf, Lytton Strachey,... El partido laborista inglés se formó en esos años. En España también había mucha gente así. Fernando de los Ríos, por ejemplo, era un señorito andaluz

—¿El doctor Anselmo representa para Virginia las cadenas de pertenecer a una clase social y querer éste que ella juegue al papel de mujer casada?
—El doctor Anselmo es un socialista y un reformador. A pesar de ello, cuando se enamora de Virginia, lo que quiere en realidad es una cosa como la que quieren los hombre de la época: que Virginia se case con él y sea la señora de su casa. Ella no quiere ser eso

—¿La libertad es un atributo básico de persona humana, y eso supone separar tajantemente matrimonio y amor?
—En los matrimonios burgueses de la época, matrimonio y amor estaban muy separados. El matrimonio era de conveniencia, una institución demasiado importante socialmente como para dejarla a una cosa tan poco seria como es el amor-pasión. La idea que se tenía en el siglo XIX, y también mucha veces hoy día, es que el matrimonio es una institución seria y el pilar de la sociedad. Lanpiedra angular de la familia no se funda el el amor, sino en un contrato bien hecho.

—El matrimonio Cayo Bárcena y Leonora de Bárcena, que fascina y cansa a Virginia la vez, celebra una gran sesión espiritista, en la línea de las que se hacía en el Castillo del Duino, de la Princesa de María de Hohenlohe, ¿por qué la gente se metía en el "pali que espiritista"?
—Porque creían que después de la muerte no termina todo. La Iglesia católica también cree eso, que hay una resurrección de los muertos. Lo único que hace el espiritismo es aplicarlo e intentar comunicarse con ellos.

—Por otra parte, ¿qué evaluación hace de su desembarco en la política, hace un año de la mano de UPD?
—El desembarco era con el objeto de apoyar la iniciativa del recién fundado partid UPD; que me parece una alternativa política divertida, interesante y fecunda. Había que agilizar la política española. Rosa Díez lo ha hecho bien en el Parlamento y ha agilizado las cosas, no callándose ni debajo del agua. En ese sentido, estoy satisfecho de mi intervención en la política.

—En estos momentos, ¿cuál es su participación en UPD?
—Ahora estoy interviniendo muy poco porque tengo que trabajar y escribir. La política activa es muy absorbente. Un político tiene que estar en la pomada todo el santo día, a todos los niveles. Hay que buscar adeptos, ir a las juntas locales,... y yo eso no lo puedo hacer. Entonces no escribiría ni una palabra.

—¿Su participación política está limitada por la literaria?
—Y por mi vocación, que no es la de ser político. Debo de ayudar al bien común como cualquier ciudadano y ayudo, pero tengo que hacer otras cosas. La vocación política tiene unas estructuras muy concretas. Te tiene que gustar estar de tertulias y de charlas, comer y cenar y estar discutiendo... Y a mí esas cosas no me gustan.

—¿Y si hubiera salido elegido senador?
—No hubiera salido de ninguna manera. Necesitaba 1.300.000 votos. Tuve casi 92.000. Hubiera sido una gran desgracia haber salido senador. El asunto era realmente llamar la atención y hacer ver que íbamos en serio. Yo no creo que se pueda hacer política hoy endía si estás demasiado fuera de ella. Si hubiera salido elegido senador, posiblemente lo habría hecho muy mal. Entre otras cosas, porque la política es un asunto muy tecnificado.

—Siendo filósofo, a lo mejor le daba otros aires necesarios a la política.
—No me veo realmente como político en activo. Lo que pasa es que cuando el partido empezó antes de las elecciones 2008 no tenía nada. No tenía ni dinero.

—¿Se ve mucho con Rosa Díez?
—Nos vemos poco. Ella trabaja muchísimo y yo estoy metido en casa. Mi relación con ella es buena, como con Fernando Savater.

—Aunque no tenga vocación de político, ¿qué discurso pronunciaría ahora desde la tribuna del Senado si fuera senador?
—El discurso del realismo. Y posiblemente un discurso acerca de la conveniencia de dejar a un lado la política partidista y hacer una gran coalición. El del gran pacto por el bien de la sociedad. A mí por ejemplo me parece magnífico que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, haya introducido en su gabinete a un montón de políticos republicanos. Eso parece impensable en España.

—¿Por cuánto tiempo ese gran pacto?
—Durante dos o tres años, o lo que queda de legislatura. Lo que pasa es que...¿quién ganaría las próximas elecciones generales? El asunto es que la política en España, en estos momentos, es una lucha de suma cero. Si pierdo yo, ganas tú y si ganas tú, pierdo yo. Habría que hacer una suma de resultado flexible. Si tú ganas, yo gano.

—En esa suma, ¿tienen cabida los partidos nacionalistas?
—Sin duda. Tendrían cabida los partidos nacionalistas y tendrían cabida los partidos menores, tipo UPD. Pero el discurso de la gran coalición no lo quieren escuchar ni José Luis Rodríguez Zapatero ni Mariano Rajoy.

—¿Los políticos saben escuchar a los de otros partidos?
—Los políticos suelen escuchar mal.

—Su primo hermano es el banquero Emilio Botín, ¿está de acuerdo con él en que los bancos harían un "flaco favor" a la economía española si concedieran créditos de forma "irresponsable", mensaje dirigido a Zapatero?
—Los bancos tienen que pedir garantías a las personas a las que dan los créditos. Los créditos no se pueden dar si van a dar lugar a impagados. Los presidentes de los bancos tienen que ser cuidadosos a la hora de dar créditos. Botín, en concreto, ha estado muy sensato y prudente en todas las declaraciones públicas que ha hecho en los últimos meses.•


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