Amelia Valcárcel, autora de 'Feminismo
en el mundo global'
"EL FEMINISMO FUNCIONA
EN ALIANZA CON LA
DEMOCRACIA"
Dentro del feminismo filosófico, la catedrática de Filosofía Moral y Política de la
UNED Amelia Valcárcel se sitúa en la corriente de la igualdad. Acaba de publicar,
con el apoyo del Ministerio de Igualdad, Feminismo en el mundo global (Ediciones
Cátedra), que se presentará este martes 10 de marzo en Madrid, dentro de los
actos conmemorativos del Día de la Mujer Trabajadora. Para ella, igualdad es
ciudadanía y "la libertad de las mujeres florece donde hay una democracia
estable". Respecto a la violencia de género, solicita a los países europeos que
unifiquen los índices para diagnosticar qué está pasando.
Por Luis Marchal
Por qué el feminismo, "probablemente la filosofía política que más ha influido en los cambios sociales que vivimos", según sus propias palabras, nunca se ha tratado directamente?
—Desde que se inicia una cosa hasta que se toma clara conciencia de ella pasa un tiempo. La libertad de las mujeres es lo más determinante que separa el feminismo de otras formas políticas y sociales.
—Han pasado tres siglos.
—Que las mujeres sean individuos de pleno derecho no ha ocurrido hasta muy recientemente. No ha sido un proceso precisamente rápido. Si vemos que nuestra especie tiene probablemente un millón de años, ha pasado un suspiro.
—¿Se confunde normalmente discriminación positiva con paridad?
—La agenda de la paridad no se ha empezado a presentar con nitidez hasta hace una década. Hasta entonces, se utilizaba el lenguaje de la discriminación positiva, que tiene más bien que ver con la política de apoyo a las minorías. Esto no tiene mucho sentido cuando hablamos de la mitad del colectivo de la ciudadanía. Implicaría que se tuvieranventajas de salida por el hecho de ser mujer y sucede lo contrario
—Entonces, ¿hay una idea equivocada de paridad, que es que "ninguno de los dos sexos esté sobrerrepresentado o disminuido en las esferas de la autoridad o el poder"?
—La gente tiene más bien una idea vaga. La gente llega al mundo y vive en él. Se va dando cuenta de que ocurren cambios, cuando ocurren. Tampoco tiene la obligación de tener una actitud especialmente reflexiva.
—Además, con la formación de las mujeres aparece el techo de cristal.
—No era visible hasta que no se le vio operar. Por eso se le llama así. El techo de cristal consiste en represar el talento femenino en las escalas medias e inferiores de cualquier actividad. Y no dejar que suban. Mientras que las mujeres no estuvieron autorizadas a tener formación, este techo no se podía ver y todo parecía natural. Aparece cuando las mujeres tienen la formación necesaria para alcanzar altos puestos y, sin embargo, se sigue manteniendo la anterior estructura.
—El techo de cristal se mantiene en una gran cantidad de actividades.
—Por ejemplo, en el poder económico y empresarial, en la religión, en el sistema de saber-poder, en los medios de comunicación... en toda la creatividad. En este momento, él escenario del poder público-político se está abriendo algo y a algo. No en todos los países.
—¿En qué países se abre menos?
—Los países que no sean democracias, que sean autocracias, difícilmente darán oportunidades a su población femenina. La libertad de las mujeres florece donde hay una democracia estable. El feminismo funciona en alianza con la democracia.
—¿Qué papel debe tener el hombre, en general, en la abolición de la dominación masculina?
—No lo sé. La ciudadanía la compartimos unos y otros. Varones y mujeres han colaborado en todo este cambio. Te encuentras tantas feministas como varones que también han tenido estas posiciones. ¿Cómo deberían colaborar? Lo están haciendo. Lo que pasa es que hay elementos que no sólo no colaboran sino que se oponen directamente. éstos deberían cesar en su acción.
—De hecho, hay mujeres que llevan a cabo la 'estrategia Kent', característica de un mundo anterior.
—Vivimos, en gran parte, en un mundo cuya malla de valor todavía está en tránsito. El patriarcado es un sistema bastante bien organizado, por lo que hay hombres y mujeres que comparten valores patriarcales. No son privativos de los varones.
—¿El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha dado pasos importantes contra la dominación masculina?
—Zapatero ha tenido dos rasgos importantes. El primero, tener un primer Gabinete paritario. A modo de ejemplo, está bien. Gobiernos autonómicos que antes no dejaban entrar a una mujer ni de broma o la tenían a título de excepción, ahora saben que tienen que equilibrar. Todos los gobiernos autonómicos lo hacen más o menos. El segundo rasgo de Zapatero, la creación de un Ministerio de Igualdad. Es un asunto fuerte, porque supone una acción constante de tutela de toda la acción de gobierno. Para ver qué impacto tiene en la igualdad de las mujeres. Lo que pasa es que el Ministerio de Igualdad todavía es muy joven, tiene un año.
—¿El problema es que es el ministerio con menos presupuesto en 2009?
—Se supone que tiene que operar con los presupuestos de los demás. Esto es muy complejo.
—Bibiana Aído siempre afirma que su línea política es transversal.
—Ponerlo en la práctica es difícil. En la década de los 70, que fue una etapa de agitación enorme, del nacimiento de la tercera ola feminista, se crearon Ministerios de la Mujer en varios países. Entonces, había otra cosa que hacer, que era cambiar las leyes directamente. Había muchas en las que la impronta de la discriminación estaba muy fuertemente marcada. Pero es muy difícil mantener un ministerio que tiene que utilizar los presupuestos de otros.
—Se rumorea que Carme Chacón podría convertirse en candidata a presidir el Gobierno, ¿España está preparada para tener una presidenta?
—EE UU ha tenido la oportunidad y no lo ha estado. Por el contrario, ha asistido a la paz hecha entre Barack Obama y Hilary Clinton. Y tenemos a Clinton encargándose de uno de los ministerios estadounidenses más fuertes. Angela Merkel está llevando a cabo bastante bien su acción en Alemania. Pero es que Alemania viene de una reunificación, son circunstancias bastante singulares. Yo tiendo a creer que no es tan sencillo que haya una figura femenina en este momento con consenso suficiente. El camino tiene todavía muchos baches. Alguna vez ocurrirá.
—¿Un bache es el hecho de nombrar a las políticas por su nombre, como Soraya (Sáenz de Santamaría), y a los políticos por su apellido, como (Mariano) Rajoy?
—A veces eso ocurre. Es una afición de proximidad mal utilizada.
—¿Cómo acabar con el mito de que "el mayor enemigo de una mujer es otra mujer"? —En la práctica. Se han conseguido objetivos porque las mujeres han sido capaces de unir sus libertades y voluntades. Introducir la desconfianza es la segunda regla del patriarcado. La democracia y el feminismo hay que aprendérselos, no vienen de serie. La gente, cuando nace en una situación dulce, en el sentido político, tiende a creer que es natural, porque no ha vivido situaciones distintas.
—¿Las jóvenes se encuentran fácilmente con el espejismo de la igualdad?
—No tienen con qué comparar. Por tanto, les parece que eso que tienen es la igualdad.
—Por otra parte, se conocen más los casos de violencia contra las mujeres.
—Ahora la hemos iluminado. Antes estaba en casa y se callaba sobre ella. El asunto del fenómeno de la violencia es cuánta estamos dispuestos a aguantar. Me da la impresión de que existe un consenso social de que la gran violencia es realmente vergonzosa y tiene que ser interrumpida. Sin embargo, no estoy segura de que exista el mismo consenso sobre que la violencia de intensidad baja o media tenga que ser interrumpida. La gente se asusta cuando pasa algo terrible como lo de la adolescente Marta del Castillo.
—En el informe de muertes por violencia doméstica y de género en el año 2008 del Consejo General del Poder Judicial llama la atención que en el 40 por ciento de los casos tanto el agresor como la víctima tenían una edad inferior a los 36 años.
—Esto prueba que las generaciones que vienen después no nacen mejores que las anteriores. Sin una educación en igualdad tienden a ir por la antigua pauta. Es importante unificar los índices de violencia de género en Europa. En cada país europeo, la violencia de género se mide por índices distintos. No están llamando violencia de género a lo mismo. Hay que aprovechar la presidencia española, y así se lo he dicho a nuestra ministra de Igualdad, para que se unifiquen los índices y podamos hacer un diagnóstico claro.
—La violencia aquí la hemos puesto en primer plano.
—A mí me pasó ver a unas personas que venían de República Dominicana, que decían: "Vaya problema de violencia contra las mujeres que tienen ustedes en España". Confundían el hablar de la cosa con la cosa. Y resultaba que en República Dominicana morían más de 300 mujeres al año y su población era seis veces menor que la nuestra.
—Aquí, agresor y víctimas son extranjeros en el 35,8 por ciento de los casos.
—Esto sucede por contagio. Es interesante desagregar las cifras. No por racismo, sino para entender lo que pasa. Si no entiendes lo que está pasando, difícilmente puedes actuar. Si quieres hacer una unidad de prevención de la violencia entre el colectivo inmigrante, tienes que saber en qué situaciones son más vulnerables para poder hacer las campañas necesarias.
—Además de unificar los índices, ¿qué otras acciones políticas minimizarían el impacto de la violencia contra las mujeres?
—Primero hay que tener un buen diagnóstico. Luego, la educación es muy importante. No sólo la de las aulas. La de todo el mundo. La gente ya sabe que no quiere tolerar la violencia extrema. No obstante, aún no considera tan mala la violencia media. El machismo mata, empobrece y atonta. •
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